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Guangzhou (China) y Nagasaki (Japón), historias paralelas de aislamiento y apertura

Publicado por ÁNGEL LÁZARO en VIAJES · 3/7/2016 18:29:00

Selección de imágenes históricas y actuales (octubre y noviembre 2015) de las colonias comerciales
extranjeras de Nagasaki (Dejima, Dutch Slope, Glover Garden) y Guangzhou (Shamian)

Durante más de dos siglos, y prácticamente en paralelo (entre los inicios del siglo XVII y mediados del siglo XIX, aproximadamente), los imperios chino y japonés decidieron aislarse económica y culturalmente del resto del mundo. Dos ciudades (Cantón o Guangzhou, en China, y Nagasaki, en Japón) , únicas puertos autorizados para el comercio exterior (bajo restricciones muy severas), simbolizaban entonces el aislamiento impuesto por sus gobernantes (la dinastía imperial Qing, en China, y la familia gobernante de los "shogun" Tokugawa, en Japón).

Gran Bretaña, en el caso chino, y Estados Unidos, en el caso japonés, forzaron la apertura comercial hacia mediados del siglo XIX, aprovechando su superioridad tecnológica y militar. El resultado inmediato de aquella imposición colonialista fue muy desigual: bajo el liderazgo del emperador Meiji, Japón modernizó su educación y su economía con notable éxito en apenas 30 años y en 1895 ya era una potencia militar e industrial en Asia, mientras que China atravesó una larguísimo período de crisis sucesivas y proyectos frustrados de cambio del que no ha podido resarcirse hasta bien entrado el siglo XXI.

Los barrios coloniales de Guangzhou, en particular la isla de Shamian, y la isla artificial de Dejima, el Dutch Slope y el Glover Garden, en Nagasaki, se encuentran hoy en día en perfecto estado de conservación, y son el mejor ejemplo de legado histórico para los viajeros interesados en formarse una imagen de aquel choque cultural, que desencadenó un proceso de transformaciones, crisis y conflictos que todavía no han finalizado.

Ambas ciudades mantienen hoy en día el estilo de vida cosmopolita que les caracterizaba. No son protagonistas principales o únicos de la participación oriental en el mundo globalizado (particularmente Nagasaki, ciudad mediana en contraste con la metrópolis cantonesa, uno de los centros de la economía china en el sur), pero ambas parecen conservar el espíritu de sociedad abierta que les ha acompañado durante siglos.


Mansiones y jardines en el barrio colonial restaurado de la isla artificial de Shamian, Guangzhou, octubre 2015

La puerta del "Reino del Centro" (中国)

China y Japón vivían por entonces bajo regímenes feudales "perfectos", en sociedades fuertemente jerarquizadas y étnicamente homogéneas, liderados por emperadores legitimados religiosamente y gobernados por élites con un elevado grado de refinamiento cultural (los nobles de origen manchú y los "mandarines" en China y la nobleza territorial del "bakufu" y la clase "samurai" en Japón).

En China, tras una tradición secular de comercio exterior (la "ruta de la seda"), y notables empresas expansionistas (la célebre expedición asiático-africana del almirante eunuco Zheng He, en el siglo XV, en los inicios de la dinastía Ming), los emperadores y la clase gobernante aislaron China del resto del mundo, desarrollando el concepto político de "reino del centro" (Zhong guó, 中国, un nombre que pervive en la actualidad).

Igual que en la Roma clásica, los extranjeros más allá de las fronteras (en particular, más allá de los 6.000 kilómetros de la Gran Muralla, en el norte) eran considerados "bárbaros" (y, en su acepción más popular, como "demonios") (una interesante revisión sobre la pervivencia en el tiempo de esta dialéctica se puede encontrar en "El Dragón y los demonios extranjeros", del historiador y politólogo Harry G. Gelber, RBA, 2007) .

Este principio declaraba asimismo la autosuficiencia económica y, sobre todo, cultural y religiosa, de la comunidad china que, sin perjuicio de los vasallajes o las conquistas exteriores estratégicas (Tibet, Xinjiang y Mongolia), afirmaba no necesitar nada del exterior.

Esta ilusión de "mundo completo, perfecto e inmutable", asentado sobre los seculares principios confucianos (y neoconfucianos) y ajeno a las turbulencias e imperfecciones exteriores, justificaba el cierre "sanitario" de sus fronteras. El largo reinado del emperador Qianlong (1735-1799), emblema de la exquisitez cultural y artística del período Qing-Ming, consolidó esta percepción.

Al margen del enclave portugués de Macao (la primera y única cesión territorial libremente consentida por China, bajo administración portuguesa y soberanía china entre 1557 y 1887, luego colonia portuguesa y, finalmente, la última en desaparecer, en 1999), los comerciantes extranjeros interesados en los clásicos productos de lujo chinos (seda, porcelana, lacados y té) sólo tenían autorización para comerciar en la ciudad de Cantón (Guangzhou) durante la estación seca (otoño-invierno), período durante el cual algunos de ellos tenían autorización para residir en el barrio de las "Trece factorías", en la ribera del Río de la Perla


Plano y cuadros del siglo XIX que representan el recinto internacional de las "Trece factorías" de Cantón/Guangzhou, antecedentes
del asentamiento francobritánico de Shamian. La flecha señala la localización de la factoría española, cuya bandera
se puede observar también el el cuadro superior izquierdo

Este barrio, del que apenas se conoce su ubicación (algo alejada de la actual ribera del río), estaba compuesto por varios edificios de arquitectura occidental, según los dibujos y los grabados de la época. Las edificaciones, no obstante, en su mayoría almacenes (y, entre ellas, una "factoría" española, subalterna del principal centro comercial español de la zona, las Islas Filipinas) estaban formalmente bajo titularidad de las familias de comerciantes chinos que constaban como "anfitriones", férreamente supervisados por estrictos (y/o sobornados/sobornables) funcionarios imperiales (mandarines).

Los comerciantes occidentales (principalmente, británicos) apenas lograban vender algunas de sus extravagantes mercancías (principalmente relojes, y algunos pianos) y casi ningún textil, (por su baja calidad o alto coste comparativo) para compensar la balanza comercial desfavorable (una constante de las relaciones comerciales entre Asia Oriental y Occidente, incluso en la actualidad)


Mansiones y jardines en el barrio colonial restaurado de la isla artificial de Shamian (antiguo
distrito británico), avenida peatonal Shamian Dajie, Guangzhou, octubre 2015

La situación cambió radicalmente con las revoluciones burguesas de Occidente, el "mercantilismo", el desarrollo industrial, tecnológico y militar y su inevitable correlato, la expansión colonial. La presión exterior puso en evidencia no sólo la ilusoria autosuficiencia china (al igual que, poco después, la japonesa) sino también, la debilidad socioeconómica, las desigualdades y la corrupción (El libro "The opium war", de Julia Lovell, mediante el análisis de las propias fuentes chinas, pone de manifiesto la ineficacia, corrupción e ineptitud de los funcionarios imperiales, y el progresivo distanciamiento de las élites manchús de la población "han")

Las guerras del opio (1839-42 y 1856-1860) y los tratados resultantes (Nanjing, 1842, y Beijing, 1860) impusieron el perverso comercio del opio hindú, para reequilibrar la balanza comercial, con graves consecuencias sociales para la población china, pero, sobre todo, ensancharon la estrecha puerta comercial cantonesa con nuevos puertos francos, marítimos y fluviales (Hong Kong, Xiamen/Amoy, Ningbo, Shanghai, Tianjin, Nanjing, Hankou....)


Planos, cuadros y fotografías históricas del barrio colonial de Shamian, tomadas de la sala de exposiciones
situada en la avenida Shamian Dajie, octubre 2015

Aunque fue desplazada progresivamente en importancia por la colonia británica de Hong Kong y el puerto internacional de Shanghai, Guangzhou/Cantón mantuvo e incluso amplió su condición de ciudad internacional. No obstante, con el tiempo, la ciudad también se convirtió en foco de descontento, protesta y resistencia hacia el colonialismo (fue uno de los cuarteles del líder nacionalista y cofundador de la República de China en 1911, Sun Yat Sen). Así, Guangzhou conserva, elegantemente restaurado, en un edificio de arquitectura colonial, antigua sede oficial, un espacio conmemorativo sobre el alzamiento revolucionario de 1923.


Museo dedicado al movimiento revolucionario de diciembre de 1923
(el segundo alzamiento de Guangzhou), situado en un edificio de estilo colonial, antigua sede oficial, en la calle Qiyi 

De hecho, la segunda guerra del opio también empezó en Cantón, donde la población local, con la indolente complicidad de los representantes imperiales, boicoteaba las pretensiones de la población extranjera (comerciantes, misioneros, profesionales, diplomáticos...) de instalarse de manera permanente en la ciudad, más allá de los estrechos límites de las 13 factorías, con privilegios judiciales de extraterritorialidad, de acuerdo con una de las cláusulas del Tratado de Nanjing

Los combates destruyeron el recinto de las 13 factorías, que estaban situadas fuera de las murallas de la ciudad, en el espacio ocupado actualmente por el "Wenhua Gongyuan", o Parque de la Cultura. Tras una estancia provisional en Honam (el actual distrito de Haizhu), la colonia extranjera decidió instalarse, muy cerca, en Shamian, convirtiendo la ribera arenosa del Río de la Perla en una isla artificial de acceso limitado, con una parte interior canalizada y accesible por tierra mediante varios puentes con puestos de control.


Localizaciones de la isla de Shamian y del recinto de las "Trece Factorías" en un mapa
de la época (izquierda) y en dos mapas actuales

Al igual que en las otras concesiones internacionales (por ejemplo, Gulangyu, en Xiamen), los "bárbaros" extranjeros optaron por crear enclaves "seguros" y también "exclusivos" para protegerse de la población local, y recrear su propio estilo de vida, con los antiguos almacenes, pero también bancos, escuelas, clubs, consulados, hospitales, parques o iglesias

Gran Bretaña (la parte occidental, 2/3 del terreno) y Francia (la parte oriental, el tercio restante), que habían protagonizado la segunda guerra del opio, se dividieron el control del pequeño islote y urbanizaron aquel espacio con notable estilo alternando mansiones, iglesias y edificios oficiales con viviendas más modestas


Fotografías actuales (octubre 2015) y del siglo XIX de la Iglesia protestante en la parte
británica del barrio colonial de Shamian


Iglesia católica (Capilla de Nuestra Señora de Lourdes) en la sección francesa de la isla colonial de Shamian, octubre 2015

En el apogeo del colonialismo occidental en China (entre 1860 y 1910), la colonia occidental se fue expandiendo por otros enclaves de la ciudad, bajo el impulso misionero, sanitario y educativo de las iglesias evangélicas, principalmente. Este fue el caso del actual distrito de Dongshan, en la parte este del centro de la ciudad, donde se instalaron no sólo misioneros o profesores, sino también líderes del partido nacionalista Kuomintang, e incluso centros de reunión del Partido Comunista.

Igual que en el resto de las ciudades portuarias, y en abierto contraste con otras lacras del colonialismo (racismo, explotación, comercio desigual, tráfico de personas), la interacción entre chinos y "bárbaros" tuvo algunos efectos positivos sobre la economía y la sociedad urbanas (nuevos modelos educativos o de asistencia sanitaria, primeros ferrocarriles y teléfonos, primer sistema de fiscalidad aduanera moderno...), aunque, en contra de lo que esperaban los nacionalistas chinos, no logró el simultáneo efecto de modernizar y emancipar el país, a diferencia de lo que había sucedido en Japón con la "revolución" Meiji, tras la apertura forzada por la flota norteamericana liderada por el comodoro Perry (1853).


Edificios, antiguas mansiones e iglesia evangélica en el barrio colonial de Dongshan, en Guangzhou, octubre 2015

En cualquier caso, y tras un período de indiferencia y abandono (curiosamente, la mayor parte de las edificaciones, igual que en Tianjin, Shanghai o Xiamen, sobrevivieron la furia antioccidental de los Guardias Rojos durante la Revolución Cultural, 1966-76), los enclaves de Shamian y Dongshan lucen hoy bellísimamente restaurados, y sus elegantes mansiones y avenidas están ocupadas, sobre todo, por hoteles, viviendas, comercios y museos, pero también algún consulado (como el de Polonia, en Shamian Dajie), como en sus ya lejanos "buenos tiempos"


Edificios y antiguas mansiones en el distrito francés de la isla de Shamian. En las fotografías del lado izquierdo, 
la antigua sede del Consulado Francés, octubre 2015

Las autoridades locales y sus socios del sector privado parecen haber acertado no sólo en la recuperación de la piedra en las fachadas exteriores, o en la paleta de colores de los distintos edificios, sino también en el cuidado de las avenidas y, sobre todo, los jardines. La amplísima y peatonal Shamian Dajie, que divide el islote en dos, de este a oeste, con sus árboles, arbustos, flores, farolas, fuentes y estatuas, constituye un inverosímil y relajante espacio de paseo, sin apenas tráfico, difícil de creer entre el rugido de la colosal metrópolis (11,2 millones de habitantes) de la que forma parte.


Esculturas de bronce en la avenida Shamian Dajie y calles aledañas, octubre 2015

De hecho, el islote de Shamian, igual que el parque Wenhua, forma parte del centro de la ciudad, y es accesible mediante la línea 1 de metro (estaciones Wenhua y Huangsha), que también conecta con el antiguo distrito occidental de Dongshan (estación Dongshan Kou, situada a unos 10 minutos del citado distrito)


Vistas de la isla artificial de Dejima, antiguo barrio colonial y factoría comercial holandesa, 
Nagasaki, noviembre 2015

Japón, de imperio aislado 
a sociedad avanzada en 30 años

En un área cultural (Asia Oriental) donde no sólo no sorprende, sino que también se integran con facilidad las paradoja, no debe sorprender que el aislamiento exterior japonés fuera más estricto que el chino (preveía la pena de muerte para la emigración no autorizada o la práctica de religiones "extranjeras", particularmente, el cristianismo), pero que, en cambio, la apertura económica y cultural forzada por los norteamericanos en 1853 se asimilara con más rapidez e incluso permitiera la emancipación política del país en un tiempo récord, y su conversión en gran potencia en 1905, tras su legendaria victoria naval sobre la flota rusa en la batalla de Tsushima.

El símbolo de esta paradójica modernización de Japón fue el enclave comercial internacional de Dejima, en Nagasaki, lo que explica su temprana declaración como patrimonio cultural por el gobierno imperial japonés en los años 20 del siglo pasado.

Dejima era en origen una "factoría" portuguesa, uno de los puertos autorizados para el comercio con Occidente en la isla occidental de Kyushu, entre la segunda mitad del siglo XVI y el primer tercio del siglo XVII. Los portugueses y los holandeses rivalizaban entonces por el comercio de los productos asiáticos de lujo con más demanda en Europa (especias, seda, porcelana).


Cuadros y  planos históricos de Dejima procedentes del Museo de la ciudad de Nagasaki, y mapa actual y fotografías recientes 
de la factoría comercial y barrio colonial holandés, noviembre 2015

Los comerciantes holandeses, y los misioneros hispanoportugueses (el líder jesuita Francisco Javier había desembarcado en la actual Kagoshima, en el sur de la misma isla de Kyushu, en 1543) llegaron en un momento de gran turbulencia política y militar entre los diferentes señores feudales japoneses, apoyados por ejércitos de caballeros "samuráis" e infantería campesina.

Los europeos trataron de influir en la situación militar, introduciendo el comercio de armas de fuego, y política, mediante la presencia de los jesuitas portugueses en las casas nobles (algo que también trataron de hacer en China, en el mismo período, pero bajo el liderazgo de misioneros italianos y holandeses de perfil más intelectual y tolerante y menos político y dogmático, como Matteo Ricci, Michele Ruggeri, Ferdinand Verbiest y Johan Adam Schall)

Los portugueses lograron establecer una base comercial en la bahía de Nagasaki y monopolizar el comercio de la seda china, vía Macao. El noble local converso otorgó la administración de la ciudad a los jesuitas. Mientras, los comerciantes holandeses de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales (la primera gran corporación multinacional de la historia de la humanidad) habían instalado su primera factoría en Hirado, al norte de Nagasaki, en la costa oeste de la isla de Kyushu.


Localización actual de las factorías comerciales portuguesas y holandesas de Hirado y Dejima (Nagasaki) en Japón, 
concretamente, en el noroeste de la isla occidental de Kyushu

El objetivo principal de los jesuitas portugueses era impulsar la cristianización, algo que lograron sobre todo en la isla de Kyushu (con varias conversiones entre la nobleza), pero implicándose en exceso en el conflicto político y creando tensiones sociales y religiosas con las religiones locales, fuertemente arraigadas en la tradición (principalmente, el Shinto y el budismo).

Este decidido proselitismo e intervencionismo militar y político de los jesuitas fue la causa principal del cierre de fronteras en Japón. Tras el conflicto final entre los nobles unificadores (Nobunaga, Hideyoshi y Tokugawa), decidido en la legendaria batalla de Sekigahara el año 1600, el clan vencedor Tokugawa, con el destacado asesoramiento militar y político del navegante y aventurero británico William Adams, el primer occidental en adquirir el grado de "samurai" (inspirador del "best seller" de James Clavell "Shogun"), ya instalado en Edo (la actual Tokyo), bajo el liderazgo espiritual que no político del emperador instalado en Kyoto, inició una política de restricción hacia las actividades comerciales y misioneras de los españoles y los portugueses, mientras toleraba la de holandeses y británicos, con menos interés en intervenir en los asuntos internos japoneses.

Tras una revuelta de creyentes católicos en la cercana península de Shimabara, reprimida con dureza (los rebeldes fueron ejecutados en las ardientes calderas del cercano volcán Unzen que pueden verse en las fotografías), el "shogun" (gobernador) Tokugawa Iemitsu decidió construir la isla artificial de Dejima en la bahía de Nagasaki, unida con la ciudad por un puente, y recluir allí a los comerciantes portugueses hasta su expulsión definitiva en 1639


Calderas volcánicas ("onsen") en la localidad de Unzen-Onsen, al pie del volcán Unzen, 
en la península de Shimabara, isla de Kyushu, al norte de Nagasaki, donde fueron ejecutados 
los rebeldes cristianos tras la revuelta de 1638, fotografías correspondientes a noviembre de 2015

Durante dos años, la base comercial estuvo abandonada hasta que en 1641 los holandeses decidieron abandonar su base en Hirado e instalarse en Dejima, dadas sus inmejorables condiciones para el comercio y, sobre todo, para la navegación. La profundidad y longitud de la bahía de Nagasaki ofrecía un refugio inmejorable para los veleros durante la temporada de tifones, entre mayo y octubre.

El "shogun" también autorizó la presencia de navegantes y comerciantes chinos, que se instalaron en un barrio propio, muy cerca de la isla de Dejima, uno de los primeros "Chinatown's" del mundo. El barrio chino sobrevive en la actualidad, aunque apenas se conservan, en el propio barrio y en las colinas cercanas, algunos templos budistas de inspiración arquitectónica "ming"


Arriba, imágenes del actual "Chinatown" de Nagasaki, vecino de la isla/barrio colonial holandés de Dejima, asentado sobre
el recinto del asentamiento histórico de la colonia comercial china. Abajo, templo budista Sofuku-ji y "puente de los anteojos", construidos por
los comerciantes chinos en la ciudad, noviembre 2015

Las medidas de Tokugawa contra la influencia extranjera fueron draconianas. Los extranjeros que entraran en Japón sin autorización, y los japoneses que fueran descubiertos tratando de emigrar serían ejecutados. Las religiones cristianas fueron prohibidas y el comercio exterior fue limitado a la factoría de Dejima, donde se permitía la entrada de algunos productos de lujo, pero no armas (ni tampoco libros.....).

Estas drásticas medidas encajaban no obstante en el modelo de gobierno establecido ("bakufu"), fuertemente jerarquizado en dominios gobernados por nobles ("daimios") y administrados por austeros "samuráis". La clase samurai, clave en la posterior modernización, cuidaba tanto su formación militar como intelectual, bajo la influencia del modelo confuciano chino y la inspiración espiritual del emperador y el Shinto. Este modelo se asentaba sobre una economía agraria (la propiedad se medía por "koku", unidad equivalente al arroz necesario para alimentar a una persona durante un año) y en una sociedad tradicional "perfecta" y autosuficiente.


Sucesión de fotografías y cuadros históricos sobre la presencia holandesa en Dejima, Nagasaki, entre los
siglos XVII y XIX, e imágenes de las primeras mansiones construidas por la colonia extranjera en la ciudad,
Museo de la ciudad de Nagasaki, noviembre de 2015

Igual que en China, los gobernantes japoneses consideraban "perturbadora" la influencia extranjera, especialmente la occidental, pero su control era mucho más estricto, y preciso. El Museo de la Ciudad de Nagasaki acredita la llegada de 606 barcos de la todopoderosa Compañía Holandesa de las Indias Orientales (cuya base principal era Batavia, en la isla de Java, Indonesia) entre 1641 y 1847, cuya mercancía de entrada eran productos chinos de lujo, y la salida, cobre, plata, porcelana de la cercana Saga/Arita y arroz

Esta política oficial, conocida como "sakoku", impedía el paso de los comerciantes occidentales hacia la ciudad de Nagasaki, administrada directamente por el "shogun" mediante un gobernador, salvo para gestiones oficiales, y sólo permitía la entrada en Dejima de comerciantes, intérpretes, cocineros, empleados y de las llamadas "yujo" o "mujeres de placer".


Arriba, a la izquierda, grupo de "yujo" o mujeres de placer, en una fotografía de finales del siglo XIX. El resto de 
las fotografías corresponden a esculturas y exposiciones situadas en el Glover Garden de Nagasaki, 
en homenaje a la ópera "Madame Butterfly", de Puccini, cuya acción transcurre en la ciudad a principios del siglo XX.

Estas mujeres, junto con las refinadas "geishas", crearon una mística entorno del placer oriental entre los viajeros occidentales cuyo emblema más logrado es la ópera de Puccini "Madame Butterfly", cuya trama se sitúa precisamente en la ciudad de Nagasaki, en la segunda mitad del siglo XIX, tras la apertura forzada por los norteamericanos y el final del "sakoku".

Por contra, los oficios religiosos estuvieron prohibidos hasta el siglo XIX (la práctica entre los centenares de habitantes extranjeros de la isla se ceñía muy probablemente al ámbito familiar privado), momento en que se inició la construcción de las primeras iglesias, ya dentro la ciudad de Nagasaki.


Libros, reproducciones e imágenes sobre objetos y procedimientos científicos y tecnológicos relacionados con
 el "rangaku", Museo de Nagasaki (noviembre 2015) y otras fuentes

El "rangaku" (estudios holandeses), 
inicio de la modernización

Sin embargo, el estricto "sakoku" fue compensado mediante el "rangaku" (literalmente, estudios holandeses), la adquisición de conocimientos sobre ciencia, tecnología y medicina occidentales, especialmente durante los siglos XVIII y XIX. Esta política fue tolerada sino impulsada por el "shogun", y, especialmente, por los nobles de la isla de Kyushu. Sus principales receptores y transmisores eran los intérpretes de holandés de la ciudad (más de un centenar) y, en última instancia, los beneficiarios eran los administradores "samurai" que, con autorización y bajo control de los funcionarios imperiales, se desplazaban hasta Nagasaki.

El "rangaku", que pone de manifiesto una mentalidad más abierta y menos dogmática de la que formalmente aparentaba el reino, fue clave en el rápido desarrollo tecnológico japonés del siglo XIX, y en su rápida recuperación tras la Segunda Guerra Mundial.

Este intercambio estableció un factor claramente diferencial con China, donde el intenso intercambio cultural, educativo y científico que tuvo lugar en las 80 concesiones internacionales (ver el ejemplo de Xiamen en este enlace) fue más tardío y chocó duramente primero con los tradicionalistas de la corte imperial, luego con la ausencia de poder central del período de los señores de la guerra, la guerra civil y la ocupación japonesa (1911-1949) y finalmente con las ineficientes i aislacionistas políticas económicas del maoísmo

Los "estudios holandeses" (con puntuales aportaciones alemanas) eran sinónimo de progreso, tolerancia, laicidad (contrapuesto al proselitismo cristiano que tanto temían los shogunes) y modernización en un período clave de la revolución científica mundial. Los intercambios, que tuvieron lugar principalmente en la ciudad de Nagasaki, se centraron principalmente en los estudios médicos, la física, la electricidad, la química, la óptica, la mecánica, la aerostática, la geografía o la biología. Estos contenidos eran difundidos con posterioridad en Japón por sus privilegiados alumnos.

En el siglo XIX, los científicos del "rangaku", muchos de ellos de origen "samurai" y noble, se convirtieron en modernizadores políticos, especialmente en los dominios de las islas Kyushu, y en particular, en al poderoso señorío de Satsuma (en el sur de la isla), uno de los principales apoyos militares de la Revolución Meiji (1868).

Este dominio había logrado enriquecerse con el comercio de manera indirecta, mientras impulsaba el conocimiento científico entre sus "samurai" más capaces, a pesar de la prohibición del "shogunato". Lo hizo convirtiendo en vasallo el Reino de las Islas Ryukyu (la actual Okinawa), desde donde llegaban mercancías procedentes de China


A mediados del siglo XX, el gobierno local de Nagasaki decidió concentrar las mejores mansiones occidentales de Nagasaki en
los jardines de la colina Glover, donde está la mansión del célebre empresario británico (foto central izquierda)
no muy lejos de Dejima y del barrio occidental constuido alrededor de la cuesta del holandés (Dutch Slope)

Tras la apertura forzada por la flotilla norteamericana del comodoro Perry en 1853 (en Uraga, cerca de la actual Tokyo) y los tratados desiguales de Kanagawa (1854) y Harris (1858), los comerciantes, educadores, científicos, diplomáticos y misioneros occidentales pudieron establecerse libremente no sólo fuera de los estrechos límites del islote de Dejima, en la ciudad de Nagasaki, sino también en Edo (Tokyo), Osaka y Kobe.

Esta apertura forzada y el impulso modernizador de la Revolución Meiji sustituyó el obsoleto feudalismo de los "shogun" por una forma política única (el "kokutai"), en la que bajo un formato liberal, los grandes conglomerados empresariales ("zaibatsu"), un ejército moderno de base campesina y liderazgo aristocrático y los nuevos burócratas de origen "samurai", controlaban el poder político apoyándose (paradójicamente) en el liderazgo de un emperador a cuya legitimidad y autoridad unificadora se le atribuía origen divino (la Constitución le descendiente directo de la principal deidad del Shinto, Amaterasu)

El extraordinario éxito de la modernización japonesa en el último tercio del siglo XIX hizo crecer a la par el orgullo nacional y la necesidad de materias primas, que desgraciadamente, llevaron al expansionismo y el militarismo del primer tercio del siglo XX, cuyo resultado final (la Segunda Guerra Mundial) produjo una terrible paradoja precisamente en el lugar que fue origen de todo (Nagasaki).


Galería de personajes de la colonia holandesa e imágenes de las relaciones comerciales en Nagasaki
durante los siglos XVII, XVIII y XIX , Museo de Nagasaki, noviembre 2015

El último acto militar de la Segunda Guerra Mundial fue el lanzamiento de la segunda bomba atómica norteamericana, el 9 de agosto de 1945, precisamente sobre Nagasaki (tres días después del estallido de la primera en Hiroshima, al este de la isla de Honshu). La ciudad símbolo del encuentro cultural, científico y comercial con Occidente, y del inicio de la modernización del país, era parcialmente arrasada por un horrible artefacto fabricado por lo mejor de la ciencia y la ingeniería occidental.

La bomba cayó en el distrito de Urakami, en el norte, cerca de una de las fábricas de armamento más importantes de Mitsubishi (uno de los "zaibatsu" fundamentales de la historia moderna de Japón, que aún conserva unos históricos astilleros no muy lejos de Dejima), pero también en el radio de acción de una prisión, un campo de prisioneros, varias escuelas y una histórica iglesia católica. El impacto causó la muerte inmediata de más de 73.000 personas, aunque la cifra oficial de víctimas el mes de diciembre de 2015 sumaba 168.767 personas


Parque de la Paz y Museo de la Bomba Atómica en Urakami, Nagasaki, noviembre 2015

Sin embargo, las autoridades locales han sabido reconstruir la ciudad con un discurso pacifista y tolerante (no revanchista) que denuncia por igual las armas nucleares y el militarismo japonés de principios del siglo XX (y su siniestro resurgimiento en el actual gobierno del Partido Liberal Democrático), pero sobre todo recreando el clima de tolerancia, apertura e intercambio cultural de la época dorada del "rangaku" y la Revolución Meiji.

El símbolo de este clima de apertura, que el visitante puede percibir fácilmente tras varios días recorriendo la ciudad, son precisamente los barrios coloniales: Dejima, el Barrio Chino, el Dutch Slope y el Glover Garden, antiguo jardín y residencia de una de las familias occidentales que más contribuyó al desarrollo de la ciudad (los Glover) donde el gobierno local ha trasladado las mejores mansiones construidas por los primeros expatriados


Barrio holandés, iglesia católica de Oura, Glover Garden y vistas de la bahía, Nagasaki, noviembre 2015



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