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El saqueo y la destrucción del Palacio Yuanmingyuan, en Beijing (1860)

Publicado por ÁNGEL LÁZARO en HISTORIA · 2/4/2016 19:45:00


El mes de octubre de 1860, en la fase final de la segunda guerra del opio (1856-1860), los soldados del cuerpo expedicionario franco británico saquearon, primero, e incendiaron, después, el Palacio de Verano de Beijing (Yuan Ming Yuan, 圆明园), una de las grandes maravillas del arte oriental de todos los tiempos

La destrucción de Yuangmingyuan fue, sin duda, uno de los actos más bárbaros del colonialismo europeo del siglo XIX, incluso en el contexto de los arrogantes valores decimonónicos de superioridad cultural propios de la época, tal y como puso de manifiesto el escritor francés Víctor Hugo, autor de Los Miserables, en su célebre y emotiva "Carta al capitán Butler" (noviembre de 1861): "Nosotros, los europeos, somos los civilizados y para nosotros los chinos son los bárbaros. He aquí lo que la civilización ha hecho a la barbarie" (ver texto completo más adelante)

Las ruinas apiladas de los antiguos palacios de mármol, diseñados (paradójicamente) por jesuitas europeos según modelos neoclásicos, los fundamentos de piedra de los incontables pabellones de madera de estilo clásico chino y los enormes estanques y senderos son hoy el único resto de aquel mítico esplendor.


Dibujos (s. XIX) de los palacios de estilo occidental neoclásico diseñados por los jesuitas en Yuanmingyuan en el siglo XVIII

Dibujos (s. XX) de los templos y pabellones de estilo clásico chino (qing-ming), construidos en Yuanmingyuan entre los siglos XVII-XIX

El paso del tiempo (y el saqueo local de materiales de construcción, todo hay que decirlo) han convertido Yuangmingyuan en una ruina célebre. Los trabajos de jardinería, los nuevos pabellones y puentes y la recuperación de senderos empedrados han convertido el parque en uno de los lugares más agradables de Beijing, especialmente apto para grandes caminatas, pero también para lecciones de historia (oficial).


Ruinas de los edificios de estilo occidental neoclásico en la zona este de Yuanmingyuan, visitas años 2008-2012.

El lugar es visitado con frecuencia por escolares chinos, aleccionados (en este caso, con razón) sobre la maldad del colonialismo, aunque (por contraste) apenas tienen noticia de la enorme destrucción de patrimonio cultural cometida durante la Revolución Cultural (1966-76). Una buena amiga me explicó hace unos años en Beijing que, durante los años 80, una de sus profesoras de secundaria les llevaba allí varias veces durante el año para motivarles con largas explicaciones históricas y patrióticas.

Los historiadores suelen estar basta de acuerdo con lo sucedido, aunque la historiografía china suele omitir algunos detalles, como la tortura precedente de los enviados británicos, por si alguien pudiera considerarlos como atenuantes (que no lo son) de la conducta franco-británica.

Tras 4 años de conflicto por el apresamiento de una nave con bandera británica (sospechosa de piratería) y la muerte de un misionero francés (que predicaba en Guangxi, fuera de los espacios permitidos por el Tratado de Nanjing de 1842), el cuerpo expedicionario franco británico, formado por 15.000 soldados y comandado por James Bruce, Conde de Elgin y Alto Comisionado británico en China, derrotó al ejército imperial, y alcanzó el Palacio de Verano, apenas defendido por unos cuantos eunucos, el día 7 de octubre de 1860.


Fotografías actuales y del siglo XIX de la zona de edificios de estilo occidental de Yuanmingyuan. A la derecha, dibujos que recrean el interior de alguno de los palacios, fotografiados en una exposición conmemorativa en el mismo parque, año 2008.

El castillo y su inigualable colección artística y decorativa (sedas, oro, plata, jades, porcelanas) fueron saqueadas durante una desenfrenada orgía de 3 días por oficiales y soldados, incluyendo las populares bustos de bronce de los 12 signos del zodíaco chino que decoraban la fuente ornamental neoclásica ("Dashuifa", 大水法), convertidas con el tiempo en símbolo del saqueo imperialista.

Al día siguiente, la intermediación del príncipe Gong (cuya fantástica y muy bien conservada mansión pekinesa, cerca de Beihai, puede visitarse hoy en día), por entonces comisionado imperial (el emperador Xianfeng y su corte habían huido hacía su refugio veraniego en Chengde, unos días antes) permitió la liberación de una veintena de rehenes occidentales, entre los que se encontraban varios negociadores británicos.


De izquierda a derecha y de arriba a abajo: dibujo ilustrativo del saqueo de Yuanmingyuan en 1860; caricatura de la época sobre los "diablos extranjeros"; ilustración occidental sobre el tristemente célebre castigo de los mil cortes, aplicado a un misionero francés en 1856 (una de las causas de la segunda guerra del opio); y fotografía tomada en un fuerte de Beijing en octubre de 1860, tras la derrota imperial.

Las torturas recibidas por algunos de ellos en el llamado "Ministerio de Castigos" (una curiosidad china de la época), y, en particular la aplicación, en algún caso, del tristemente célebre castigo de los mil cortes (Lingchi, 凌迟), fue la excusa utilizada por Lord Elgin para ordenar, el 18 de octubre, la destrucción por incendio del palacio y sus maravillosos pabellones, puentes y templos de madera. Estos edificios, junto con las fuentes, los estanques y los bosques de piedra eran indudablemente el mejor ejemplo arquitectónico del paisajismo tradicional chino.

La excusa no sólo no justifica la barbarie franco-británica (sin duda, se hubieran podido conseguir reparaciones alternativas, como el castigo de los culpables o una indemnización económica, habitual en los tratados de la época) sino que apenas esconde la premeditación de su conducta.

Elgin, cuyo padre, en lo que parecía tradición familiar, había participado en el saqueo del Partenón de Atenas en 1801, ya tenía la intención de dar un escarmiento por la negativa del emperador a firmar el Tratado de Tianjin de 1858 (que ampliaba la apertura comercial forzada por el Tratado de Nanjing de 1842) y la muerte de 500 soldados británicos en 1859, cuando trataban de llegar hasta Beijing para forzar la firma del tratado.


De izquierda a derecha: el emperador Xianfeng; Lord Elgin, jefe del cuerpo expedicionario franco británico; 
y el general Charles Gordon, aka "El Chino"

Entre los que ejecutaron la orden de destrucción de Yuanmingyuan se encontraba el joven oficial Charles George Gordon. En una más de las interminables paradojas del colonialismo en China, Gordon, gran héroe militar del colonialismo británico, alcanzaría fama posterior, apodado como "el Chino", y acabaría condecorado por las autoridades imperiales chinas. "El Chino" no sólo ayudaría en la modernización del ejército Qing, sino que también colaboraría en la derrota de la rebelión Taiping y reforzaría las murallas de Tianjin...... que, muchos años después de sus muerte, retrasarían el avance de sus compatriotas en la guerra de los bóxers, el año 1900.

Tras la destrucción del Palacio de Verano, Gordon escribió a su madre: "No puedes imaginarte la belleza y la magnificencia de lo que incendiamos. De hecho, estos palacios eran tan grandes y teníamos tanta prisa, que no pudimos saquearlos como es debido (...). Fue muy decepcionante para el ejército porque todos estaban deseando saquear" (esta cita puede encontrarse en GELBER, Harry, "El Dragón y los demonios extranjeros", RBA, 2007, página 210)

En cualquier caso, el saqueo y la destrucción de Yuangmingyuan, como muchos episodios históricos en Asia oriental, sigue sin cerrarse del todo y todavía alimenta las heridas del orgullo nacional chino.

Aunque en la victoriana Gran Bretaña, en el apogeo de su éxito, y en la Francia imperial, sometida a la dictadura del emperador Napoleón, la expedición fue celebrada como un éxito, no todos comulgaron con sus pretendidos logros. El brillante escritor Víctor Hugo, autor de las celebradas novelas "Los Miserables" y "Notre Dame de Paris", asumió el rol de intelectual comprometido, de larga tradición la Francia, y desde su largo exilio en las islas del Canal de la Mancha (1855-1870), escribió en noviembre de 1861 un vibrante y emotivo alegato contra la destrucción de Yuanmingyuan, donde puede encontrarse una estatua con su busto


Busto del escritor Víctor Hugo en Yuanmingyuan, y fotografía del famoso escritor francés

Carta al capitán Butler

Hauteville-House, 25 de noviembre de 1861
Me pide usted, señor, mi opinión sobre la expedición a China, que usted considera honorable y hermosa, y tiene la bondad de atribuir cierta importancia a mi juicio. Según usted, la expedición a China, emprendida bajo la doble bandera de la reina Victoria y del emperador Napoleón, es una gloria que compartirán Francia e Inglaterra y quisiera usted saber hasta qué punto puedo aprobar semejante victoria inglesa y francesa.
Puesto que quiere conocer mi opinión, hela aquí:
Había, en un rincón de la tierra, una maravilla del mundo que se llamaba el Palacio de Verano. El arte tiene dos principios: la Idea, donde se origina el arte europeo, y la Quimera, donde se origina el arte oriental. El Palacio de Verano era al arte quimérico lo que el Partenón es al arte ideal. Todo lo que puede crear la imaginación de un pueblo casi extrahumano estaba allí. No era, como el Partenón, una obra una y única; era una suerte de enorme modelo de la quimera, en el supuesto de que ésta pudiera tener un modelo. Imagine usted no sé qué construcción indescriptible, algo como un edificio lunar, y tendrá el Palacio de Verano. Construya un sueño con mármol, jade, bronce y porcelana y talle sus ornamentaciones en madera de cedro, cúbralo de pedrería, envuélvalo en seda, haga de él santuario aquí, harén allá, ciudadela acullá,
ponga dentro dioses, ponga monstruos, barnícelo, esmáltelo, dórelo, píntelo, haga construir por arquitectos que sean poetas los mil y un sueños de las mil y una noches, añádale jardines, estanques, chorros de agua y de espuma, cisnes, ibis, pavos reales, suponga en una palabra una suerte de deslumbradora caverna de la fantasía humana con figura de templo y de palacio: así era ese monumento. Había sido necesario el trabajo de generaciones enteras para crearlo.
Tal edificio, que tenía la inmensidad de una ciudad, ¿para quién lo habían construido los siglos? Para los pueblos. Porque lo que hace el tiempo pertenece a los hombres.
Los artistas, los poetas, los filósofos conocían el Palacio de Verano; Voltaire habla de él. Se decía: el Partenón en Grecia, las Pirámides en Egipto, el Coliseo en Roma, Notre-Dame en París, el Palacio de Verano en Oriente. Si no se lo veía, se lo soñaba.
Era una suerte de tremenda obra maestra desconocida, entrevista a lo lejos en no sé qué crepúsculo, como una silueta de la civilización de Asia en el horizonte de la civilización de Europa.
Esa maravilla ha desaparecido.
Dos bandoleros entraron una vez en el Palacio de Verano. Uno lo saqueó, el otro lo incendió. Por lo visto, la victoria puede ser una ladrona. La gran devastación del Palacio de Verano la han cometido a medias entre los dos vencedores. Mezclado a todo ello aparece el nombre de Elgin, que tiene la propiedad fatal de recordar el Partenón. Lo que se hizo con el Partenón se ha hecho con el Palacio de Verano, más completamente y mejor, a fin de no dejar nada. Todos los tesoros de todas nuestras catedrales juntas no igualarían a ese formidable y espléndido museo de Oriente.
Había allí no solamente obras maestras de arte sino además amontonamiento de orfebrerías. Gran hazaña, excelente ganga. Uno de los dos vencedores se llenó los bolsillos, viendo lo cual el otro llenó sus cofres; y ambos volvieron a Europa cogidos del brazo. Tal es la
historia de los dos bandoleros.
Nosotros, los europeos, somos los civilizados y para nosotros los chinos son los bárbaros. He aquí lo que la civilización ha hecho a la barbarie.
Ante la historia, uno de los ladrones se llamará Francia, el otro Inglaterra. Pero yo protesto y le agradezco a usted haberme brindado la oportunidad de hacerlo. Los crímenes de los que dirigen no son culpa de los dirigidos; los gobiernos son ladrones a veces, los pueblos jamás.
El imperio francés se ha embolsado la mitad de esta victoria y hoy ostenta, con una especie de ingenuidad de propietario, el espléndido baratillo del Palacio de Verano. Yo espero el día en que Francia, liberada y limpia, devuelva ese botín a la China expoliada.
Mientras tanto, hay un robo y dos ladrones. Dejo constancia de ello. Tal es, señor, el grado de aprobación que doy a la expedición a China.
Víctor Hugo
(hay varias versiones traducidas de la carta de Víctor Hugo; una de ellas puede encontrarse en el libro colectivo "En la ciudad china", editado en 2008 por el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, página 252)

A pesar de los deseos expresados por Víctor Hugo en su carta, los tesoros saqueados aún no han sido completamente devueltos (un coleccionista francés, sin embargó, donó en 2013 las cabezas del Conejo y la Rata) y la barbarie franco-británica en Yuanmingyuan no sólo sigue siendo un símbolo antiimperialista en China (y fundamento, además, de su creciente nacionalismo moderno), sino que de vez en cuando aún causa problemas diplomáticos.


Arriba, fotografía y noticia del diario británico "The Guardian" sobre el famoso "incidente de la amapola" de 2010, durante la visita oficial a China del "premier" británico David Cameron, citado, como ejemplo de la sensibilidad china actual hacia el episodio del siglo XIX, por Julia Lovell en su libro sobre la guerra del opio (abajo) y una fotografía comparativa entre la amapola silvestre, el símbolo conmemorativa del "Remembrance Day" británico, y la amapola adormidera, la flor de la que se extrae el opio.

El incidente más reciente lo describe Julia Lovell en su documentadísimo libro "La guerra del opio" (Editorial Picador, Londres, 2011). El 11 de noviembre de 2010, durante una visita oficial en China, el "premier" británico David Cameron y sus ministros se presentaron en varias recepciones ataviados con una flor de amapola silvestre en los ojales, en conmemoración del "Remembrance Day" (recordatorio anual a los caídos británicos de la Primera Guerra Mundial desde 1921).

Aunque no se trataba de amapolas "adormideras", los internautas chinos protestaron airados considerando que se trataba de una ofensa imperialista a los estragos que el comercio de opio, forzado por los mismos británicos, había causado en la sociedad china en el siglo XIX.


Visita en mayo de 2015 al casino Lisboa de Macao, donde está expuesto uno de los 12 bustos del Zodíaco chino (el caballo) saqueados 
del Palacio Yuanmingyuan en 1860

Un ejemplo de reparación histórica de ese orgullo pude encontrarlo en el histórico casino Lisboa de Macao, en mayo de 2015. El hall del casino, de libre acceso, expone una de las míticas cabezas de madera del horóscopo chino (la del caballo) saqueadas en el palacio de Yuan Ming Yuan de Beijing tras el asalto de las tropas anglo-británicas, en 1860. Esta cabeza fue adquirida en una subasta por su famoso, supermillonario y filantrópico propietario Stanley Ho, y luego donada al gobierno chino.


Arriba, a la izquierda, poster de la película de Jackie Chan sobre el rescate imaginario (curiosamente, en Francia) 
de los 12 bustos del zodíaco chino saqueados en Yuanmingyuan. A la derecha, inauguración de la exposición
organizada para conmemorar la donación (también francesa) de 2 de los 12 bustos (rata y conejo).
Abajo, fotografía del Museo Británico de 2008; hay sospechas de que la colección
china alberga varios objetos sustraídos en el citado saqueo.

El saqueo de Yuanmingyuan también puede encontrarse con facilidad en la cultura "pop" china gracias, por ejemplo, al entretenido film de Jackie Chan "Chinese Zodiac, CZ12", del año 2012, sin duda uno de los "films" más patrióticos del polifacético artista de Hong Kong.

En cualquier caso, la destrucción de Yuanmingyuan y el final de la "segunda guerra del opio" aceleraron la profunda crisis política, social y económica de China que ya se entreveía tras la derrota en la primera guerra del opio (1842) y que no finalizaría hasta la victoria comunista en 1949. El imperio chino caminaba irremediablemente y sin saberlo hacia su final (y hacia una nueva era).

Acechado además por la rebelión Taiping en el centro del país (Jiangsu, principalmente), el emperador Xianfeng, de salud frágil, cuyo carácter era débil y cambiante, no tardaría en morir, devastado física y emocionalmente por la derrota, el año 1861. La concubina Cixi, madre del heredero Tongzhi, dio entonces un magistral golpe palaciego, con el apoyo de la emperatriz Zhen, que no tenía descendencia, para desplazar a los ineptos funcionarios responsables de la derrota (según la leyenda, provocándoles para que gritaran delante del príncipe-bebé, haciéndole llorar, ofensa castigada con la muerte) y convertirse en "segunda emperatriz viuda" y gobernar así durante casi 50 años "tras la cortina"(por su condición de mujer de la familia imperial). Y esta es otra historia que puede recrearse en el polémico aunque entretenido y muy documentado libro de Jung Chang, "Cixi, la emperatriz" (Editorial Taurus, Madrid, 2013)


Fotografías de lz zona oeste de Yuanmingyuan, tomadas durante el período 2008-2012

No obstante su significado histórico, el Parque Yuanmingyuang permanece hoy como uno de los espacios de paseo más agradables de Beijing, situado entre el 3r y el 4º cinturón de la ciudad, relativamente cerca de otras atracciones "verdes" de la ciudad (el "Nuevo" Palacio de Verano, diseñado por Cixi, o el Jardín Botánico, donde trabajó, ya reconvertido en civil, el Último emperador, Pu Yi) y bien comunicado por metro (estación Yuanmingyuan, línea 4)
Yangmingyuan ofrece rincones casi solitarios entorno de estanques, pabellones modernos o antiguas ruinas, sobre todo en la zonas este y oeste del parque. 


Fotografías de lz zona central de Yuanmingyuan, tomadas durante el período 2008-2012

El lugar puede disfrutarse especialmente entresemana o fuera de los períodos vacacionales o cuando te alejas de los focos de atención de los grupos de turistas chinos. Lo he visitado varias veces desde 2008 y siempre me ha parecido un inverosímil remanso rodeado por el apabullante (e hipercontaminado) gigantismo de la gran urbe pequinesa.


Plano general de Yuanmingyuan, dibujo realizado durante el siglo XVIII

Ubicacion en Beijing y Plano actual del Parque Yuanmingyuan


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