Concesión francesa - Anlari Blog

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China

La Concesión Francesa de Shanghai aporta desde su calidez antigua de pequeñas avenidas arboladas, grandes mansiones y originales edificios de apartamentos, iglesias católicas, parques franceses y originales "shikumen" (la afamada arquitectura local del primer tercio del siglo XX, evolución del estilo civil "Qing") un ligero contraste posmoderno con la fría monumentalidad de la hiperdesarrollada Shanghai, con su dinámica oferta lúdica, artística y comercial.

La “French Concession”, con un ambiente único ya desde su fundación (1849), es modelo del turismo en ambientes “vintage” que se ha extendido por la mayor parte de los puertos del tratado en China (los “treaty ports”, marítimos y fluviales) donde se asentaron las colonias extranjeras en los siglos XIX y XX, mediante concesiones impuestas por la presión militar (los llamados “tratados desiguales”).

Entre otros puertos, ya citados, y muy similares por oferta y formato, Gulangyu (Xiamen), Shamian (Guangzhou), Badaguan (Qingdao), Laowaitan (Ningbo), Wudadao (Tianjin), Hankou (Wuhan), Weihai, Dalian, Lushun, Ha’erbin o Lushan

El turismo local (principalmente, grupos y parejas jóvenes, y familias) gusta de estos espacios por su originalidad y dinamismo, en ocasiones favorecidos por el turismo cosmopolita mochilero. 

Esta circunstancia los ha convertido en parte de la oferta del turismo de masas (y no hay que olvidar que el concepto “masas” tiene su propia dimensión en China), igual que determinados distritos artísticos (como el M50 de la propia Shanghai, Shapowei en Xiamen o el 798 de Beijing) por lo que han ido perdiendo su singularidad para convertirse en “bohemia institucionalizada”.

La Concesión Francesa tuvo éxito desde sus orígenes más por su cosmopolitismo (desde americanos y alemanes a rusos blancos y chinos de todas las condiciones), su carácter abierto comercial y residencial (con mansiones y edificios de apartamentos o “mansions”) que por su carácter “francés” (que no obstante se detecta en detalles como la presencia de iglesias católicas o en detalles urbanos, o el “jardín francés” de Fuxing Lu).

El lugar, administrado entonces por las autoridades francesas (con su propia policía, juzgados, servicios públicos e impuestos) fue también escenario de conspiraciones revolucionarias y de las primeras “tomas de conciencia” nacionalistas en China. 

Los Museos del Primer Congreso del Partido Comunista y la antigua residencia de Sun Yat Sen (el “padre fundador” de la República) dan fe de ello

La zona, extensa, tiene varios puntos de interés, principalmente calles de “sabor antiguo” reconvertidas en polos comerciales o culturales, y bastante dispersas, como el Bund francés (en el río, al norte de la ciudad china antigua), Xintiandi/Fuxing Middle Road (hacia el este), Xujiahui (Zikawei), con la bella catedral católica), Tianzifang, con su microuniverso de coloridas minitiendas apretujadas en los estrechos callejones de un “shikumen” o Hengshan Road, en general bien comunicadas por metro (Líneas 1, 10 y 12, principalmente).

Los antiguos nombres franceses de las calles, mayoritariamente de recorrido este-oeste (Avenue Joffre –Huahai Lu-, Avenue Petain -Hengshan Lu-, Rue du Consulat, Quai de France -East Zongshan Lu-) citados en obras literarias ambientadas en el viejo Shanghai (como “El imperio del sol”, de JG Ballard, o “La condición humana” de André Malraux), todavía resuenan en muchas de sus espacios, como ecos lejanos de un ambiente aristocrático, divertido y refinado, pero también decadente, colonialista y racista, desaparecido en 1949



La avenida Xinhua (Xinhua Lu) de Shanghai, la antigua “milla dorada” del período colonial, residencia de la élite birtánica y norteamericana de banqueros, empresarios y profesionales cualificados, extrarradio (entonces) del asentamiento internacional y la concesión francesa, ha sobrevivido milagrosamente las purgas arquitectónicas de la Revolución Cultural y la devoradora fiebre constructora en esta megalópolis de más de 20 millones de habitantes.

La protección pública iniciada en los años 90, pero también los hoteles, restaurantes, oficinas públicas, casas de te e incluso algún gimnasio de yoga, salvan, de momento, esta colección única de casas de campo de estilos británico (georgiano y eduardiano, de ladrillo de obra vista de color rojizo, con porches de tejados de dos aguas, terrazas y jardines), germánico (con vigas de madera cruzadas en las fachadas) y chino moderno. Algunos jardines supervivientes, pistas de tenis y las avenidas arboladas te sitúan con facilidad en aquella intensa época de grandes contrastes y desequilibrios.

 
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