Crimen sin castigo - Anlari Blog

Vaya al Contenido

Menu Principal:

China







De arriba a abajo: (1) Restos de la caldera, el crematorio y el depósito de agua; (2) Depósito de gas y laboratorio de experimentación con gases letales; (3) Laboratorio de gas y edificio principal del museo



A la izquierda, arriba (1) Recreación de un experimento biológico en las celdas del laboratorio, abajo (2) Material de cultivo de bacterias, a la derecha (3), prototipos de bombas de cerámica, modelo Uji, con carga biológica letal



A la izquierda, hall principal del Museo; a la derecha, arriba, (2) Exterior del Museo y, abajo, (3) Fotografías de víctimas de ataques biológicos






Entre 1932 y 1945, un grupo de científicos y militares japoneses cometieron en el Noreste de China, principalmente en Ha'erbin (Heilongjiang) y Changchun (Jilin), uno de los mayores crímenes contra la humanidad de la historia de Asia. Miles de prisioneros de guerra y civiles de todas las edades, incluyendo mujeres, niños y ancianos, mayoritariamente chinos, pero también coreanos y rusos, fueron utilizados para experimentar armas biológicas con un alto poder de destrucción y sufrimiento. 

Los responsables de esos crímenes deberían haber sido juzgados y así sus actos serían hoy ejemplo y lección universal permanente contra los delitos que afectan la esencia de la condición humana, por encima de creencias, culturas o territorios.

Sin embargo, Estados Unidos encubrió estos actos de manera sistemática hasta los años 90 del siglo pasado. El gobierno federal garantizó la inmunidad para todos sus autores y utilizó sin ningún remordimiento los resultados de esos experimentos humanos para su propio programa de armas biológicas.

Por esta razón, los principales responsables nunca fueron juzgados y sus actos no sólo siguen siendo hoy negados por el gobierno del Estado responsable (Japón), sino que, además, sus principales responsables son ensalzados y homenajeados hoy en día por grupos revisionistas en lugares de culto religioso como el templo de Yasukuni, en Tokyo

Lo sorprendente no es que un crimen tan inhumano e inaceptable pudiera ser encubierto durante tanto tiempo, sino que, tras las abrumadoras pruebas presentadas, las autoridades japonesas lo sigan negando, ocultando o justificando, para escarnio y dolor de las víctimas y sus descendientes. La ocultación sistemática de estos hechos en los libros de enseñanza oficial en Japón priva además a las nuevas generaciones japonesas de una guía ética imprescindible, a diferencia de lo que sucede en Alemania con los crímenes nazis.

Sin embargo, el compromiso de muchas personas honestas en China, Japón y Estados Unidos ha permitido y sigue permitiendo el conocimiento exhaustivo de la verdad desde que los documentos secretos que prueban su existencia fueron definitivamente desclasificados en 1999. El seguimiento de ese compromiso es la base de este proyecto.

El trabajo empezó en septiembre de 2015 visitando el Memorial de las víctimas de la tristemente célebre Unidad 731 en Ha'erbin, Heilongjiang, China, que dió lugar a un artículo en este blog, y continuó en marzo de 2016 con la lectura de testimonios y la recogida de abundante documentación desclasificada en el "National Archives and Records Administration" (NARA). NARA, situado en College Park, Estado de Maryland, muy cerca de Washington DC, es el principal archivo público de Estados Unidos. 

La búsqueda en bibliotecas, librerías y archivos y bases de datos on line ha permitido ampliar y contextualizar los datos primarios recogidos en Ha'erbin y Maryland, e impulsar, en septiembre y octubre de 2016, una segunda visita al Memorial de Ha'erbin, seguida de otra al antiguo campo de prisioneros de guerra de Hoten, en Shenyang, Liaoning, y, finalmente, la consulta de documentos sobre los juicios contra criminales de guerra japoneses en los Archivos Nacionales de Japón.

El proyecto en marcha va a tratar de presentar los hechos e interpretarlos centrándose en el sufrimiento de las víctimas y las oscuras motivaciones de sus autores. Para ello, el objetivo principal será facilitar herramientas para su comprensión futura que tengan en cuenta los aspectos morales y legales (crímenes contra la humanidad y justicia universal), ético-médicos (límites de la investigación científica con seres humanos) e histórico-educativos (la denuncia del revisionismo y el negacionismo como formas inaceptables de ofensa a las víctimas y guía ética de las nuevas generaciones).

Esta página presenta una breve pero significativa muestra de algunas de las evidencias recogidas





Arriba, (1) Vista exterior de los restos del laboratorio de experimentación con aire frío; abajo, (2 y 3) Sala principal de laboratorio de congelación



(1 y 2) Exterior (reconstruido) e interior de laboratorio de experimentación con animales



De arriba a abajo (1) Reconstruccion del despacho de los jefes de la Unidad 731, situado en el edificio de administración, abajo (2). (3) Excavación de los antiguos laboratorios y celdas.


 


El Memorial-Museo del antiguo campo de prisioneros japonés de Hoten, en Shenyang (antigua Mukden, provincia de Liaoning) ilustra, con unas instalaciones restauradas de gran impacto emocional, el trato inhumano recibido por los prisioneros de guerra durante la guerra del Pacífico (1937-1945). 

El Memorial (a la derecha, fotografías tomadas en la visita de septiembre de 2016) fue impulsado conjuntamente por las autoridades chinas y las organizaciones de veteranos de guerra aliados (Estados Unidos, Gran Bretaña y Australia, principalmente) en los primeros años de este siglo, en el mismo lugar donde se encontraba el campo, del que todavía se conservaban algunos barracones, chimeneas y oficinas. La visita de miembros de la Unidad 731 a Hoten en 1943 está documentada, y hay sospechas fundadas sobre el uso de prisioneros de guerra aliados de este campo para experimentos de guerra biológica 


 

  


Los crímenes de guerra cometidos por las unidades del Ejército Imperial Japonés mediante experimentos de guerra biológica con seres humanos, principalmente en la región Noreste de China (Dongbei, la antigua Manchuria), entre 1932 y 1945, han sido documentados y estudiados en profundidad, principalmente por especialistas norteamericanos. Las actividades de las Unidades 731 (Ha'erbin) y 100 (Changchun), que se mantuvieron prácticamente en secreto hasta finales de la década de los años 70 del siglo pasado, pudieron ser analizados con más detalle tras la publicación de los primeros libros y reportajes en Estados Unidos y Japón, en los años 80 y 90. Estas revelaciones impulsaron las primeras investigaciones del Congreso de los Estados Unidos.. 

Los trabajos del legislativo permitieron la desclasificación de la mayor parte de los documentos en noviembre de 1999, tras las aprobación de la "Japanese Imperial Government Disclosure Act".

Sin duda, el estudio más completo y riguroso publicado hasta la fecha debe atribuirse al historiador y profesor de la Universidad estatal de California, SHELDON H. HARRIS, que vuelca en su libro "Factories of Death" (Editorial Routledge, Taylor and Francis Group, Nueva York, 2002) el conocimiento acumulado durante varios años de investigacion, en colaboración con expertos y archivos de Estados, Unidos, Japón, China y Rusia. 

No obstante, los detallados y desgarradores testimonios directos recogidos por el investigador japonés Hal Gold en su libro "Unit 731 testimony", y el completísimo estudio técnico de la profesora Jeanne Guillemin en su libro sobre armas biológicas ("Biological Weapons"), complementan la excelente visión de conjunto que ofrece Harris.
 
Regreso al contenido | Regreso al menu principal