Dongbei - Anlari Blog

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China
  
A la izquierda, vistas del Parque Nacional de Changbaishan, entre las que sobresale el Lago Celestial, situado en el cráter del volcán principal.
A la derecha, el "downtown" y una de las playas de la ciudad de Dalian, en la provincia de Liaoning.

El "Dongbei" (东北, dōngběi), o región noreste, forma parte de la periferia histórica y geográfica del territorio chino, junto con Mongolia, Xinjiang y el Tibet, territorios de climas extremos pero geografías fascinantes, y pasados controvertidos, pero impactantes episodios históricos, que nos ilustran sobre los orígenes de China, el "reino (situado en) el medio" (中国, Zhōngguó, China) y la configuración de sus áreas de influencia.

El fotograma adjunto, extraído de una película propagandística estadounidense "The Battle of China", dirigida en 1944, entre otros, por los prestigiosos directores Frank Capra y Anatole Litvak, nos muestra la visión típicamente anglosajona de la época, basada en las etnias: la "China propiamente dicha" (el país de la etnia mayoritaria "han"), y las citadas zonas de influencia histórica, que son hoy partes indiscutibles del Estado (y ya habitadas en su mayoría o en buena parte por "han")

Manchuria, es decir "Manchukuo" o "País de los Manchúes" sería también hoy, en condiciones políticamente normales, el nombre más adecuado para la región, de donde procedía la dinastía manchú (pero sinófila) de los "Qing", que gobernó China entre 1644 y 1911. 

Sin embargo, la dinastía Qing y los manchúes fueron señalados y denostados por el nacionalismo chino en los inicios del siglo XX como principales causantes de la crisis del país y, para empeorar aún más esta visión, la denominación "Manchukuo" fue utilizada por los ocupantes japoneses para encubrir, mediante un "Estado títere", la colonización del noreste (1932-1945). Este Estado "falso" fue bautizado con el citado nombre, aparentemente legítimo, cuyo jefe de Estado. también aparente, era, precisamente, el último emperador Qing, el manchú Aisin Gioro Pu Yi.

Manchuria devino, por lo tanto, una denominación asociada con el colonialismo, por lo que cayó en desuso tras la victoria y unificación comunista, y la creación de la República Popular China (1949), y fue sustituida por el nombre más neutral de "Dongbei", es decir, Noreste.


Arriba y abajo, vistas del Parque Nacional de Changbaishan, en la provincia de Jilin, frontera
con Corea del Norte (2016). En medio, a la izquierda, planicie cerca de Changchun (2015), y a la derecha,
el inmenso río Songhua, a su paso por Ha'erbin (2016)

El país del frío

Al margen de su interés histórico, el Dongbei es principalmente conocido por sus inviernos extremos, las espesas e inacabables capas de nieve y hielo que la cubren y el acerado y seco viento siberiano que la recorre y que acentúa la sensación de frío, desde octubre hasta mayo. La ciudad de Harbin, la metrópolis más septentrional de China, capital de la provincia de Heilongjiang, y sede del famoso festival de hielo, alcanza con "normalidad" los 40 grados bajo cero en invierno.

La hostilidad del clima explica que fuera un territorio casi despoblado hasta la llegada de los colonos rusos, japoneses y "han" entre finales del siglo XIX e inicios del siglo XX. Las inmensas planicies, los espesos bosques, las inhóspitas montañas apenas eran habitadas por tribus de agricultores, ganaderos y cazadores "manchús", en dura competencia con una fauna salvaje casi desparecida, cuyo legado, simbolizado por el famoso Tigre siberiano, apenas sobrevive en pequeñas ciudades alejadas del eje ferroviario.

Precisamente, la construcción por los rusos del ferrocarril "Transmanchú", ramal del tren "Transiberiano", en el siglo XIX, para disponer de un puerto permanentemente abierto en el Pacífico (el de Vladivostok se congelaba varios meses en invierno), cambió la historia de la región, y explica su paisaje urbano y económico actual. 

Hoy, el Dongbei es sede principal de industrias del acero, la aeronáutica (helicópteros), el carbón y el automóvil (cuyo actividad suele cubrir el territorio de una densa nube tóxica de contaminación en invierno, incrementando más, si cabe, la penosidad de tan extremo clima). Los principales centros económicos estan precisamente situados en el citado eje ferroviario, y también fluvial: cuatro metrópolis con apenas un siglo de historia (Dalian, Shenyang, Changchun y Harbin), y 28 millones de habitantes en su conjunto (y contando solamente las áreas urbanas), articulan hoy la geografía del país.

   

En definitiva, la historia y la geografía (la colonización y el clima extremo) determinan lo que hoy puede verse y sentirse recorriendo la región. El lugar es indudablemente "distinto" del país de los "han" y de sus evocadores paisajes de picos rocosos y bosques de pinos, a pesar de la abrumadora mayoría de miembros de esta etnia que la habitan. Las inmensas planicies, la débil pero mágica luz de sus atardeceres, la sobrecogedora intensidad de sus espesos bosques y montañas (Changbaishan, Wudalian Chi, Yabuli, Mohe, Mudanjiang.....), el frío persistente y fuera de rango, transforman el alma de las gentes y la recubren de una sensación de profundidad casi infinita.


Grupos escultóricos, vestuario y pintura tradicional de las
tribus manchús, Museo Provincial de Heilongjiang, Harbin (2015)
A la derecha, dos imágenes del "Gugong", palacio imperial manchú, Shenyang

De colonizadores a colonizados

Las tribus manchúes alcanzaron su madurez política en los inicios del siglo XVII, poco antes de convertirse en la última dinastía china, los "Qing". Aún conservando algunos elementos de sus tradiciones ancestrales (caligrafía, vestuario, afición por la caza...), los manchúes ya habían adoptado por entonces la cultura tradicional china (arte, filosofía moral y política, lengua, arquitectura), siguiendo el ejemplo de la dinastía extranjera que les precedió (los "Yuan", de origen mongol, siglos XII y XIII).

Esta proceso de asimilación "sinófila" (prueba de la indiscutible superioridad en la época del modelo confuciano, también adoptado por Corea y Japón) les facilitó la tarea de controlar el territorio chino, a pesar de su notable inferioridad numérica. Este control les permitió crear una élite de gobierno que fue capaz de imponer sus costumbres (como la famosa "coleta" de pelo con afeitado frontal) como símbolo de sumisión.

El palacio imperial o "Gugong" de Shenyang, la antigua Mukden (capital histórica de los manchúes, hoy una metrópolis de 6 millones de habitantes), incluido en la lista de patrimonio cultural mundial y protegido por la Unesco, es el perfecto ejemplo de la asimilación cultural de los "Qing". El palacio, y en particular su castillo central y la zona ceremonial del lado este, fueron diseñados y construidos antes de la invasión de China (entre 1620 y 1640), pero los elementos de inspiración "ming" (el modelo arquitectónico por excelencia de la tradición china) son fácilmente reconocibles. Sus pabellones rectangulares sobre suelos de losa de piedra y gruesas columnas, que sostienen una sólida estructura de vigas de madera ensambladas sin clavos y tejados de cuatro aguas con tejas de cerámica, así lo demuestran.

Además, los emperadores manchúes, especialmente Qianlong (cuyo longevo reinado durante el siglo XVII es reconocido como uno de los más brillantes de toda la historia china), mejoraron y ampliaron el palacio con un ala oeste, con jardines de rocas, fuentes y patios inspirados en la Ciudad Prohibida de Beijing. Sin embargo, el recinto (accesible previo pago de 60 CNY) exhibe características distintivas de su homónimo pekinés, empezando por el castillo central y su notables pabelón ceremonial de tres pisos, con una estructura elevada que le da la apariencia de fortaleza interior. Los salones de este palacio, a diferencia de los más clásicos y aristocráticos del ala oeste, conservan sus originales puertas laterales y amplios salones que reflejan un cierto estilo de vida comunitaria (en lugar de la clásica distribución de habitaciones de las residencias).

El esplendor cultural que transmitía el "Gugong" de la antigua Mukden en los siglos XVII y XVIII fue oscurecido por el colapso económico y político de la dinastía Qing en el siglo XIX. Su consecuencia más visible fue la colonización extranjera, impuesta por la superioridad tecnológica de los colonizadores, uno de cuyos escenarios principales (y, sin duda, uno de los más sangrientos) fue la propia región de Manchuria.

Castillo central del "Gugong", palacio imperial, Shenyang (Mukden, siglo XVII) (2016)

Ala oeste del "Gugong", palacio imperial manchú. Esta parte fue construida por encargo del
emperador Qing, Qianlong, en el siglo XVIII (2016)

Ala este del "Gugong", con el espacio ceremonial, y habitaciones y dependencias
del Castillo Central, siglo XVII (2016)







Arriba y en medio, edificios del período colonial ruso en Ha'erbin,
ubicados principalmente en la Zhongyan Dajie (2015-16). Abajo, la 
histórica estación de Lüshun, de construcción rusa (2015)





Fotografias históricas y aspecto actual de la plaza Zhongshan,
en Dalian (2015)





Arriba, imágenes de la Guerra Chino Japonesa de 1894-95 y de la 
masacre de civiles chinos en Port Arthur-Lüshun, con referencias de la
prensa norteamericana. Abajo, restos de la guerra ruso-japonesa
1904-1905 en el Parque de la colina 203 de Lüshun (2015)

Escenas de la vida cotidiana de la colonia rusa en Ha'erbin, tomadas en el primer tercio del siglo XX, 
fotografiadas en la sala de exposiciones de la Iglesia ortodoxa de Santa Sofía, año 2015

La colonización rusa

Los primeros colonizadores fueron los rusos, cuya expansión hacia Siberia les había hecho codiciar las ventajas geoestratégicas de la región manchú, sobre todo tras comprobar que sus puertos del Pacífico eran inhábiles (por congelación) para el comercio y la actividad militar naval durante el largo invierno.

Mediante la diplomacia, pero usando también la presión militar, los rusos obtuvieron en el siglo XIX varias concesiones sucesivas con la finalidad de construir líneas de ferrocarril, puertos fluviales y marítimos, comerciales y militares, y nuevas ciudades en las que asentar a los colonos con los que proveer de servicios las citadas instalaciones.

Así, los nuevos puertos marítimos y fluviales de gran calado y las tres líneas principales de ferrocarril (el Transmanchú, de oeste a este, y las líneas ferroviarias hacia Dalian y Lüshunkou -Dairen y Port Arthur- y Corea, respectivamente), todas ellas con epicentro en Harbin, crearon en ese período un nuevo eje de población en el que se asentaría el posterior dominio japonés y la actual región china.

Esta "rusificación" fuy muy notoria en el núcleo ferroviario y fluvial de Harbin (Ha'erbin, 哈尔滨), antaño pueblo de pescadores, en la actual provincia de Heilongjiang, y en los puertos de Dalian (o Dairen) y Lüshunkou (Port Arthur), en la provincia de Liaoning, apenas pobladas hasta la llegada de los colonizadores. En poco tiempo, y al igual que sucedió en asentamientos parecidos del centro y el sur de China (Qingdao, Shanghai, Hong Kong), las aldeas fueron sustituidas por núcleos urbanos modernos de nueva planta, con grandes edificios, estaciones de ferrocarril, mansiones, plazas circulares y amplias avenidas, y curiosos "Chinatown's" en las periferias, donde se instalaron los colonos de etnia "han" que, como en muchos otros lugares parecidos del mundo, se encargaron del trabajo duro.

El impacto de la urbanización fue tan intenso, equilibrado y duradero que las amplias avenidas de antaño continúan siendo en la actualidad la base del sistema viario local. Con muy buen criterio, los gobiernos locales no sólo han restaurado buena parte del patrimonio arquitectónico heredado, sino que buena parte de los edificios y mansiones conservan su uso (estaciones de tren, hoteles, bancos, iglesias, incluso restaurantes), mediante soluciones elegantes y evocadoras, pensadas para atraer turismo por su singularidad, y a pesar del carácter "occidental" e impuesto del modelo urbano, ajeno a la tradición china.

Aunque la monumentalidad no era novedosa en la construcción de espacio civilizado del "reino del medio" (sólo hay que pensar en la Gran Muralla, el Gran Canal, los grandes templos y palacios..), el diseño urbano inspirado en Occidente, con sus moles de inspiración neoclásica y renacentista, sobrepasó el modelo tradicional de arquitectura civil "Qing-Ming", que, por el contrario, consistía en viviendas y comercios elegantes pero sostenibles, de una o dos plantas con patios interiores. Occidente (y yambién Japón) añadieron solemnidad arquitectónica a bancos, estaciones, escuelas, sedes empresariales y representaciones diplomáticas y, finalmente, viviendas.

La avenida Zhongyan (Zongyang Dajie) de Harbin, la plaza Zhongshan (Zhongshan Guangchang) de Dalian y la estación de ferrocarril y el área de museos de Lüshunkou (ver fotografías del lado izquierdo) son los mejores ejemplos de este proceso de restauración. 

La posterior ocupación japonesa no modificó, más bien reforzó este modelo urbano, ya que por entonces la sociedad japonesa ya había adoptado con éxito un modelo económico y urbano de tipo occidental. La conversión de Changchun en capital del "Estado títere" de Manchukuo, en los años 30 del siglo XX, siguió este mismo modelo ya usado por los rusos en Harbin.

La ocupación japonesa

El éxito de la modernización japonesa impulsada tras la "Restauración Meiji" (la sustitución del decadente gobierno feudal de los Tokugawa por una élite ilustrada de "samurais", comerciantes y financieros, con un radical programa de industrialización apoyado por el emperador Meiji) acabo convirtiéndose en una pesadilla para la debilitada sociedad china en el ocaso de la dinastía Qing, hacia finales del siglo XIX y principios del siglo XX.

Japón adoptó una política militarista e imperialista para satisfacer sus necesidades económicas, siguiendo el (mal) ejemplo de las potencias occidentales, y convirtió enseguida el "Dongbei" (Manchuria) en su principal objetivo territorial para satisfacer sus ambiciones. Este extenso territorio le ofrecía grandes espacios, recursos naturales y una posición geoestratégica clave para contener, en el Norte, las ambiciones de la URSS y, facilitar, hacia el Sur y el Este, la expansión en China. Además, la península de Liadong, en Liaoning, controla el acceso por mar a la capital de China, Beijing, a través del puerto de Tianjin.

Los japoneses convirtieron entonces el país de los manchúes en escenario de guerras muy crueles (si es que las hay que no lo sean), primero con China (1894-1895), durante la cual tuvo lugar el primer gran ataque organizado contra población civil cometidas en la región, la "Masacre de Port Arthur" (documentada por un periodista norteamericano, testigo de los hechos); posteriormente con Rusia (1904-1905) y de nuevo con China (1932).

Estos tres conflictos son recordados con varios memoriales y museos en Lüshunkou, Dalian, Shenyang y Changchun. Los museos de Dalian (en la plaza Xinghai, muy cerca de la costa sur de la ciudad) y Changchun (justo al lado del antiguo palacio del emperador Pu Yi) exponen la ocupación nipona con abundante material, fotografías, maquetas y grupos escultóricos, en tono propagandístico, pero también didáctico, y no sin cierta razón histórica.

Sin embargo, los memoriales bélicos "in situ", es decir, las muestras instaladas en el mismo lugar de las correspondientes batallas, provocan un mayor impacto emocional en el visitante, porque no es difícil dejarse llevar por cierta fantasmagórica evocación. Este es el caso del memorial de la colina 203 en Lüshunkou (a unos 20 minutos en taxi del centro), una posición fortificada rusa de la guerra de 1904-1905, en la que murieron los combatientes japoneses por millares, en sucesivas cargas suicidas montaña arriba, bajo el feroz fuego de la artillería y las ametralladoras rusas, hasta que las unidades japonesas lograron tomarla imponiendo simplemente su superioridad numérica y su disciplina suicida.

Los bosques de pinos sustituyen hoy el desolado paraje de entonces, pero en el bien cuidado recorrido, en el que no falta un extraordinario, por inusual, monumento de amistad chino japonesa (en la cercana Dalian residen (estudian y/o trabajan) en la fecha de escritura de este artículo unos 6.000 japoneses) es posible descubrir los restos de los búnkeres, las trincheras y las plataformas artilleras de aquella feroz guerra, mucho más recordada por la brillante victoria val de la flota japonesa del almirante Togo en Tsushima (en el estrecho del mismo nombre, entre Corea y Japón), que por aquella terrible carnicería terrestre.
Manchukuo

Parecida capacidad evocadora posee el Memorial dedicado al famoso incidente de 18 de Septiembre de 1931 en Shenyang (la vieja capital manchú de Mukden), un ataque contra el Ferrocarril del Sudoeste de Manchuria (de propiedad japonesa), organizado por oficiales japoneses ultraderechistas del Ejército de Kwantung. 

Este sabotaje fue atribuido falsamente a combatientes chinos para justificar la subsiguiente ocupación militar, como demostraría una investigación posterior de la Sociedad de Naciones.

Para encubrir la ocupación y la colonización de Manchuria, el Gobierno japonés estableció un "Estado títere", un país aparentemente independiente liderado por políticos manchúes y encabezado simbólicamente por Aisin Gioro Pu Yi, el último emperador "Qing". Pu Yi había sido designado para este cargo, con apenas tres años de edad (1908) por la regente Cixi, pero fue depuesto en 1911 tras la proclamación de la República de China y expulsado de la Ciudad prohibida de Beijing en 1924 por una revuelta militar antimanchú. 

El último emperador, resentido con China tras aquel episodio, y por el saqueo de las tumbas de sus antepasados Qing, situadas al este de Beijing, fue captado fácilmente por los japoneses en su residencia de Tianjin, situada precisamente en la concesión japonesa.

Changchun, una pequeña ciudad industrial situada cerca del gran centro comercial, cultural y político de Harbin, y en el trayecto del la principal línea férrea manchú, pero alejada de la capital histórica (Mukden/Shenyang), fue el lugar elegido por los japoneses como sede del nuevo gobierno.

El palacio imperial de Changchun, un complejo de cuatro palacios (Jixi, Qinmin, Huaiyuan y Tongde, el más grande) y varias edificaciones complementarias (antiguas oficinas de un conglomerado industrial, Jilin Heilongjiang Exclusive Transportation Bureau) está ubicado en el centro urbano (no muy lejos de la actual estación central de ferrocarril) y ofrece hoy una interesante lección tridimensional de aquellos episodios históricos.

Si uno lo visita al tanto de los hechos, la magnificencia de los despachos, del salón del trono, de los comedores oficiales, del hall/salón de baile (fácilmente reconocibles como escenarios de la película "El último emperador", de Bernardo Bertolucci, 1987) permiten entender la vacua solemnidad de aquel gobierno, cuyos integrantes (ministros manchúes) firmaban sin rechistar y sin capacidad de decidir los decretos que les preparaban sus "vicejefes" japoneses, burócratas y militares que ejercían en la práctica un gobierno paralelo.

De hecho, la elegante discreción de los despachos de estos "vicejefes", incluido el del principal "asesor japonés" de Pu Yi, el teniente coronel Yoshioka Yasunori, nos alecciona, en contraposición con el lujo ceremonial de los salones solemnes, sobre la verdadera ubicación del poder real, discreto y alejado del espectáculo para las masas

Sometido a continua vigilancia, Pu Yi entendió enseguida y aceptó sin rebelarse su función ornamental, abandonó aquellas instalaciones (apenas usaba algunos salones en ocasiones especiales) y se refugió en su residencia familiar, el palacio Jixi, donde, ya adelantado su mandato, solía despachar con sus asesores (y firmar diligentemente los decretos que estos les presentaban)

El contraste entre la grandilocuente, pero vacía actividad de los palacios oficiales, y esta residencia, un elegante e interesante edificio de sobria fachada de estilo oriental moderno, es intenso. 

Las bellas y espaciosas habitaciones con decoración occidental clásica (escalinatas, puertas y ventanales renacentistas, mobiliario de diseño moderno), vivían intensos, reales dramas familiares, personificados por la primera esposa de Pu Yi, la inteligente, sensible y atractiva Wanrong, y su segunda concubina, la educada, tranquila y bien dispuesta Tan Yuling

Wanrong, a pesar de la exquisita educación recibida y su alabada inteligencia, sensibilidad y belleza (dominaba varios idiomas, incluso el inglés, tocaba varios instrumentos musicales, era una gran conversadora...) vivía ahogada por el estricto protocolo palaciego, la total ausencia de vida matrimonial, el progresivo desprecio de su marido, la imposibilidad de divorciarse y el aislamiento social que le fue impuesto tras ser descubierta una infidelidad con uno de los ayudantes de Pu Yi. 

Ya adicta al opio (uno de los grandes dramas sociales de la China moderna, cuyo comercio en Manchuria era legal y financiaba los gastos de ocupación), Wanrong desarrolló una esquizofrenia irreversible que obligó a internarla en un hospital psiquiátrico (los sórdidos "asylum" de aquel período), donde moriría en 1946.

La frialdad de Pu Yi hacia Wanrong no pudo ser compensada por la devoción y el afecto que sentía hacia Tan Yuling durante mucho tiempo. Su secunda concubina, con la que se casó ya en Changchun, murió muy joven (en 1942, con apenas 22 años de edad) tras recibir la inyección de un médico japonés, durante el tratamiento de una leve enfermedad (cistitis). Su inesperada muerte alimentó teorías conspiratorias, ya que Yoshioka Yasunori se había opuesto a este matrimonio, y había presionado para que Pu Yi se casara con una mujer japonesa.

Los palacios imperiales de Changchun, por cuya visita se cobra una entrada única de 80 CNY, incluyen exposiciones fotográficas diversas (entre ellas, un magnífico recorrido fotográfico, videográfico y documental por la vida de Pu Yi, con detalles y filmaciones poco conocidas sobre su "reeducación" en la prisión manchú de Fushun, Liaoning), los restos de un templo sintoísta (la religión oficial de Japón, impuesta por la fuerza en Manchuria) destruido tras la huída japonesa en 1945, una piscina, varios jardines de estilo chino clásico, las cocheras, los invernaderos, las caballerizas (con una cuadra de caballos con equinos reales) e incluso un curioso hipódromo todavía en uso.


Edificios, plazas y avenidas de Changchun en los años 30 del siglo XX. Fotografías expuestas en
el antiguo palacio imperial de la ciudad (2016)




Arriba, el palacio-residencia privada de Pu Yi , conocido como Jixi, en el complejo imperial
de la antigua capital del Estado títere de Manchukuo, Changchun. Abajo, salones, jardines, fachadas y
patios de los palacios Qinmin, Huaiyuan y Tongde, donde tenían lugar los actos oficiales.


Diferentes momentos de la vida del último emperador de China, y emperador del estado títere de
Manchukuo, el manchú Aisin Gioro Pu Yi, captadas en la exposición que tiene dedicada en los
antiguos palacios imperiales de Changchun, año 2016.
 
  
Edificio principal y sala de exposiciones del Memorial por la víctimas de experimentos de guerra biológica realizados por la Unidad 731 del Ejército
japonés de Kwantung, en el distrito de Pingfan, Ha'erbin, 2015-2016

Crímenes de guerra y contra la humanidad

Sin dejar de lado los beneficios (tecnología, medicina, educación), los abusos cometidos por Occidente durante el período colonial en China (la imposición del comercio del opio, la sobreexplotación y el tráfico de mano de obra, la violencia injustificada en algunos episodios bélicos como la rebelión bóxer o las guerras del opio, el racismo) palidecen en comparación con las atrocidades protagonizadas por el imperialismo japonés. La ocupación japonesa, inspirada en su doctrina del "Gran espacio de prosperidad de Asia oriental" (consistente, básicamente, en explotar los recursos naturales y la mano de obra de los países ocupados en beneficio propio), alcanzó en China cotas de crueldad impropias de un país orgulloso de su espiritualidad, su civismo y su sentido comunitario.

Junto con Nanjing (Jiangsu, centro de China) y la incalificable masacre cometida allí por el Ejército japonés en diciembre de 1937, el Dongbei, además de la habitual represión y tortura de espías y combatientes chinos (en el que la policía militar o "Kempeitai" adquirió un siniestro protagonismo), fue escenario de uno de los mayores crímenes contra la humanidad cometidos en Asia, el uso de centenares de prisioneros (principalmente chinos, pero también coreanos, rusos y occidentales) para crueles experimentos de guerra bacteriológica y química.

Estos experimentos criminales, cometidos entre 1934 y 1945, que incluyeron vivisecciones, congelaciones, cámaras experimentales de gas y administración masiva de patógenos altamente infecciosos (peste bubónica, tifus, cólera, muermo) fueron cometidos por unidades médicas del Ejército de Kwantung (el ejército de ocupación japonés en Manchuria).

En la principal instalación de guerra biológica, la Unidad 731 de Pingfan (hoy, un distrito de la metrópolis de Harbin, a unos 20 kilómetros al sur del centro de la ciudad), las autoridades chinas han ubicado un excelente museo-memorial, con una detalladísima y documentadísima exposición explicativa, y varias excavaciones, ruinas y edificaciones recuperadas o restauradas.

A pesar de la fama de distorsión propagandística que acompaña (a veces, con razón) este tipo de exposiciones en China, el caso de Harbin, que he podido verificar personalmente consultando archivos desclasificados en Estados Unidos y Japón, es muy distinto. Estos archivos, y las monografías publicadas en los últimos 20 años, confirman no sólo la crueldad del trato recibido por los presos (rematados, sino morían antes, entre dolores insoportables, durante los experimentos) sino la impunidad de la mayor parte de sus autores, empezando por sus principales responsables, los generales japoneses Ishiro Ishii y Masaji Kitano.

El encubrimiento del crimen fue organizado por el gobierno de Estados Unidos con el propósito de utilizar el conocimiento acumulado por el programa japonés de guerra biológica, el más avanzado del mundo en aquel momento, para su propio programa de armamento bacteriológico. Los científicos militares norteamericanos no dudaron en aprovechar los datos obtenidos mediante los crueles experimentos, admitiendo en secreto que los límites éticos y legales les hubieran impedido desarrollar ese tipo de experimentación en Estados Unidos.

En conexión con el Memorial de Harbin, pero con un sentido y finalidad distintas, el Memorial-Museo del antiguo campo de prisioneros japonés de Hoten, en Shenyang (antigua Mukden) ilustra, con unas instalaciones restauradas de gran impacto emocional, el trato inhumano recibido por los prisioneros de guerra durante la guerra del Pacífico.

El Memorial (VER FOTOGRAFÍAS A LA IZQUIERDA Y ABAJO) fue impulsado conjuntamente por las autoridades chinas y las organizaciones de veteranos de guerra aliados (Estados Unidos, Gran Bretaña y Australia, principalmente) en los primeros años de este siglo, en el mismo lugar donde se encontraba el campo, del que todavía se conservaban algunos barracones, chimeneas y oficinas. El lugar, antes situado en un descampado en las afueras de la pequeña ciudad de Mukden (capital histórica de Manchuria), abiertamente expuesto a los fríos vientos invernales de la planicies manchú, ha sido completamente absorbido por la trama urbana de la nueva metrópolis de Shenyang (8 millones de habitantes).

Sin embargo, la equilibrada restauración, no muy lejos de una estación de metro, con un moderno museo, exposiciones fotográficas, barracones, duchas, letrinas, antiguas oficinas, la chimenea de la antigua caldera y un memorial con el nombre de los centenares de víctimas causa un gran impacto por su emotividad.

Muy particularmente, las colecciones de dibujos clandestinos elaborados por los soldados norteamericanos Barton Franklin Pinson (el prisionero nº 438) y William Christian Wuttke (el prisionero nº 1475), reflejando, muchas veces en tono de humor negro, la vida en el campo y los relatos de hambre, enfermedad, malos tratos, explotación laboral (jornadas de casi 16 horas en la cercana fábrica de Mitsubishi) y resiliencia de los supervivientes aleccionan al visitante sobre los horrores de la guerra.

A diferencia de los crueles experimentos con prisioneros en Harbin, los crímenes contra prisioneros de guerra cometidos por militares japoneses, incluyendo los cometidos en el campo de Hoten/Mukden, sí fueron objeto de juicio y condena en los llamados procesos de Tokyo (1946-48). Sin embargo, y aunque está documentada fotográficamente la visita de miembros de la Unidad 731 a Hoten, el uso de prisioneros de guerra aliados de este campo para experimentos de guerra biológica (principalmente, norteamericanos) no fue suficientemente acreditada en su momento, lo que facilitó en su momento el encubrimiento de los crímenes japoneses.

 
 
A la izquierda, "downtown" de la ciudad de Shenyang (Liaoning). A la derecha, escenas callejeras en Ha'erbin (Heilongjiang). Más abajo, 
dentro del texto, a la izquierda, edificios en el centro de la ciudad de Changchun. Año 2016.

Manchuria, hoy

Las provincias del Noreste de China, que suman en total más de 100 millones de habitantes (con 12 ciudades con más de 1 millón de pobladores), se encuentran en posiciones intermedias dentro del ranking de riqueza de los 31 territorios chinos (integrado por provincias, territorios autónomos y municipalidades independientes), en GDP per cápita, concretamente Liaoning, capital Shenyang (9ª); Jilin, capital Changchun (12ª) y Heilongjiang, capital Harbin (21ª).

Estos territorios son sede de importantes empresas automovilísticas (por ejemplo, Chery, en Dalian, Hafei en Harbin o Volkswagen en Changchun), aeronáuticas (la misma Hafei, principal fabricante de helicópteros de China, cuya sede se encuentra muy cerca del Memorial de la Unidad 731) y siderúrgicas, pero también de grandes corporaciones comerciales y de servicios como la conocidísima Wanda (Dalian), cuyo propietario, Wang Jianlin, es accionista del club de fútbol Atlético de Madrid .

Sin embargo, y al igual que en otras provincias similares del país, fuera de las grandes metrópolis, que disponen de una buena infraestructura de transportes y servicios, la pobreza y el subdesarrollo caracterizan el estilo de vida de la población. Estas modernas metrópolis son hoy uno de los principales reclamos para el visitante, con sus modernos centros comerciales, gigantescas zonas de ocio, impresionantes rascacielos, bonitos parques y paseos marítimos, inacabables zonas residenciales e impactantes espacios públicos como la plaza Qinghai de Dalian (la más grande del mundo, con 1.700.000 metros cuadrados) o la plaza de la Cultura de Changchun (la número 12, con 200.000 metros cuadrados)





La intensa magia
de la naturaleza manchú

No obstante, la magia del país manchú se encuentra en sus espacios naturales, encabezados por el inigualable Parque Nacional de Changbaishan (长白山), el más grande de China, con su fascinante y gigantesco volcán, del mismo nombre, y su bellísmo Lago del Cielo, en la frontera con Corea del Norte, rodeados por interminables, espesos, casi selváticos, bosques. Estas inmensas formaciones boscosas exhiben una gran variedad de árboles, sobre todo coníferas (pinos, alerces) y especies de hojas perenne y caduca (tilos, abetos, olmos) que, además de gran colorido otoñal (que equilibran perfectamente la austera, casi desértica, pero intensa tundra de las cumbres), le confieren un cierto tono de intemporalidad espiritual, casi mágico.

Ni el riesgo de ser estrujado, empujado o lanzado al vacío por la muchedumbre que suele visitar sus espacios más representativos (en primer lugar, el Lago del Cielo) anulan su impacto paisajístico. La singularidad geológica y biológica del lugar es poco discutible. Surgiendo casi de la nada en medio de la interminable planicie manchú, el enorme volcán, de millones de años de antigüedad, exhibe un monumental cráter de más de un kilómetro de largo, por otro tanto de ancho, con un precioso lago (El lago celestial, 天湖) rodeado de un borde rocoso y arenoso con una caída media de unos 200 metros de alto, y una profundidad máxima de 100 metros.

El desolado páramo (tundra) de arena, piedras y rocas que rodea la cima, junto con las ocasionales nubes (o la nieve en invierno) aumenta la inclasificable y fotogénica belleza del paraje hasta lo sublime, para deleite de las hordas de turistas que lo abordan diariamente. Hay que bañarse literalmente en la multitud (en el lago, por razones obvias, no es posible) para asombrarse con el espectáculo que ofrece, pero siempre es posible ganar una buena posición con paciencia.

El Parque está organizado en dos áreas (norte y oeste), cuyos municipios de base son Baishan (más grande, ordenado y limpio) y Songjianghe (más pequeño, caótico y sucio), ambos con oferta abundante de alojamiento y restauración (en invierno se abren gran cantidad de pistas de esquí).

El lago celestial es accesible desde ambos lados, pero las vistas desde el lado oeste son más abiertas, y esta vertiente cuenta además con el aliciente de una escalera de ascensión de 1442 peldaños que salva un desnivel de unos 300 metros en medio de la tundra desértica, característica de una altitud de más de 2000 metros (unos 2400 metros en la cumbre). Las vistas de la planicie manchú y del los salvajes e infinitos bosques que rodean la montaña hasta los 1800 metros de altura (Changbaishan es el parque más grande de China) mejoran la experiencia.

Finalmente, el lado oeste ofrece un entretenido paseo por el cañón, una profunda hendidura de centenares de metros de largo, abierta por una potente erupción que tuvo lugar hace 1000 años. El recorrido de 2 kilómetros de largo por el denso bosque de coníferas y árboles de hoja perenne y caduca, sobre la habitual pasarela de madera, permite contemplar las curiosas formas agudas de roca basáltica moldeadas por el tiempo.

Sin embargo, el área norte también dispone de interesantes complementos, empezando por las cataratas Changbaishan, las pozas de agua caliente y fuentes termales ladera abajo, y los más reducidos pero igualmente encantadores lagos Esmeralda y Pequeño Lago Celestial.

Durante mi visita (septiembre de 2016), el acceso a ambas zonas, distantes entre sí unos 100 kilómetros, se cobraba por separado, y costaba, cada uno, 125 yuan (entrada), más 85 yuan (bus), más 80 yuan extra en él área norte por el imprescindible transporte hasta la cumbre, que en el sur te ahorras a cambio de los entretenidos 1442 peldaños.

Manchuria cuenta con otros espacios naturales de alto impacto, principalmente boscosas zonas de montaña en el norte, provincia de Heilongjiang (Wudalian Chi, Yabuli, Mohe, Mudanjiang) muy protegidas del turismo durante el frío y largo invierno. Sin embargo, el desarrollo del turismo invernal, con una gran oferta de pistas de esquí, deportes de invierno y "spa", particularmente en Changbaishan, amenazan muy seriamente el milenario equilibrio ecológico de estas zonas.




Área Norte del Parque Nacional de Changbaishan, septiembre 2016


Área oeste del Parque Nacional de Changbaishan, septiembre 2016


Multitudes de turistas chinos en las Áreas Norte y Oeste del Parque Nacional de
Changbaishan, septiembre 2016


  



 
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