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China






El Estanque de la Luna Creciente y Las Montañas de Arena que Hacen Eco (MingSha Shan). 

La pequeña ciudad de Dunhuang (200 mil habitantes), situada en pleno desierto del Gobi, en la provincia noroccidental china de Gansu, fue durante siglos bastión defensivo de la Gran Muralla “Han” y parada principal de la Ruta de la Seda (ramal sur), por el que entraron en China los principales textos budistas y de otras religiones, como la musulmana o la cristiana nestoriana.
 
Este cosmopolitismo comercial, religioso y político (la región cambió de manos varias veces durante los 4000 años de existencia habitada conocida) dejó huella, por lo que el principal atractivo de la urbe es el turismo (la ciudad dispone de estación de ferrocarril y un pequeño aeropuerto).

Las cuevas de Mogao (a 30 kiolómetros), lugar de meditación con frescos y objetos de varias religiones y una famosa biblioteca, patrimonio cultural de la humanidad, son su principal referencia, pero los visitantes acuden también atraídos por los fascinantes paisajes desérticos de duna y roca, con formas tan caprichosas y conocidas como las del parque de Yadan (a 180 km), donde Zhang Yimou rodó parte de la película “Hero”.

Dunhuang fue durante mucho tiempo (y, de hecho, sigue siendo) un oasis, rodeado por el inmenso Desierto del Gobi (y no muy lejos del temible Desierto de Taklamakan), cuyos elementos locales mas característicos eran y siguen siendo el Lago de la Luna Creciente (Yuè Yá Quán, 月牙泉) y las Montañas de Arena que Hacen Eco (Ming Sha Shan, 鸣沙山)

Ambos lugares, situados a unos 6 kilómetros al sur de la ciudad, son accesibles previo pago de una entrada única de 120 CNY (60 en invierno), extras aparte (rutas en camello, “dune surfing”, recorridos en moto….), que se puede utilizar varias veces durante 3 días, lo que permite admirar los diferentes contrastes de luz y sombra de la zona, especialmente por la mañana y por la tarde.

Según los geólogos, la supervivencia del lago (rodeado de arena) en el desierto durante tanto tiempo, explicable por la disposición de las montañas circundantes, constituye un fenómeno geológico fascinante y único.

El área escénica, que muestra con orgullo la máxima calificación turística china (5 A), está considerada como Parque Geológico y aunque delimita rutas y zonas de interés y acota algunas de ellas para evitar su deterioro, no está completamente cerrada.

Esta apertura parcial permite internarse en el desierto y recorrer dunas haciendo trekking durante varios kilómetros, aprovechando en parte las rutas abiertas por los “buggy’s” y en parte mediante el entretenido y duro ejercicio de recorrer sus inestables filos.

Si te alejas un par de kilómetros de las rutas principales, en dirección sur, entre dunas y matorrales, la constante algarabía de voces desaparece, sustituida por un silencio indefinible, apenas roto, mas bien acompañado, por el suavesibilar del viento sobre la arena



 
En uno de los rincones más inhóspitos e inhabitables del desierto del Gobi, entre las provincias chinas de Gansu y Xinjiang, la acción combinada del agua y el viento ha producido un asombroso, fascinante, inconcebible obra de arte de la naturaleza, el Parque Nacional de Yardang.

El sitio, muy popular tras el rodaje de varias espectaculares secuencias del “hit” cinematográfico de Zhang Yimou “Hero”, es en realidad una antigua llanura socavada por los elementos hasta sus cimientos.

Las formas supervivientes están clasificadas por formatos arquitectónicos globales (muros, columnas, pasillos, torres) o formas animales (ocas), humanas, fantásticas (fantasmas) y religiosas (Budas). El Parque goza de la protección medioambiental y patrimonial (Unesco) más elevada, por lo que toda la visita está estrictamente supervisada.

El “paquete básico” (120 yuan) se hace en autobús, con pocas paradas y muy breves, por lo que, dado que se tardan unas 2 horas en coche desde Dunhuang, la mejor opción para disfrutarlo con algo más de tiempo (entre 1 y 2 horas, según las rutas contratadas) y ver lugares magnéticos, fascinantes y solitarios fuera de la ruta principal es alquilar un todoterreno (de 400 a 1000 yuan)

El clima en la zona es extremo y cambiante, el fuerte viento (por momentos, fortísimo) va acompañado de calor o frío, nubes o sol, e incluso gotas de lluvia o instantes de calma que se suceden en breves intervalos. El fular y las gafas son imprescindibles para no tragar arena. Hay poquísima vegetación, apenas hierbas y matojos en zonas resguardadas y la sensación por momentos es que ninguna forma de vida puede existir en esta inmensa y árida, pero bellísima, nada. 

 

 


DunHuang, el Yardang National Park, Zhang Yimou y “Hero”.
Tras visitar esta mañana el fascinante Parque Nacional de Yardang y sus sugerentes formas de piedra modeladas por el implacable viento del norte durante decenas de miles de años (dos primeras fotos y post precedente), he recuperado de Internet algunas escenas rodadas allí (con los actores Tony Leung y Maggie Cheung) del excelente film de subgénero “wuxia” (artes marciales) “Hero”, del celebrado y multipremiado Zhang Yimou.
Tras varios éxitos con el cine intimista y de crítica social, muy centrado en la resiliencia de las mujeres chinas en entornos patriarcales (Sorgo Rojo, Linterna Roja) y dos años de suspensión por la atrevida crítica política de Vivir!, Yimou cambio radicalmente de estilo y obtuvo un gran éxito de crítica y público con este espectáculo cinematográfico protagonizado por los mejores actores del cine de Hong Kong (Jet Li, Donnie Yen, Tony Leung y Maggie Cheung) y una joven promesa china del momento (Zhang Ziyi) y un actor veterano de la China continental (Chen Daoming).
La película narra en tono naturalista, casi onírico y con elevada fantasía un frustrado intento de asesinato del emperador Qin, que unificó los diferentes reinos chinos por la fuerza, con cualquier medio y sin escrúpulos morales en el siglo III ac.
Según los críticos, la aceptación por uno de los protagonistas del lema imperial (“Todo bajo el cielo”) al renunciar a su asesinato parece contener una justificación de tipo político.....



El Paso de Yangguan (阳关) o “Puerta del Sol”, situado en el desierto del Gobi (Gansu, China), al lado del oasis del mismo nombre y no muy lejos de Dunhuang (unos 60 km), era en la antigüedad una de las principales fortalezas de la frontera occidental china.
 
El fuerte, construido hace más de 2000 años, estaba integrado en el sistema defensivo de la Gran Muralla occidental, compuesta por varios tramos de muralla, torres o atalayas de vigilancia, cuarteles y puestos avanzados y construida, de Este a Oeste, durante la dinastía Han.

Yangguan era asimismo puesto de paso de la Ruta de la Seda Terrestre, junto con el Yumen Pass o Puerta de Jade, pero, tras la decadencia de la ruta, la mayor parte de las edificaciones fueron abandonadas hace más de 1000 años y, como era de esperar en un entorno tan hostil, el lugar se fue arruinando con el tiempo.

Sin embargo, el oasis mantuvo su condición de lugar del paso del tráfico comercial y religioso . A su supervivencia cultural contribuyó decididamente un poema escrito durante brillante período Tang (siglos VII a X), convertido posteriormente en canción popular, en el que se evoca líricamente la triste despedida de un viaje hacia los desconocido.

El poema se titula “Tres variaciones de Yangguan (阳关三叠, Yanguan SanDie) (ver post aparte) lo convirtió en lugar mítico en el imaginario cultural “han”. El tono profundamente melancólico del poema, un “blues” oriental en toda regla (“Oh, mi amigo, te ruego sinceramente que tomes otra copa de vino; no verás más amigos al oeste del Paso Yangguan”) fue arraigando con los siglos en la cultura popular china, y parece encajar perfectamente en el solitario, aislado, polvoriento escenario.

Yangguan, en su momento el último paso importante antes de continuar hacia el Oeste bordeando el temible desierto de Taklamakan, es hoy una “área escénica” (60 yuan, unos 8 euros), con un museo de antigüedades sobre la muralla “han” (hecho en parte con restos hallados en la zona por los propios visitantes), y una entretenida ruta circular de casi 3 kilómetros, inevitablemente al pleno sol del desierto, que recorre un par de fuertes reconstruidos, la recreación de un campamento militar “han” y las ruinas (auténticas) del faro fortificado situado sobre el paso principal de salida hacia el oeste.

La zona situada alrededor del faro permite observar unas formidables vistas del desierto del Gobi, cuyo profundo, intenso silencio, apenas truncado por la cháchara de los turistas, y su inmensa y sobrecogedora (y encogedora) aridez, contrasta con el verdor del cercano oasis homónimo, con abundante agua y vegetación, donde pueden encontrarse incluso varios cultivos de viña 




La “Puerta de Jade” o “Yumenguan pass” (玉门关YùMénGuān), situada en la frontera occidental de la China imperial, era uno de los principales pasos de viajeros y mercancías de la Ruta de la Seda, desde y hacia el Oeste, atravesado por mercancías exóticas (té, seda, jade, porcelana) creencias religiosas y conocimientos técnicos y científicos de varias culturas (europeas, arábigas, hindúes, turcomanas….) durante siglos y en ambas direcciones. 

La puerta, pasó obligatorio de todas las caravanas, formaba parte del sistema defensivo de la Gran Muralla, cuya construcción fue iniciada y actualizada, junto con otros muros y fortificaciones, durante la dinastía Han, entre los siglos II y I a.c. La “Puerta de Jade” se encontraba en el extremo occidental de la Gran Muralla, cerca de la intersección entre los dos ramales de la Ruta de la Seda que rodeaban la zona más dura del árido desierto de Taklamakan.

En la actualidad, el YuMenGuan Pass apenas conserva los restos de una de las puertas de paso, acompañada en su milenario deterioro por las ruinas de uno de los antiguos puestos fortificados (concretamente, el arsenal o almacén de municiones) y restos aislados de otras torres de vigilancia, tramos amurallados y (supuestos) materiales de construcción de las secciones amuralladas.

El desolado, silencioso paisaje desértico sirve de perfecto decorado para ilustrar la lección histórica sobre el esplendor y caída de la Ruta de la Seda, el primer gran punto de encuentro entre Extremo Oriente, Oriente Medio y Occidente.

Sin embargo, y aparte de una bellísima leyenda (que resumo más abajo), el área escénica de la “Puerta de Jade” exhibe los mejores restos de la desaparecida Gran Muralla Han, construida hace más de 2000 años (siglos II ac hasta siglo II dc). La antigüedad de la impresionante obra civil, su abandono, hace más de 1000 años (tras la caída de la dinastía Tang) y las condiciones extremas del lugar, en medio de un desierto (el Gobi) convierten en milagro la supervivencia de los restos de YuMenGuan y los convierten en valiosas joyas arqueológicas de la historia antigua china.

El lugar incluye un antiguo fuerte de unos 100 metros cuadrados, del que apenas quedan las paredes (aunque puede verse y evocarse por dentro), decorado con el paisaje de los humedales del cercano río Shule (parte del perímetro defensivo), y un magnético “castillo” de casi 100 metros de largo, que en realidad ejercía labores de almacén.
Y, finalmente, un tramo de casi un kilómetro de la antigua Gran Muralla, que la ferocidad de los elementos han reducido a la categoría de simple cerca de ganado.

No obstante, la actual valla raquítica permite observar a simple vista la excelente técnica constructiva utilizada, con materiales de la zona (piedra, barro y arena), compactados con arroz glutinoso. La entrada (60 yuan) incluye un billete de autobús, ya que el almacén y el tramo de Muralla se encuentran varios quilómetros alejados, en direcciones opuestas.

Para ser más concretos, el acceso hasta los restos de muralla exige atravesar un camino no asfaltado, lleno de piedras de diferentes tamaños y ligeramente ondulante (eso si, recto) que las cabras tendrían serias dudas en considerar como ruta practicable

LA LEYENDA DEL PASO DE YUMENGUAN
A diferencia del Yumen Pass, la Puerta de Jade carece de canción popular propia, pero en cambio dispone de una interesante leyenda para excitar la imaginación del público. De acuerdo con la “Travel China Guide” (https://eur04.safelinks.protection.outlook.com/…), el lugar era conocido como “Pequeña Ciudad Cuadrada” y también como “El Caballo que pierde su camino”, porque era habitual que algunas caravanas se extraviaran de camino por la falta de referencias visuales en varios tramos de la ruta.

Según la leyenda, una caravana perdida fue guiada hacia la “pequeña ciudad cuadrada” por un ganso que había sido salvado y alimentado por uno de sus jóvenes integrantes, mientras sus compañeros estaban perdidos, angustiados e indecisos.

La caravana se perdió de nuevo varias veces, y entonces el ganso les sugirió que incrustaran un piedra de jade de color verde oscuro en la puerta de la pequeña ciudad para que su brillante reflejo les guiara en la distancia.
Tras varias negativas del avaricioso jefe de la caravana (y otros tantos extravíos), éste finalmente aceptó colocar la piedra en la puerta, que adquirió de esta manera el nombre por el que es conocida hoy en día.





Las Cuevas de Mogao o Grutas de los Mil Budas (MògaoKu, 莫高窟) constituyen uno de los mayores patrimonios culturales, religiosos y artísticos de la historia antigua china, junto con las Cuevas de Yungang (Shanxi) y las de Longmen (Henan).

Concebidas como lugar de meditación y peregrinación budista durante diferentes periodos del primer milenio (principalmente, dinastías Sui, Tang y Song), y favorecidas por la importancia estratégica del lugar (bastión de la Gran Muralla y oasis de la Ruta de la Seda), las cuevas originales fueron ampliadas y reconvertidas en templos y monasterios, y decoradas con murales coloristas y abundantes esculturas

Una extraordinaria biblioteca con manuscritos de diferentes épocas fue descubierta casualmente en los inicios del siglo XX, tras una cueva vallada, y vendida a coleccionistas occidentales (principalmente británicos) a bajo coste, en un episodio que China considera actualmente de expoliación, ya que tuvo lugar durante el período de vigencia de los “tratados desiguales” (1842-1949).

Mogao Ku consiste en una sucesión de cuevas, templos y monasterios (492, según datos oficiales) excavados en una línea de montes situadas enfrente del río Daquan, 25 kilómetros al sudeste de la ciudad de Dunhuang (Gansu).

El esplendor de Mogao coincidió con el de la Ruta de la Seda Terrestre (hasta el siglo XIII, aproximadamente), en la que Dunhuang era parada principal, y alcanzó su cenit durante la dinastía Tang (618-907), período de alto refinamiento cultural que favoreció los intercambios con el Oeste y la entrada de religiones foráneas, particularmente el budismo hindú.

ENCICLOPEDIA VISUAL DEL BUDISMO

MoGaoKu puede ser considerada sin duda una enciclopedia visual de la sabiduría budista.

La inversión realizada en su momento por emperadores devotos, nobles locales, comerciantes de la Ruta de la Seda y pueblo llano facilitó la contratación de artistas de las mejores escuelas (china, hindú, centroasiática, nepalí) y la obtención de los mejores materiales (particularmente, los caros y exóticos pero duraderos pigmentos que caracterizan los frescos, por ejemplo, el azul oscuro obtenido del lapislázuli) para recrear, durante más de 600 años, en cerca de 500 cuevas, el fascinante y complejo universo budista.

Estatuas, relieves y frescos sobre estuco, muestran dioses (los Budas del pasado, del presente -Sakyamuni- y el popular Buda redentor del futuro -Maitreya-), semidioses o bodhishattvas (en ambiguas figuras hombre-mujer), discípulos famosos (como los dos “fijos” de Sakyamuni, el viejo Kasyapa y el joven Ananda), e infinidad de “ángeles” o espíritus celestiales voladores como los apsaras.

Acompañándolos, los diferentes niveles del cielo o del paraíso muestran infinidad de escenas basadas en los “sutras” sagrados del budismo, pero también secuencias de baile con variedad de instrumentos musicales, una característica ésta (la Música como forma de expresión divina) que la distingue de aquellas religiones en que esta expresión corporal del espíritu se asocia con lo diabólico.

Las cuevas, en fin, también muestran en imágenes aleccionadoras historias de caída, dolor y redención (con la llegada del “karma” y, en la última fase, el “nirvana”), como la mujer que se casa varias veces tras perder o ser engañada por sucesivos maridos que mueren por el camino hasta que Buda la rescata de ese interminable ciclo de sufrimiento.

MoGaoKu cuenta asimismo con un formidable Buda gigante (de pie) de casi 50 metros de altura (que ocupa el templo central, de ocho pisos de altura) y un emotivo Buda durmiente (en la posición del Nirvana) de una veintena de
metros de largo, acompañado por una variopinta corte de discípulos que le observan con rostros tristes pero también esperanzados

El sitio, un tesoro artístico, religioso y cultural de primer orden, (en la lista de patrimonio de la UNESCO desde 1987) está muy bien organizado para evitar su deterioro y garantizar su conservación y suficiencia financiera .
En consecuencia, las visitas están muy pautadas y controladas, especialmente en el recinto interior, donde se encuentran las cuevas.

El visitante debe reservar con antelación (hay un tope diario de 6000 visitas), la entrada está personalizada (hay que presentar ID o pasaporte) y cuesta 220 yuan (unos 30 euros, de las más caras de China). El comprador es citado para un día y una hora concretos, y empieza obligatoriamente la visita viendo dos documentales de unos 30 minutos en total, por otra parte de excelente factura, uno de ellos en pantalla de 36

Tras la entretenida sesión cinematográfica, una flota de autobuses desplaza la legión de visitantes hacia las cuevas, distantes unos 15 kilómetros.

En el recinto de las cuevas, los desplazamientos en grupo con guía y auricular son obligatorios, sólo se pueden visitar una decena de cuevas (las más famosas), que abre y cierra el guía tras la visita, y las fotografías están prohibidas dentro de las mismas (aunque algunas de las imágenes están disponibles en las exhibiciones). 

Sin embargo, el colorido (verdes, rojos, azules claros y oscuros, rosas, negros, blancos , marrones) y la riqueza simbólica de los dibujos y esculturas, su variedad y originalidad (parte ha sido restaurada, pero otra se ha conservado intacta durante siglos, y su valor histórico y cultural convierten la visita, que dura aproximadamente una hora, con un mínimo de sensibilidad cultural y artística, en una experiencia intensa e inolvidable




Cuevas de Yulin (Yulin Ku, 榆林窟). En medio del desierto del Gobi, a 40 kilómetros del núcleo habitado más cercano, y a unos 180 kilómetros al este de Dunhuang, las Cuevas de Yulin, en los acantilados de un profundo cañón horadado a filo por el río Yulin, las Cuevas Budistas que llevan su nombre no reciben tanta atención como las más cercanas y famosas MoGaoKu, pero por calidad y originalidad, y por su atractivo entorno natural, un pequeño oasis entre olmos (榆), dentro de un magnifica garganta, sin duda la merecen. 

Ciertamente, YuLinKu tiene una escala más diminuta, y por ello cobra una entrada mucho más baja (60 yuan, unos 8 euros, por los 220 de MoGao).

El largo viaje también es disuasorio, por lo que el número de visitantes es mucho más reducido (yo tuve una guía en inglés muy bien documentada para mi solito. Sin embargo, y aunque el Buda gigante y el Buda durmiente también miden la mitad que los de Mogao (unos 20 y 10 metros, respectivamente), la calidad, el detalle, originalidad y el colorido de los frescos es la misma.

Las 42 cuevas albergan decenas de estatuas policromadas y pinturas murales sobre superficies alisadas y estucadas con yeso y otros materiales, algunas restauradas, datados principalmente en los períodos Tang y Song (entre los siglos VII y XIII) de la historia china.

Se trata de edificaciones excavadas en la montaña a partir de cuevas naturales existentes, algunas de ellas con una distribución homogénea (cámara, antecámara, salón) que albergan no sólo arte religioso (dioses, semidioses y santos budistas) sino también representaciones mundanas o profanas, como escenas musicales y actividades agrícolas de culturas diversas, no exclusivamente “han".



Las Cuevas Occidentales de los Mil Budas y el Cañón del Río Dang.

 Sin el atractivo ni la fama de las famosas Cuevas de Mogao (a 50 kilómetros), en un recinto mucho más pequeño y en proceso de restauración en su mayor parte, la visita de las Cuevas Occidentales de los Mil Budas (30 yuan, unos 4 euros, nada que ver con los 220 CNY de MoGao Ku) permite descubrir, sin embargo, el formidable cañón de arenisca que las cobija, en el lecho del río Dang (a 30 km de Dunhuang, Gansu, China).

El lugar, caracterizado por el suave arrullo del agua en primer plano, paradójicamente acompañado, en segundo plano, por el inigualable “sonido” del silencioso desierto que la rodea, parece ideal para practicar la meditación y alcanzar el nirvana, o al menos la elevación del espíritu.

Las elegantes pinturas (frescos sobre estuco de cal) y estatuas policromas de diferentes dioses, semidioses, santos y símbolos budistas se encuentran en recintos cerrados, y no pueden fotografiarse por razones obvias de conservación (de hecho, la mayor parte se perdieron en el pasado por sucesivas inundaciones y saqueos). Las obras ocupan una veintena de cuevas



Los estudios de cine de Dunhuang (Gansu, China) fueron construidos en los años 80 del siglo pasado para el rodaje de una superproducción cinematográfica ambientada durante la dinastía Song (siglos XI-XIII) y titulada precisamente Dunhuang (“The Silk Road”, 1987). 

Los productores japoneses, sin escatimar en gastos, construyeron una ciudad entera en medio del desierto, al pie de la espectacular cordillera de dunas Mingsha Shan (a unos 25 kilómetros de la ciudad).

El diseño de producción trabajó con rigor, inspirándose para ello en las dibujos de aquella época, particularmente en el celebre rollo costumbrista “A lo largo del río durante la fiesta del Qing Ming”, un colorido y detallado dibujo de la dinastía Song (alrededor del siglo XIII), una de cuyas cuatro reproducciones puede contemplarse en el Museo Nacional del Palacio, en Taipei (Taiwán).
 
Utilizando materiales auténticos de la zona (ladrillo, madera, adobe, tela), y recreando diferentes ambientes, negocios, viviendas y edificios públicos hasta en los detalles mas insignificantes (mercados, camas, vajilla de cocina, sala de ancestros, establos), los diseñadores consiguieron que algo tan falso y efímero como un estudio cinematográfico deviniera, con el tiempo, un estudio permanente, donde se han rodado infinidad de series de TV y películas, e incluso una atracción en si misma.

El paso del tiempo le ha tratado bien y el deterioro resultante, que ha hecho disminuir su atractivo para el cine, le ha proporcionado sin embargo una paradójica pero encantadora apariencia de autenticidad, convirtiendo la ciudad donde nunca nadie vivió en un lugar con vida propia


















 
 
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