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Japón

La isla de Hokkaido, en el noreste de Japón, es una de los mejores lugares de Japón para la práctica de las actividades de naturaleza, el trekking y el senderismo, junto con otros lugares menos conocidos, pero igualmente atractivos, como los Alpes Japoneses y la prefectura de Wakayama, en la isla central de Honshu, la península de Shimabara y el área del Volcán Aso y Taroko, en Kyushu, o el archipiélago de Okinawa
Estos espacios, algunos casi vírgenes (como el parque nacional Shiretoko, en Hokkaido), comparten la fuerza, la diversidad y la belleza derivadas de su carácter primordialmente volcánico.

Este es también el caso de Hokkaido, que añade su localización septentrional (con fríos inviernos y paisaje completamente nevado durante casi 6 meses) y la poca densidad de población (unos 5,3 millones de habitantes en 77.000 km2, 1/3 de ellos en la capital, Sapporo) y la existencia de una pequeña pero aún visible minoría “ainu” para dotarse de un carácter singular. La isla no fue colonizada seriamente por Japón hasta finales del siglo XIX, por lo que todavía conserva un cierto carácter de frontera, acentuado por el severo clima invernal (muy suave y agradable, en cambio, en los meses de verano).

Los parques volcánicos. los densísimos bosques alpinos, los barrancos y los ríos y, en fin, , los extensos, kilométricos lagos, del centro y el noreste de la isla, en una zona muy poco poblada, (Daisetsuzan, Akan y Shiretoko, principalmente) ofrecen, aunque parezca excesivo exponerlo así, una extraordinaria, inacabable experiencia de naturaleza semivirgen.

El Shiretoko National Park (nombre de origen ainu que significa “el lugar en el que la tierra sobresale), situado en la península del mismo nombre, en el noreste de Hokkaido, es una zona casi virgen, sin carreteras ni núcleos habitados, apenas poblada por unos cuantos osos pardos. Esta virginidad, que hoy en día apenas puede encontrarse en localizaciones extremas, y su singularidad geológica y paisajística (en particular, los bosques y los lagos del interior, y los acantilados de la costa) han permitido que fuera declarada Patrimonio Natural de la Humanidad por la Unesco

Los volcanes Oakan y Meakan son los puntos de referencia del Parque Nacional de Akan, en el este de Hokkaido. Según la tradición de la minoría indígena Ainu, ambos volcanes (que simbolizan el hombre y la mujer, Pinneshiri y Machineshiri, por este orden) están casados, aunque en realidad vivan separados unos 20 kilómetros. Esta pareja moderna no puede ser más diferente: el Oakan, algo más bajo (1370 metros) se quedó bien descansado generando un enorme lago de más de 20 kilómetros de anchura (el lago Akan, que da nombre al parque), por lo que ahora mismo se encuentra inactivo.
Sin embargo, la mujer Meakan, más alta (1499 metros), continúa algo inquieta: sigue en actividad, entró en erupción hace poco y es habitual que provoque pequeños terremotos, caídas de rocas y emita gases venenosos (por lo que subirla resulta algo peligroso), tal vez para compensar las pequeñas dimensiones de “su” lago (un par de kilómetros de ancho), el Onneto. Lógicamente, me pareció mas interesante visitar el lago del primero y ascender el segundo.
En cualquiera de los dos casos, la naturaleza ha sido generosa: los dos volcanes están rodeados de rápidos cursos fluviales, frondosos e interminables bosques de altas coníferas (pinos y abetos, especialmente), donde es relativamente fácil observar (aunque no fotografiar) ciervos, búhos, zorros y gran variedad de aves y mariposas y abundantes fuentes termales u “onsen”, una de las grandes pasiones del viajero japonés.
No muy lejos, unos 50 kilómetros al norte, el lago Kussharo, de origen volcánico, con 57 kilómetros de circunferencia, ofrece varia rutas de trekking, navegación y baños "onsen" (termales). El bellísimo lago puede verse en toda su extensión desde el paso de Bihoro. 
La minoría indígena Ainu, principal grupo de población de la isla de Hokkaido hasta finales del siglo XIX, tuvo en el actual Parque Nacional de Akan (este de Hokkaido, Japón), uno de sus centros culturales y religiosos. Al igual que otras minorías parecidas, los Ainu asentaron su identidad y modo de vida en una relación armónica con el entorno natural, que les proveía de alimento, vivienda y símbolos de identidad y espiritualidad (principalmente, animales, como el búho).
Los Ainu fueron asimilados con rapidez tras la colonización masiva de Japón (entre la segunda mitad del siglo XIX y la primera del siglo XX), por lo que la ley japonesa de reconocimiento y protección (2005) les ha llegado muy tarde: hoy apenas quedan unas pocas comunidades, y oficialmente están identificados unos 20.000.
La localidad de Akanko, en la ribera del largo Akan, trata de conservar una pequeña parte de su legado cultural, con un teatro, una sala de exposiciones, algunas viviendas tradicionales y originales totems (cansados por la Universidad de Sapporo), y una muestra de su artesanía tradicional, ubicada en una calle comercial exclusiva.
El Parque Nacional de Shiretoko, en el extremo noreste de la isla de Hokkaidō, uno de los seis parques naturales de esta isla de naturaleza privilegiada, se mantiene en estado casi virgen, bajo protección de la Unesco. 
Hábitat natural del oso pardo (que se acerca de vez en cuando a las pocas áreas accesibles, rutas ecológicas y "trails" de montaña, por lo que abundan los consejos de seguridad), casi toda la península está ocupada por montañas de origen volcánico, innumerables fuentes termales ("onsen"), espesísimos bosques alpinos, lagos, humedales, cascadas, tundra, y variada fauna, en la que destacan el citado oso pardo, y el ciervo. 
Apenas dos carreteras costeras, una interior que se cierra en invierno, y un par de puertos pesqueros. 
El Mar interior de Okhostk, que se congela en invierno, es clave en su equilibrio ecológico, por la cantidad de nutrientes que genera para la cadena alimentaria.

El Parque Moerenuma de Sapporo, en Hokkaidō, Japón. La ciudad de Sapporo, capital de la prefectura de Hokkaido trata de superar su mala fama de ciudad anodina y cuadriculada (literalmente: el callejero es una sucesión de cuadrados) para el visitante, que escapa rápido hacia los inigualables parques naturales de la zona. La metrópolis (2 millones de habitantes, 1/3 de la isla) ofrece atracciones singulares, como el singular Parque Moerenuma, ubicado en un extenso y relajante espacio de las afueras, en la ribera de un gran río. Tres grandes pirámides, dos de tierra y piedra con espectaculares vistas, y una de vidrio (estilo Louvre, aunque incompleta), dedicada al arte contemporáneo, son los puntos de referencia de un extraordinario y espacioso diseño de espacios, dedicado al los volcanes locales, con fuente musical, instalaciones artísticas y esculturas, circuitos de bicicleta, zonas de pesca, un campo de béisbol y césped, mucho césped. Eso si, los japoneses, con su habitual frugalidad, se han ahorrado bancos y papeleras (como ya saben los que han viajado por Japón lo suficiente, el usuario de espacios públicos debe llevarse a casa sus desechos)
La ciudad de Sapporo ha trasladado o reconstruido la mayor parte de sus edificios históricos en un tranquilo bosque de las afueras, la "Historical Village". El resultado ha sido espectacular, como otras experiencias parecidas en Japón, como el Glover Garden de Nagasaki.
La cuarentena de edificios, almacenes, comercios y viviendas, de estilo occidental y japonés clásico, cuidadosamente amueblados y bien explicados, fueron construidos durante la primera pare de la colonización japonesa, en el periodo Meiji, último tercio del siglo XIX, incluye "delicias" históricas como un pequeño tranvía tirado por un caballo, una granja de la época o la imprenta de un periódico en funcionamiento.
Una parte de las viviendas japonesas, en madera, han sido donadas por sus propietarios.



 
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