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China

Conocido por sus pasos angostos y sus vertiginosos precipicios, el “Monte de las Flores” o “Monte Florido” (华山, HuàShān), situado a 120 kilómetros de Xi’An (Sha’anxi, China) es una de las Cinco Grandes Montañas de China (五岳, Wuyuè), concretamente la montaña occidental.

Este grupo de montañas se convirtieron durante la antigüedad clásica en símbolos del orden cósmico, cultural y religioso universal (según la visión china) y en destino obligado de las peregrinaciones imperiales. Además de HuaShan, este grupo principal de montañas lo integran, también el TaiShan (Este, ShanDong), HengShan-衡山 (Sur, Hunan), HengShan-恒山 (Norte, ShanXi) y SongShan (Centro, ShanXi).

Estas cordilleras, cuyo carácter sagrado ha facilitado su conservación y biodiversidad, tienen perfiles parecidos (grandes paredes verticales de roca, con formas sugerentes, habitualmente rodeadas de niebla, con pinos y arbustos enclavados entre las rocas), todas ellas dotados de gran magnetismo, equilibrado “feng shui” y poderoso impacto visual, lo que las ha convertido no sólo en lugar de peregrinación religiosa, sino en modelo de referencia para la poesía clásica, la caligrafía tradicional y la elegante y sobria pintura paisajista en tinta china.

De acuerdo con la mitología taoísta, la cordillera HuaShan es hogar del dios de ultratumba, lo que, vistos los peligros del recorrido, tiene bastante sentido: en un despiste puedes convertirte en su cliente potencial y reunirte con él por la vía más directa.

En cualquier caso, la montaña era en origen el destino de los alquimistas del Tao que trataban de comprender los secretos de la inmortalidad y acudían también atraídos por la fama de sus plantas medicinales y alucinógenas, muy usadas en la medicina tradicional china (cuyo origen filosófico se encuentra precisamente en el Tao).

La superstición hacia lo tenebroso, junto con la dificultad acceso, no resuelta hasta tiempos modernos, y los peligros de la ascensión, mitigados en buena parte y sólo en la última década con medidas de seguridad adicionales (barandillas, escalones, cadenas de sujección..) explica que fuera la menos visitada de las montañas taoístas.

En los años 80, la ascensión se puso de moda entre los jóvenes universitarios de la zona como prueba de resistencia, fortaleza y madurez. La historiografía local celebra el (militarmente) intrascendente aunque vistoso y simbólico asalto protagonizado por una pequeña fuerza del Ejército Popular de Liberación, en 1949 (casi finalizada la guerra civil) por la (entonces) difícil ruta Norte contra un cuartel del Ejército nacionalista de Kuomintang situado en la cumbre.

En la actualidad, las montañas HuaShan, compuestas por 5 picos principales (Norte, Este, Oeste, Central y Sur, el más alto, con 2155 metros de altura) son accesibles desde la ciudad de Huayin, que dispone desde hace poco de estación de tren de alta velocidad (línea Xi’An-ZhangZhou) y abundante oferta hotelera, parte de ella dentro de la misma zona montañosa.

El área escénica de Huashan incluye tres rutas principales de acceso, dos de ellas dotadas de teleférico. La entrada para 1 día vale 150 yuan, y para 3 días cuesta 180 yuan, unos 23 euros, al que puede añadirse, si se va por la ruta norte, bus lanzadera, 20 yuan, y teleférico, 150 yuan el trayecto de ida y vuelta.

Las rutas de ascenso están repletas de templos, cuevas, pabellones, puertas y caligrafía esculpida en la piedra, casi todos ellos inspirados en el Tao, un sistema de creencias ancestral basado en el autoconocimiento, el equilibrio, la conexión con la naturaleza y el propio cuerpo La Ruta Norte, uno de los trayectos dotados de teleférico, también conocida como “Ruta de los Soldados” (por el episodio antes descrito) puede ascenderse (o descenderse) también por un sendero escalonado que llega hasta el pico del mismo nombre (1614 metros de altura).

Este pico sólo dispone de un paso hacia los otros cuatro (el paso Junsuo, situado a casi 2000 metros de altura y accesible tras una empinada ascensión), que se comunican entre si mediante varios senderos y pasos. En algunos casos, atravesarlos es literalmente una experiencia “de vértigo”, incluso con las medidas de seguridad aplicadas en los últimos años, ya que algunos tramos, apenas un filo de roca entre profundas paredes de caída vertical, sólo dejan espacio para una persona. El sendero “Plank Ridge”, por ejemplo, sólo puede recorrerse usando arneses de seguridad (30 yuan más al “carrito de compra”).

Mi primer día (tarde) en Huashan estuvo condicionado por la lluvia) y, sobre todo, las nubes, que hacían difícil o casi imposible la contemplación de las grandes vistas, por lo que tuve que contentarme en la visión corta y, sobre todo, con la práctica de uno de los deportes ancestrales de la población china, ascender por empinadas e inacabables escaleras hasta tocar el cielo (Tian, 天).

Sin embargo, el segundo día, con las cumbres despejadas, apenas una lluvia ligera en momentos puntuales y temperatura muy suave, la cordillera ofreció lo mejor de sí misma: mares de nubes rodeando las formidables paredes rocosas de 2000 metros de altura, aderezadas con pinos en sus grietas, formando los pasmosos paisajes que inspiraron a poetas, pensadores y artistas de la China clásica.

El irreal aunque magnético escenario fue, ciertamente, en el lejano pasado, un lugar de peregrinación para las élites (emperadores, oficiales, filósofos, pintores, alquimistas) y personas de vocación religiosa en búsqueda de silencio, crecimiento, comprensión y trascendencia espiritual. Estos personajes, entre ellos, el celebrado poeta Du Fu (siglo VIII) y sus ayudantes abrieron los primeros senderos y construyeron los primeros templos y cuevas.

Sin embargo, las peregrinaciones del presente semejan más bien romerías llenas de ruidosa algarabía en la que la experiencia del espíritu se centra en actividades menos trascedentes: la diversión, el reto físico y el contacto humano (y alguna ofrenda en los numerosos templos). El grupo compacto de turistas locales domina el espacio como celebración lúdica de la vida y el único momento en que es posible lograr algo de profundidad y silencio (puedo dar fe) es levantarse muy temprano y acceder al recinto antes de la llegada de los grandes autobuses.

Tras acceder a pie (Entrada Oeste) o en teleférico (Entradas Este y Oeste: 150 yuan), el parque puede recorrerse mediante un entramado de varias rutas bien señalizadas que comunican su cinco grandes picos (una representación en escala de las Cinco Grandes Montañas), cada uno de los cuales posee elementos característicos y diferenciados (miradores, templos, caligrafías con lemas religiosos, leyendas, poemas, incluso las vistas, según la hora del día, la luz o el clima).

Los ascensos y descensos salvan desniveles de entre 100 y 200 metros de promedio mediante las populares y recurrentes escaleras, salvo el del Pico Norte (1614 metros de altura), cuyo desnivel comparado de casi 500 metros se salva mediante una estrecha escalera situada en el filo de la montaña. Los Picos Norte, Este (2096 metros), Sur (2154 metros, el más alto de las Cinco Grandes Montañas), Oeste (2082 metros) y Centro (2036) forman los puntos de referencia de la ruta



“Plank Ridge Experience”. El Pico Sur de las cordillera HuaShan (华山, HuàShān, Monte Florido), en la provincia noroccidental de Sha’AnXi, una de las Cinco Grandes Montañas de China (五岳, Wuyuè) dispone de una de las atracciones más sensacionales e inverosímiles de los grandes parques montañosos del país, y sin duda la más peligrosa (y casi suicida), conocida (en traducción libre) como el “Sendero de los tablones de madera”.

El sitio, situado en una pared del Pico Sur, con varios centenares de metros de caída vertical, comunica dos pequeñas cuevas de meditación taoísta mediante un estrechísimo sendero hecho con tramos de entre 3 y 4 tablones de madera, algunos pequeños escalones excavados en la piedra y unos cuantos listones de hierro ubicados en una grieta de la montaña.

El visitante se juega la vida previo pago de 30 yuan (una forma barata de morir, sin duda: algo menos de 4 euros), recibe un arnés para los hombros, con dos cuerdas atadas a dos mosquetones de seguridad y, por su cuenta y riesgo, desciende primero por los listones de la grieta, luego, ya en línea recta, “levita” (casi literalmente) por los tablones y algunos peldaños en la roca hasta llegar a la segunda cueva (sin contar selfies, unos 15 minutos).

El “suicida” dispone de cadenas de hierro para agarrarse y tramos consecutivos de cables de acero recubiertos de plástico donde debe asegurar los dos mosquetones e ir avanzando. En este punto, y si se desea sobrevivir, la concentración es esencial, ya que, una vez se acaba el tramo de cable (y hay más de veinte), hay que cambiar y asegurar primero un mosquetón y luego el otro. Nada impide, salvo el sentido común y el vértigo, que te avisan a lo grande, cambiar ambos simultáneamente, pero no parece ser lo más saludable.

Para añadirle más dramatismo, luego hay que volver por el mismo sitio (y jugarse la vida por segunda vez), y es que el final del sendero carece de salida (tras la segunda cueva, sólo hay más pared), por lo que, dado lo estrecho del paso y su elevada peligrosidad, y teniendo en cuenta que el recorrido sólo admite el paso de una persona a la vez, hay que regresar una vez acabe toda la tanda.

A pesar de todo lo dicho, hay colas para probar (la de inconscientes que andan sueltos), por lo que conviene llegar temprano (aunque, recuperando el tópico: nunca es tarde para morir).
 
 
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