La masacre de Nanjing - Anlari Blog

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China

Muy cerca del 80º aniversario de la matanza de prisioneros y civiles cometida por el Ejército Imperial Japonés en la capital de la República de China (diciembre de 1937-marzo de 1938), la lectura del magistral ensayo "THE RAPE OF NANKING. THE FORGOTTEN HOLOCAUST OF WORLD WAR II" ("La violación de Nanking. El holocausto olvidado de la Segunda Guerra Mundial", editado en español por Capitán Swing Libros SL, 2017), de la malograda escritora estadounidense IRIS CHANG (1968-2004), produce un intenso desasosiego emocional e intelectual del que, tras su absorbente lectura, absolutamente nada puede librarte.

El relato describe las sucesivas atrocidades cometidas por los soldados japoneses tras la caída de Nanjing, el día 13 de diciembre de 1937, y durante las siguientes seis semanas. 

Aleccionados mediante arengas deshumanizadoras y racistas por oficiales y mandos militaristas de extrema derecha, con el conocimiento y la complicidad del gobierno japonés, los militares desencadenaron una orgía de violencia nunca vista sobre centenares de miles de hombres y mujeres, niños y ancianos, atrapados en la ciudad (asesinatos, violaciones, empalamientos, entierros en vida, torturas con perros, incendios). Una masacre imposible de explicar en términos humanamente soportables.

Sin embargo, mediante su documentada obra, éxito de ventas en Estados Unidos, Iris Chang, hija de emigrantes chinos, ambos profesores de la Universidad de Indiana, consiguió rescatar del olvido uno de los mayores crímenes de la historia de la humanidad. 

El libro, que sacudió a la opinión pública norteamericana tras su publicación (1997) expone concisamente, mediante una estructura apropiada y con notable habilidad narradora, pero mostrando gran sensibilidad hacia las víctimas olvidadas, las innumerables pruebas del genocidio cometido, procedentes en su mayoría de fuentes primarias (testimonios directos y documentos de la época o posteriores, algunos de ellos desclasificados por Estados Unidos poco antes de la edición del libro).

El desgarrador relato (alguno de cuyos capítulos, muy en particular el cuarto, junto con las pocas pero elocuentes fotografías expuestas, no son en absoluto aptos para personas sensibles), está avalado no sólo por el testimonio de las víctimas chinas, o de periodistas, diplomáticos y residentes extranjeros que los vivieron personalmente. Buena parte de los datos conocidos proceden de militares, periodistas, diplomáticos e historiadores japoneses, algunos de los cuales fueron elaborados muy poco después de la masacre, corroborando lo ya acreditado en los juicios celebrados en Nanjing (1946-47) y Tokyo (1946-48).

El absurdo debate impulsado por los revisionistas japoneses sobre el número de víctimas (establecido en un total aproximado de 260.000 asesinados, y entre 20 mil y 80 mil violaciones, por el Tribunal Penal Internacional para el Extremo Oriente -1946-48-, aunque expertos chinos sostienen que podrían haber sido muchos más) no puede esconder la incalificable crueldad de los actos allí cometidos.

Testimonios del horror: 
Liu Xiuying y John Rabe

No obstante el horror, Iris Chang logra conmovernos con el emotivo relato de las víctimas chinas que lograron sobrevivir y sobrellevar las innumerables heridas físicas y emocionales padecidas, y los compatriotas que les ayudaron, como los anónimos miembros de la sociedad benéfica budista "Esvástica Roja" ("shìjiè hóngwànzìhuì": debe remarcarse que la esvástica es un ancestral símbolo religioso budista), que trabajaron incansablemente enterrando los miles de cadáveres que iban dejando los ocupantes por toda la ciudad.

Entre las víctimas, la historia más conmovedora y aleccionadora que se expone en el libro es la de Li Xiuying, una joven de 18 años que resistió ferozmente el intento de violación de varios soldados japoneses, que la dieron por muerta tras asestarle 37 heridas de bayoneta. Sobrevivió milagrosamente y, a pesar de las cicatrices, dio testimonio del horror hasta su muerte en 2004.

El libro de Chang también rinde homenaje a los líderes de la Zona de Seguridad de Nanjing, principalmente norteamericanos y alemanes, que lograron salvar a decenas de miles de mujeres, niños y ancianos. Entre los miembros del Comité sobresalen, por méritos propios, el doctor y director del hospital universitario de Nanjing, Robert Wilson (único cirujano de la ciudad durante las primeras semanas de ocupación, que operó y salvó casi sin medios a miles de heridos); la educadora Minnie Vautrin, directora de la escuela "Ginling Women's Arts and Science College" (llamada "la diosa viviente de Nanjing" por su heroica defensa de los centenares de civiles refugiados en su escuela); y el ejecutivo alemán de Siemens y líder nazi de la comunidad alemana de Nanjing, John Rabe.

Este último fue sin duda el más improbable de todos los héroes, y por ello el testimonio directo menos sospechoso de parcialidad (Japón y Alemania ya eran aliados en aquella época). Rabe, desarmado, y con el único (pero históricamente paradójico) apoyo de sus brazaletes del partido nacionalsocialista alemán y la Cruz Roja, se jugó literalmente la vida ante el enfebrecido ejército japonés para salvar a hombres de ejecuciones masivas y a mujeres de las brutales violaciones de los soldados nipones. El ejecutivo alemán, que padeció privaciones en Alemania por su pasado nazi hasta su rehabilitación, tras la guerra, es conocido por ello como el "Oskar Schindler de China".

El escarnio del revisionismo 
japonés

Sin embargo, las heridas distan mucho de haber sido cerradas. El negacionismo del gobierno japonés y del gobernante Partido Liberal Democrático de Shinzo Abe,  dominado por el "lobby" revisionista "Nihon Kaigi" (organización de extrema derecha compuesta por académicos, empresarios, jueces, políticos y sacerdotes sintoístas, entre otros, a la que ha pertenecido el propio Abe), lo impide.

No se pagaron reparaciones, ni se admitieron los hechos, ni se pidieron disculpas. No se explicaron ni se explican los hechos de manera abierta en la sociedad japonesa, se omiten las crueldades cometidas en los programas educativos y se censuran libros escolares que contienen mínimas referencias sobre la masacre, en abierto contraste con lo que sucede en Alemania, donde la negación del Holocausto nazi es delito.

Se atacó y aún se ataca a los que trataron de mostrar arrepentimiento o exponer la verdad, e incluso se difamó a las víctimas, como Li Xiuying, que, ya octogenaria, tuvo que pleitear en Japón contra el historiador revisionista japonés Toshio Matsumura para restablecer su honor en 2004.

Y se permite el inconcebible enaltecimiento de criminales de guerra y organizaciones criminales como la policía militar o "Kempeitai" (la "Gestapo" japonesa), algo que pude comprobar personalmente en el templo sintoísta de Yasukuni, en Tokyo, el mes de noviembre de 2016.

Todo ello, como inaudita e injustificable segunda victimización, para escarnio de las víctimas supervivientes y sus familiares, y como permanente foco de conflicto emocional en la zona, no sólo con China, sino también con otras comunidades nacionales víctimas del imperialismo japonés, como Corea, Filipinas o Vietnam.

No obsgtante, tampoco China (ni la República de China hasta 1949, ni la República Popular desde entonces y hasta hace muy pocos años) ha sido ejemplar en el reconocimiento de sus víctimas, ni en el cuidado ni rehabilitación de sus supervivientes (hombres mutilados, mujeres violadas, muchos de ellos discriminados en la posguerra), ni en la solicitud de reparaciones, ni tan siquiera en el reconocimiento de sus héroes. 

Muchos habitantes de la ciudad vivieron con dolor la tibieza del gobierno chino en relación con la petición de reparaciones tras el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Japón, en 1973, y la firma del tratado de paz chino-japonés en 1978. Así lo refleja Iris Chang en su libro.

Iris Chang (1968-2004). 
Escritora y periodista estadounidense, hija de profesores universitarios de origen chino, nacida en Indiana, residente en California, se suicidó en 2004, víctima de un profundo desequilibrio psíquico que su exmarido, Bretton Douglas, explica sinceramente, pero con mucho tacto, en el epílogo de la edición de 2007 del "The rape of Nanking" (1997). Este libro fue un extraordinario éxito de ventas en Estados Unidos, e inspiró estudios, debates públicos, documentales y películas. 
Iris, que alcanzó gran notoriedad y denunció la posición revisionista del gobierno japonés entorno a la masacre, escribió dos libros más , el primero (1995) sobre el científico Hsue-Shen Tsien, impulsor del programa de misiles de la RP China ("Thread of the Silkworm"), y el tercero sobre la emigración china en Estados Unidos ("The Chinese in America (2003)). La escritora tiene dedicada una estatua en el Memorial de la Masacre, en Nanjing (abajo, a la izquierda)


Toshiaki Mukai y Tsuyoshi Noda. 
Estos dos suboficiales del Ejército Imperial Japonés simbolizan mejor que ningún otro la indiferente crueldad con la que fueron tratados los prisioneros chinos durante la masacre de Nanjing. Ambos, de manera consciente y deliberada, iniciaron una "competición" para determinar quién conseguía cortar primero más de cien cabezas de prisioneros. El macabro episodio fue ampliamente publicitado por la propia prensa japonesa, lo que facilitó tras la guerra su detención, condena y ejecución en la prisión especial para criminales de guerra de Sugamo (Tokyo)


Plano de los movimientos del Ejército japonés en su marcha hacia Nanking, tras la larga y dura batalla acaecida en Shanghai (arriba, derecha), y croquis con la localización de los principales escenarios de la masacre, extraídos ambos del libro de Iris Chang. Abajo, a la derecha, mapa actual de la zona.


Li Xiuying (1919-2004). 
Esta joven de Nanjing, de 18 años, resistió ferozmente el intento de violación de varios soldados japoneses, que la dieron por muerta tras asestarle 37 heridas de bayoneta. Xiuying fue curada por el doctor Wilson en el Hospital Universitario de Nanjing (foto de la derecha). Sobrevivió milagrosamente y, a pesar de las cicatrices, dio testimonio del horror hasta su muerte en 2004. Ese mismo año, demandó al historiador revisionista japonés Toshio Matsumura que la habia llamado "fraude". Un tribunal japonés le dió la razón poco antes de morir.

John Rabe (1882-1950). 
Hombre de negocios alemán, y jefe del partido nazi en Nanjing, Rabe, junto con otros residentes extranjeros, principalmente alemanes y norteamericanos (entre los que sobresalen el doctor Robert Wilson y la directora de escuela Minnie Vautrin), impulsó en 1937 la creación de una Zona de Seguridad para civiles durante la batalla de Nanjing, lo que contribuyó a salvar miles de vidas. Este hecho, junto con su condición de nazi y hombre de negocios, le ha otorgado el sobrenombre del "Oskar Schindler de Asia". El ejecutivo de Siemens también dió testimonio de los asesinatos, las torturas y las violaciones masivas cometidas por los japoneses en sus diarios.


 

Impacto cultural
El libro de Iris Chang tuvo un profundo impacto en la opinión pública de Estados Unidos y China en el final de la década de los 90, y los inicios del siglo XXI, con lo que la escritora logró su principal objetivo, hacer visible el olvidado holocausto acaecido en Nanjing entre 1937 y 1938. ç
Numerosos libros, documentales y films se han ocupado desde entonces de ampliar, documentar y visualizar lo ocurrido. Sin duda, la extraordinaria película de Lu Chuan "City of Life and Death" (2010), filmada en un soberbio blanco y negro, y tratada con un intenso pero contenido dramatismo, y premiada en el Festival de San Sebastián, se ha convertido en obra cinematográfica de referencia sobre la materia. 
La novela de la escritora china Geling Yan "The flowers of war", adapatada al cine por Zhang Yimou, y la película "Los Niños del Huangshi", centrada durante la primera media hora en la masacre, son otros títulos de interés relacionados con el citado episodio histórico, además del documental "Nanking", premiado en Sundance (2007), y del que puede encontrarse un enlace de youtube más abajo.

 

Héroes
Arriba, a la izquierda, la profesora estadounidense Minnie Vautrin, que, en circunstancias heroicas, convirtio la enorme escuela que dirigía en Nanjing en un campo de refugiados, sobre todo mujeres. El sobre esfuerzo la dejó físicamente agotada, emocionalmente exhausta y espiritualmente derrotada. Se suicidó en Estados Unidos, tras regresar en 1941. A la derecha, arriba, el doctor Robert Wilson, director del Hospital Universitario de Nanjing, durante semanas el único cirujano disponible en una ciudad repleta de heridos.
Abajo, a la izquierda, una parte del Comité de la Zona de Seguridad de Nanjing, con John Rabe en el centro. También abajo, en el centro y a la derecha, los misioneros estadounidense George Ashmore Fitch y John Gillespie Magee cuyos testimonios fotográfico y cinematográfico permitieron, primero la denuncia, luego el enjuiciamiento, y hoy en día la memoria histórica de lo sucedido.

 

Criminales juzgados y criminales impunes
Arriba, izquierda, el teniente general Matsui Iwane (que aparece también desfilando a caballo por las calles de Nanjing pocos días después de la ocupación). Matsui era el principal jefe militar japonés durante la batalla de Nanjing, y en los días posteriores. Juzgado como criminal "clase A", condenado a muerte y ejecutado en Tokyo en 1948 como principal responsable de la masacre. Abajo, a la izquierda, los tenientes generales Yanagawa Heisuke y Nakajima Kesago, que comandaban las columnas norte y sur del avance nipón, respectivamente y que murieron en 1945, antes de ser juzgados. Las tropas de Yanagawa cometieron otra masacre menos conocida en Suzhou, de camino hacia Nanjing.
A su derecha, una imagen del juicio en Nanjing (1946-47) del teniente general Tani Hisao, jefe de la sanguinaria 6ª división del Ejército Imperial Japonés (foto con gafas), protagonista de las principales masacres de prisioneros de guerra en los primeros días de la ocupación. Condenado a muerte y ejecutado en 1947.
Sin embargo, el príncipe imperial Asaka Yasuhiko, que aparece en las fotografías del centro y la derecha (esta última, tomada en Nanjing en diciembre de 1937) se benefició de la inmunidad concedida a la familia imperial por el Jefe del Alto Mando Aliado, Douglas McArthur, a pesar de que, como teniente general, mandaba una de las principales columnas que ocuparon la ciudad. Según Herbert P. Bix ("Hirohito and the making of modern Japan", premio Pulitzer en 2001), el emperador Hirohito, tío de Asaka, conoció lo sucedido en Nanjing, aunque no hay pruebas de que lo autorizara. Sin embargo, las pruebas expuestas por Bix dejan pocas dudas sobre la implicación de Hirohito en la guerra de agresión contra China.

 

Arriba, izquierda, miembros de la sociedad benéfica budista "Esvástica Roja" (la esvàstica es un ancestral símbolo religioso de origen híndú), en fotografías tomadas en la década de los años 30 del siglo XX, sin fecha precisa. Estos voluntarios colaboraron en la atención de las víctimas de la masacre de Nanjing, y se ocuparon del entierro de miles de ellas, por lo que, tras la guerra, ayudaron en la localización de las fosas comunes (foto de abajo, que corresponde al expediente del juicio del general Tani en Nanjing, 1946-47)
A la derecha, noticias sobre la masacre de Nanjing publicadas en el diario New York Times (enero de 1938) y la agencia Associated Press (diciembre 1937)



Monumento a la infamia
La "Kempeitai" (憲兵隊 Kenpeitai), cuerpo de policia militar del Ejército Imperial Japonés (1881-1945) con autoridad para perseguir disidentes políticos en Japón y resistentes en los países ocupados, y conocida por la crueldad de sus métodos de tortura y ejecución (razón por la cual es conocida como la "Gestapo" japonesa, por su similitud con la policía política del régimen nazi), dispone de un infame monumento de homenaje (memorial) en el recinto del templo sintoísta de Yasukuni, en Tokyo, situado detrás del templo principal o "Honden", como pude comprobar personalmente en una visita el mes de noviebre de 2016, a la que corresponden las fotografías.
A la derecha, memorial de homenaje al juez hindú Radhabinod Pol, miembro del Tribunal Militar Internacional para el Extremo Oriente, el único que objetó las condenas de los juicios de Tokyo, incluyendo la de Matsui Iwane (responsable de la masacre de Nanjing), mediante el delirante argumento de que no eran actos de agresión ni crímenes de guerra, sino "legítima defensa" antiimperialista. Entendió que las masacres y las torturas, si las hubo (las cuestionó en su totalidad) habían sido actos "aislados" de los subordinados, sin responsabilidad del Estado.
Su voto particular, un monumento a la ausencia de rigor jurídico, el olvido de los principios de justicia y falta de sensibilidad hacia las víctimas es utilizado por los revisionistas japoneses, que tienen su punto de referencia en el Museo Yashukan, también situado dentro del recinto de Yasukuni (donde se honran a todos los criminales de guerra condenados)




El misionero norteamericano John Magee filmó varias secuencias de la destrucción de la ciudad de Nanjing, y de algunos de los heridos acogidos en el hospital universitario de Nanjing por el doctor Wilson. Magee logró sacar clandestinamente la película de la ciudad, y exhibirla en Estados Unidos, donde tuvo un gran impacto.



Película propagandística estadounidense, dirigida por el legendario Frank Capra, que analiza el militarismo japonés y la guerra de agresión contra China (1937). El film incluye imágenes de la batalla de Nanjing (1937)



Breve fragmento de la película filmada por dos periodistas estadounidenses tras el ataque y hundimiento por parte de la aviación japonesa del destructor USS Panay, que estaba evacuando a través del río Yangtse a residentes y personal diplomático estadounidense destinado en Nanking, un día antes del inicio de la masacre. Este film desmontó la inicial negativa japonesa y, junto con la película Magee, permitió informar a la opinión pública estadounidense de la época de lo acaecido en la capital de China.



Documental dirigido por Bill Guttentag y Dan Sturman, inspirado en buena parte en el libro de Iris Chang, y presentado, en forma dramatizada, por los conocidos actores Woody Harrelson, Stephen Dorff, Mariel Hemingway y Jürgen Prochnow, narra la masacre de Nanjing en su contexto histórico, con imágenes dramatizadas y películas de la época.



La abundante documentación generada por el juicio contra los criminales de guerra japoneses de la llamada "clase A" (máximos responsables) en Tokyo (1946-48), que contiene actas, documentos y testimonios, incluye una detallada exposición de los crímenes cometidos durante la masacre de Nanjing, como la que muestran las fotografías, con datos sobre el número de personas asesinadas. Esta documentación puede consultarse en los Archivos Nacionales de Japón, en Tokyo, como pude comprobar en una visita en septiembre de 2016, y en los Archivos Nacionales de Estados Unidos en College Park, Maryland, que visité en marzo de 2016 (el documento de abajo, un informe de inteligencia sobre el juicio de Nanjing contra el teniente general Tani, corresponde a esa visita). 
Sin embargo, la mayor parte de los documentos también pueden obtenerse on line en el sitio web de la Facultad de Derecho de la Universidad de Virginia (seguir el enlace del título de la foto)



Otros enlaces de interés






La puerta Zhonghua de la vieja muralla de Nanjing, que tuve la oportunidad de visitar en una breve estancia en 2008, fue uno de los primeros accesos que atravesaron las tropas japonesas en su entrada en Nanjing, el 13 de diciembre de 1937, por lo que en su angosto tunel de paso puede encontrarse un pequeño memorial sobre la masacre cometida entonces.
 
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