Memorial de la masacre - Anlari Blog

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China

Durante mucho tiempo, las víctimas de la horrible masacre y violación masiva de Nanjing (diciembre 1937-marzo 1938), del que este año se cumple el 80º aniversario, carecieron de un memorial digno. 

Lo impidió el nulo interés gubernamental, la ignorancia occidental por un holocausto que no les era propio, el vergonzoso negacionismo japonés, apoyado por Estados Unidos durante la Guerra Fría (negacionismo que se mantiene con matices en la actualidad), y la abnegación, cuando no vergüenza, de las propias víctimas (principalmente, las miles de mujeres violadas) en el contexto de una sociedad moralmente muy austera y conservadora.

Afortunadamente, el olvido fue reparado en Nanjing con la inauguración de un memorial muy digno pero no apto para personas excesivamente sensibles, incluso teniendo en cuenta la contención de los materiales expuestos.

La violencia, la crueldad y el sadismo de los soldados del Ejército Imperial japonés, tolerado o instigado por sus oficiales intermedios (la base del movimiento militarista que tomó el poder en Japón en 1936) e ignorado o aprobado por sus mandos sobre el terreno (entre ellos un miembro de la actual familia imperial japonesa, el príncipe Asaka Yasuhiko.) fue ampliamente documentada por testimonios neutrales (cinematográficos, fotográficos y escritos), en su mayoría los médicos, empresarios, profesores y periodistas occidentales (incluyendo varios miembros del partido nazi alemán, entre ellos su líder, John Rabe) que organizaron una zona de seguridad, salvando muchas vidas

Estos y otros testimonios fueron recogidos con maestría en el libro “The rape of Nanjing” por la malograda ensayista norteamericana Iris Chang, que tiene una estatua dedicada en el memorial.

El Memorial, de proporciones monumentales, busca el impacto emocional desde el principio, mediante estatuas de desgarradoras expresiones y un uso muy acertado de la piedra de tonos oscuros y los grandes espacios y formatos de geometrías variables. La primera parte, la exposición principal, expone los datos con rigor, de acuerdo con las fuentes conocidas y aceptadas (actas judiciales, filmaciones y fotografías, testimonios neutrales)

La exposición permanente evita las imágenes y declaraciones más escabrosas disponibles (como los empalamientos de mujeres violadas). Si se conoce la historia en detalle, es difícil no emocionarse con los relatos de víctimas y supervivientes, y de los héroes de la Zona Internacional.

La segunda parte es sobrecogedora, y por lo que pude comprobar, algunas personas la evitan. El nombre lo dice todo: “La Fosa Común de los 10.000 cadáveres”. Dos edificios, uno de ellos de acceso controlado y refrigeración permanente, cubren las excavaciones donde en 1983 historiadores locales ayudados por testimonios supervivientes encontraron miles de cadáveres de prisioneros fusilados y apuñalados (con bayonetas) durante la masacre.

Los gestores del lugar, con buen criterio, para ilustrar el horror sin caer en el morbo injustificado, han dejado algunos esqueletos semienterrados claramente visibles. La oscuridad incrementa la sensación de desasosiego.
En la tercera parte, los espacios de meditación, reflexión y simbolismo tratan de compensar la crudeza de la experiencia. Conociendo en profundidad lo ocurrido, no solo no me parece desmesurado, ni demagógico, sino riguroso y comedido, dadas las atrocidades cometidas por los japoneses.

Hay un gran espacio al final para exposiciones permanentes, que suelen adoptar un tono más patriótico que el memorial principal

 
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