Migraciones chinas 2 - Anlari Blog

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China

  
A la izquierda, caricaturas referidas a la aprobación de la Ley migratoria antichina de 1882. A la derecha, anuncio de un espectáculo de 1916 basado en uno de los tópicos racistas mas populares del primer tercio del siglo XX, el "peligro amarillo", es decir, la amenaza de una supuesta "invasión" de emigrantes orientales que pondrían en peligro el modo de vida occidental.


Tras la acogida inicial, las migraciones chinas hacia Occidente fueron objeto de rechazo xenófobo, segregación racial, visión cultural estereotipada y racismo. La integración social en los principales destinos de Asia oriental (Filipinas, Malasia, Tailandia, Indonesia) fue más fácil, por razones obvias de proximidad étnica, cultural y religiosa, no así en Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda y Sudáfrica

Estas actitudes racistas también tuvieron lugar en la propia China, durante el período de dominio colonial. Entre 1842 y 1949, los denominados "puertos del tratado" (alrededor de 80) albergaron numerosas colonias extranjeras (británicas, francesas, rusas, alemanas y japonesas, principalmente) en ciudades situadas principalmente en la costa marítima y en la cuenca del río Yangtse (entre Ha'erbin, en el norte, y Beihai, en el sur, pasando por Dalian, Tianjin, Shanghai, Hankou, Xiamen o Hong Kong, por poner ejemplos diversos)

Estos puertos fueron espacios de una relación problemática y paradójica entre Occidente y China. El tráfico de personas, el comercio de opio o el racismo protagonizado por unos contrastaba con las aportaciones en educación, sanidad y ciencia modernas que desarrollaban otros, como es el caso de Tianjin o Xiamen-Gulangyu,

El rechazo en Occidente contra la emigración china, cuyas causas eran principalmente socioeconómicas (competencia laboral y comercial) e ideológico-culturales (teorías de superioridad racial, apoyadas en el desarrollo tecnológico y científico, la superioridad militar y el dominio colonial e imperialista) no fue generalizado ni uniforme, porque hubo comunidades, educadores, empresarios, tribunales o personas corrientes que apoyaron su integración y combatieron su rechazo.

Sin embargo, la xenofobia adquirió en algunos casos un vergonzoso carácter institucional, como la "Chinese Exclusion Act" de 1882, única ley migratoria estadounidense en la que específicamente se rechazó la entrada de personas en el país por razones de raza o etnia (es decir, por ser chinos), o la " Transvaal Asiatic Registration Act" de 1906, la ley del estado sudafricano de Transvaal, que imponía la inscripción de inmigrantes de origen chino e hindú en un registro con finalidades de segregación racial.

Un ejemplo del citado rechazo se encuentra en el encabezamiento de la referida "Chinese Exclusion Act", que sostiene lo siguiente:

"Whereas in the opinion of the Government of the United States the coming of Chinese laborers to this country endangers the good order of certain localities within the territory thereof: Therefore, (...) the coming of Chinese laborers to the United States be, and the same is hereby, suspended; and during such suspension it shall not be lawful for any Chinese laborer to come, or having so come after the expiration of said ninety days to remain within the United States"

En contra de la visión estereotipada al uso, los ciudadanos y las comunidades chinas no siempre se resignaron ante los abusos. Los emigrantes chinos, por ejemplo, impulsaron demandas judiciales en Estados Unidos contra las leyes migratorias y de segregación escolar que se acabaron convirtiendo en importantes precedentes constitucionales de derechos civiles (ver página dedicada específicamente a estos pioneros). 

Y en Sudáfrica, en 1906, las organizaciones chinas y más de 1.000 emigrantes chinos participaron en la exitosa campaña del abogado hindú Mohandas K. Gandhi (el futuro "Mahatma") contra los registros segregadores

Junto a las razones comerciales y laborales (la fuerza de trabajo china ofrecía alta competitividad por bajos salarios, y sus redes comerciales proporcionaban calidades aceptables por precios más asequibles), el rechazo hacia los inmigrantes chinos, cuyo inicio puede datarse en las décadas de los 70 y los 80 del siglo XIX, devino racismo cultural e ideológico en el primer tercio del siglo XX.

El racismo no es, ni mucho menos, un problema social superado en la actualidad, aunque ha "mutado" hacia formas más o menos sutiles que las de entonces. La igualdad básica de derechos, comúnmente aceptada hoy en día, era negada entonces en la mayor parte de las sociedades occidentales (Europa, Estados Unidos y el mundo colonial anglosajón), donde, además de leyes segregadoras, o discriminación social y violencia, circulaban, con notable aceptación, estudios pseudocientíficos sobre la supuesta superioridad y pureza racial caucásica (hereditaria), enfrentada con la aparente decadencia de las razas impuras o inferiores (asiáticas, africanas)

El principal ejemplo de este "racismo pseudocientífico" fue el libro " The Passing of the Great Race", con abundantes "datos" geográficos, históricos y mapas. 

El autor del libro fue Madison Grant, uno de los principales impulsores de la eugenesia, una siniestra teoría cuyo objetivo era "mejorar" las razas llamadas "nórdicas" (es decir, escandinavos, anglosajones, "alpinos" y "mediterráneos"), supuestos líderes y principales responsables del desarrollo económico y tecnológico mundial, pero "amenazados" por sus miembros más débiles y por la llegada de otras razas.

Así, la raza nórdica debía ser protegida mediante la esterilización de sus miembros más "débiles" (principalmente, discapacitados y enfermos mentales, pero también delincuentes, etc,), y luego, "separando" a los ciudadanos "contaminados" por otras razas y, finalmente, segregando a los miembros de razas inferiores en "guetos" .

Los expertos señalan que estas teorías influyeron en la redacción de la Ley Migratoria estadounidense de 1924;

"Congressman Albert Johnson and Senator David Reed were the two main architects of the act. In the wake of intense lobbying, the Act passed with strong congressional support. There were nine dissenting votes in the Senate and a handful of opponents in the House, the most vigorous of whom was freshman Brooklyn Representative and Jewish-American Emanuel Celler. 

Over the succeeding four decades, Celler made the repeal of the Act his personal crusade. Proponents of the Act sought to establish a distinct American identity by favoring native-born Americans over Jews, Southern Europeans, and Eastern Europeans in order to “maintain the racial preponderance of the basic strain on our people and thereby to stabilize the ethnic composition of the population’. 

Reed told the Senate that earlier legislation “disregards entirely those of us who are interested in keeping American stock up to the highest standard – that is, the people who were born here”. Southern/Eastern Europeans and Jews, he believed, arrived sick and starving and therefore less capable of contributing to the American economy, and unable to adapt to American culture.

People who supported the 1924 Immigration Act often used eugenics as justification for restriction of certain races or ethnicities of people in order to prevent the spread of feeblemindedness in American society.

Some of the law’s strongest supporters were influenced by Madison Grant and his 1916 book, The Passing of the Great Race. Grant was a eugenicist and an advocate of the racial hygiene theory. 

His data purported to show the superiority of the founding Nordic races. Most proponents of the law were rather concerned with upholding an ethnic status quo and avoiding competition with foreign workers. Samuel Gompers, a Jewish immigrant and founder of the AFL, supported the Act because he opposed the cheap labor that immigration represented, despite the fact that the Act would sharply reduce Jewish immigration"

Las teorías supremacistas y eugenésicas de Grant y de otros seguidores destacados, como Lothrop Stoddard, ("The threat against white world supremacy: The rising tide of color") influyeron en círculos académicos, científicos, médicos y políticos de Occidente, no sólo nazifascistas: incluso se pusieron en práctica en los años 30 en países tan poco sospechosos de racismo como Suecia, que aplicó un programa eugenésico en sus hospitales psiquiátricos.

Un ejemplo de ese impacto cultural puede encontrarse en la novela "El Gran Gatsby" ("The great Gatsby", del escritor norteamericano Francis Scott Fitgerald, uno de cuyos personajes (Tom Buchanan) cita indirectamente la obra de Stoddard, llamándole "Goddard", como aval "científico" a sus miedos sobre la decadencia del "hombre blanco".

A la izquierda, versión original de la "Chinese Exclusion Act" de 1882, ley del Congreso de Estados Unidos que prohibía la entrada de nuevos emigrantes chinos en Estados Unidos. A la derecha, imagen del períodico "The San Francisco Call", edición del 22-11-1901, con la noticia sobre la "Convención para la Exclusión China", impulsada por el alcalde la ciudad, James Phelan, para lograr la prohibición de inmigracion oriental (japoneses incluidos)


Madison Grant, abogado de Nueva York, autor de "The passing of the great race", libro muy popular e influyente del primer tercio del siglo XX en el que defiende, mediante razonamientos seudocientíficos, la supremacía de las razas nórdicas y anglosajonas y la necesidad de la llamada "higiene racial". Su obra influyó notablemente en el racismo político y las leyes anti-inmigratorias del primer tercio del siglo XX en Estados Unidos


Lothrop Stoddard, otro escritor supremacista y racista estadounidense, admirado por Hitler, cuya obra seudocientífica, con abundancia de datos y mapas (como el de la fotografía) defiende, en la misma línea argumental que Grant, la "higiene racial" y la eugenesia. Además de influencia política, institucional y legislativa, el impacto cultural de la obra de Stoddard en Estados Unidos puede apreciarse por ejemplo, en una obra maestra literaria de la época (1928), "El Gran Gatsby", de Francis Scott Fitgerald, que la cita de manera encubierta mediante el personaje de Tom Buchanan (abajo, fragmento de la edición Kindle para Amazon)






Arriba, miembros de la comunidad china de la colonia británica de Transvaal, en Sudáfrica (donde están las minas de diamantes más grandes del mundo, con capital en Johannesburgo) que se unieron en 1906 a la campaña del abogado hundú Mohandas K. Gandhi (el futuro "Mahatma") contra el registro obligatorio y segregador de asiáticos. Abajo, a la izquierda, grupos de mineros chinos de Transvaal a principios del siglo XX. Arriba, manifestantes de origen chino contra el "apartheid" sudafricano (foto del museo de Emigración de Xiamen). Abajo, derecha, el "Chinatown" de Porterville, Western Cape, Sudáfrica, en la actualidad



Arriba, a la derecha, el delirante manifiesto racista escrito por el sacerdote adventista estadounidense G.G. Rupert titulado "The Yellow Peril, or the Orient vs. the Occident as viewed by modern statesmen and ancient prophets" (1911), en el que avisa sobre el "peligro" de una invasión desde Oriente, análoga a las invasiones mongolas de la Edad Media europea. Este libro recogía una visión racista antioriental muy de moda en el primer tercio del siglo XX, identificada como "yellow peril" (peligro amarillo) según la cual la civilización occidental estaba amenazada por las civilizaciones de Extremo Oriente (China y Japón, principalmente), como supuestamente "soñó" el "kaiser" Guillermo II a finales del siglo XIX (dibujo inferior, izquierda). 
Estas civilizaciones no dudarían en utilizar formas de "terror amarillo" contra su población (ver dibujo de la derecha). Una visión contrapuesta la ofrece un sociólogo francés, Jacques Novicow, que en 1897 ya desmontaba las falsedades de ese supuesto peligro, centrado sobre todo en el tema de la emigración laboral china.



La caricatura racista de la izquierda, de finales del siglo XIX (fotografiada el año 2015 en el "Chinatown" de Arrowtown, antigua ciudad minera de la isla sur de Nueva Zelanda), ilustra la influencia de la visión xenófoba del "peligro amarillo" en Nueva Zelanda a finales del siglo XIX, visión que atribuye a los chinos todo tipo de vicios que ponen en peligro el "orden" social. Este movimiento llevó a limitar la inmigración china en 1882. 
A la derecha, otra caricatura racista antichina, esta correspondiente a un medio impreso de Transvaal, Sudáfrica. El empleado británico le dice al inmigrante chino: "Sí, estorbas, vete!"


En este contexto, la teoría del "peligro amarillo" ("yellow perill") cobró un gran auge en el último tercio del siglo XIX y principios del siglo XX. Este temor no surgió solamente por las citadas causas migratorias: la victoria militar japonesa sobre Rusia (1895) y la guerra de los Bóxers en China (1900) despertaron los temores ancestrales de Occidente hacia las amenazas orientales, cuyo origen se encuentra en las invasiones medievales de hunos y mongoles.

Algunas de estas teorías se apoyaron en retorcidas interpretaciones milenaristas de la Biblia, como la que proponía el sacerdote adventista estadounidense G.G. Rupert en el libro "The Yellow Peril, or the Orient vs. the Occident as viewed by modern statesmen and ancient prophets" (1911), en la que que incluía a Rusia entre las amenazas orientales. Hubo pocas, pero interesantes réplicas contra estas paranoicas teorías. Por ejemplo, el sociólogo francés Jacques Novikow ("Le peril jaune", 1897) trató de rebatir los temores hacia Oriente señalando que la habilidad de los trabajadores chinos, combinada con los bajos salarios que percibían, uno de los temores económicos más extendidos ya en los inicios del siglo XX, no tenía razones biológicas, sino económicas. Los trabajadores chinos aceptarían salarios más altos si sus circunstancias lo permitieran

Las fuentes atribuyen al emperador alemán Guillermo II la paternidad del concepto, mediante la representación de un supuesto sueño en el que la figura de Buda aparece en el horizonte cabalgando sobre un dragón (ver dibujo a la izquierda) y amenazando los valores de la cultura cristiana occidental. El sueño de Guillermo II pareció hacerse realidad con la guerra de los Bóxers (más datos sobre el movimiento boxer en artículos sobre Tianjin y las Concesiones). Este movimiento xenófobo antioccidental, liderado por un grupo tradicionalista de practicantes de artes marciales (la "Sociedad de los Puños Rectos y Armoniosos", Yihetuan, 义和团运动), empezó una campaña sangrienta contra misioneros occidentales y chinos conversos, cuyo punto culminante fue el asesinato del embajador alemán en Beijing, que dio lugar al famoso sitio de las legaciones extranjeras (junio-agosto de 1900)


Parece existir coincidencia en que la figura del príncipe manchú Zaiyi, conocido como Duan (foto central), pariente de la emperatriz viuda Cixi, ministro de Asuntos Exteriores (Zongli Yamen), líder de la facción ultratradicionalista de la Corte imperal Qing y principal apoyo del movimiento xenófobo de los "bóxers" en 1899-1900 (izquierda) personalizó la idea del "peligro amarillo" e inspiró caricaturas antichinas como la de "Fú Manchú". No hay que ovidar, no obstante, que la guerra boxer fue una reacción popular contra el reparto imperialista de China (derecha)
  
En la primera  mitad del siglo XX, el malvado conspirador chino Fu Manchú, protagonista de "cómics" y películas de terror (arriba izquierda), vagamente inspirado en un personaje político de la corte imperial "Qing", el príncipe Zaiyi o Duan, se convirtió en el estereotipo racista antichino por excelencia. Junto a él, la "fría y malvada Dragon Lady", otro estereotipo de las historietas ("Terry and the Pirates", el gran éxito de Miltor Caniff de los años 30 del siglo XX, a la derecha) y el cine (abajo, izquierda) en cuya interpretación destacó, paradójicamente, la primera estrella de Hollywood de origen chino, Anna May Wong, que aparece con Marlene Dietrich en el film "Shanghai Express".


Tras los boxers, un personaje intrigante, el príncipe manchú Zaiyi, también conocido como príncipe Duan, pariente de la emperatriz viuda Cixi, líder de la facción conservadora de la Corte y ministro de Asuntos Exteriores (Zongli Yamen). Su aspecto y maneras torvas y conspirativas fueron objeto de abundantes caricaturas en Occidente y sirvieron de base para elaborar el personaje que encarnaba el peligro amarillo por excelencia.

La cultura occidental acogió entonces (primer tercio del siglo XX) los peores estereotipos sobre Extremo Oriente, especialmente China, cuyos habitantes eran representados como débiles, intrigantes, corruptos y viciosos. El consumo de opio, una auténtica plaga de salud pública favorecida por los británicos mediante los tratados desiguales, contribuía paradójicamente a esta visión deformada

La incipiente cultura de masas occidental (cine, comic, prensa) no tuvo reparos en usar estos estereotipos, con indisimuladas connotaciones sexuales también utilizadas con los afroamericanos (la mujer occidental en peligro de ser violada por la avidez de los hombres asiáticos). Y lo hizo con notable éxito.

El malvado Fu Manchú (protagonista de historietas y películas de terror en el primer tercio del siglo XX) y su cómplice habitual, la "Dragon Lady", o la hija del dragón (cuya intérprete más popular fue, curiosamente la primera actriz de éxito de origen chino, Anna May Wong), proyectaron, como personajes retorcidos e intrigantes con deseos perversos, el miedo subliminal de Occidente hacia los pueblos asiáticos

Esta percepción, sin desaparecer, mejoró tras la agresión japonesa (invasión de Manchuria en 1932 e invasión de China central en 1937) y la subsiguiente corriente de simpatía hacia el pueblo chino. En Estados Unidos, la obra literaria de Pearl S. Buck, hija de misioneros destinados en China, galardonada con el premio Nobel (1938), o los viajes diplomáticos de Soong May Ling, la culta y brillante esposa del líder nacionalista chino, Chiang Kai Shek favorecieron ese cambio de tendencia.

Esta evolución influyó en uno de los "comics" más populares de la época, "Terry and the pirates", en la que uno de los personajes recurrentes, la "Dragon Lady" china, caracterizada en los inicios (1934) como una bella pero fría contrabandista y delincuente enfrentada con los "héroes" de la historieta, se convertía en líder la resistencia antijaponesa

Este cambio de tendencia en la visión del pueblo chino, oprimido por Japón, puede encontrarse en otro icono de la cultura de masas de los años 30, el episodio "El Loto Azul" de "Las aventuras de Tíntin", en el que el protagonista y su amigo chino Tchang se ríen de los prejuicios culturales respectivos.

  
Los estereotipos chinos evolucionaron hacia perfiles más favorables, como el de la sacrificada campesina china "O Lan", una de las protagonistas de "La buena tierra", novela rural ambientada en la China de principios del siglo XX, escrita en los años 30 por la futura Premio Nobel Pearl S. Buck, y luego convertida en fil de éxito (arriba, derecha). Las visitas de la inteligente y glamurosa Soong May Ling a Estados Unidos (en la foto, en la Casa Blanca con Eleanor Roosevelt, esposa del Presidente), en los años 30, en plena ofensiva japonesa contra China, contribuyeron a suavizar los estereotipos antichinos. Sin embargo, el prototipo de mujer oriental seductora se mantuvo en films posteriores, como "El mundo de Suzie Wong" (1960) basada en otra novela de éxito ambientada en Hong Kong, e interpetada por otra estrella cinematográfica de origen chino, Nancy Kwan.

No obstante, los estereotipos raciales permanecieron (y siguen permaneciendo), adaptados a los nuevos tiempos. La falsa idea de los pueblos orientales como raza servil, o la visión deformada del "Chinatown" como espacio delincuencial puede encontrarse en films de éxito como "The world of Suzie Wong", de Richard Quine (1960), "Chinatown", de Roman Polanski (1974), o "The Year of the Dragon" de Michael Cimino (1985) (estrenada en España con el título de "Manhattan Sur" )

  
Películas como "Chinatown", de Roman Polanski (1974) o "Manhattan Sur" ("The year of the dragon"), de Michael Cimino (1985) -esta última, muy polémica y criticada por racista- muestran que las visiones estereotipadas de la comunidad china se mantuvieron hasta épocas muy recientes. Aunque más suave y sofisticada, también muestra algunos rasgos de "dragon lady" el personaje de Josie Packard, de la exitosa serie de TV dirigida por David Lynch, "Twin Peaks" (1990), interperetado por Joan Chen (entoces célebre por su papel de emperatriz Wanrong en el oscarizado film de Bertolucci "El último emperador",(1987))



Aprovechando su victoriosa participación en la I Guerra Mundial, y la admiración internacional por los extraordinarios resultados económicos de la "Restauración Meiji", el gobierno japonés trató de equilibrar el dominio occidental de las relaciones internacionales proponiendo una cláusula de igualdad racial en lla conferencia de paz de Versalles (1918-1919)

Los japoneses, liderados por su ministro de Asuntos Exteriores, Makino Nobuaki, propusieron una "cláusula de igualdad racial" ("Racial Equality Proposal") para todas los estados en la futura "Sociedad de Naciones", sin discriminaciones basadas en la cultura o en la raza de sus miembros. Una mayoría de los países vencedores (11 de 17) la apoyaron, entre ellos, Italia, Francia y, lógicamente, la República de China, pero se opusieron Estados Unidos, que tenía en vigor una ley de exclusión migratoria antichina, y los principales dominios británicos semindependientes (Australia, Nueva Zelanda y Sudáfrica, principalmente), en las que los prejuicios antorientales estaban fuertemente arraigados

La propuesta fue rechazada por los países imperialistas no sólo por el efecto que habría tenido la aplicación del derecho de autodeterminación propuesto por Woodrow Wilson en las numerosas colonias de la época, sino, también, y muy especialmente, por el indisimulado desprecio de los líderes occidentales hacia las razas no caucásicas, bajo el influjo de las teorías supremacistas de la época (ver artículo en la parte superior de esta página). Este rechazo fue simbolizado por los comentarios abiertamente racistas del primer ministro australiano y principal opositor de la cláusula de igualdad racial, Billy Hughes, dirigidas a los pueblos asiáticos, particularmente el Imperio Japonés.

Japón se ofendió por el rechazo occidental, que favoreció la aparición en el país de un movimiento nacionalista y militarista, cuyo paradójico resultado fue, sin embargo, la cruel ocupación, en los años 30 y 40 del siglo XX, durante las guerras del Pacífico, de varios países asiáticos que ya habían sido víctimas del colonialismo occidental, como Corea, China, Malasia, Filipinas o Vietnam

Esta ocupación, acompañada de explotación de recursos económicos, colonización de territorios por miles de japoneses procedentes de la superpoblada metrópoli (particularmente, en el Noreste de China, Corea y Taiwán) y la comisión de gravísimos crímenes de guerra (ver, en este mismo blog, los artículos sobre los experimentos de guerra biológica con prisioneros en Ha'erbin, China), fue enmascarada por un falaz movimiento panasiático denominado "Esfera de Coprosperidad de la Gran Asia Oriental".

A la derecha, Makino Nobuaki, ministro de Asuntos Exteriores japonés , que propuso una cláusula de igualdad racial en la Conferencia de Versalles (1919), tras la primera guerra mundial. La propuesta tuvo amplio apoyo, pero fue rechazada por el bloque anglosajón, liderado por el primer ministro australiano y líder nacionalista, Billy Hughes, partidario de una "Australia blanca" (fotografía de la izquierda, a su llegada a Sydney, tras la conferencia)


En abierto e hipócrita contraste con su propuesta de igualdad racial que planteó en la conferencia de Versalles de 1919, el Imperio Japonés sometió a dominio colonial a varios pueblos del Sudeste y Extremo oriente asiáticos, particularmente a China, cuya opresión denuncia el Museo de la Ocupación Japonesa de Changchun, Jilin, Noreste de China (fotografías tomadas en septiembre de 2016)
 
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