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China

Ningbo, ciudad costera de la provincia de Zhejiang, a poco más de 2 horas de Shanghai en tren de alta velocidad, carece en apariencia de los atractivos de otras localidades más glamurosas de su entorno, como Hangzhou, Suzhou o la propia Shanghai.
 
De hecho, el principal atractivo turístico de esta ciudad intermedia (3,5 millones de habitantes, 7.5 en el àrea metropolitana), el islote de Putuoshan, cuarto monte sagrado del budismo, considerado el lugar de residencia de la Avalokiteśvara (semidiosa) Guanyin, muy popular en China, está fuera de la ciudad, a unos 150 quilómetros.

No obstante, Ningbo, que sigue un proceso de modernización urbana (cultural, educativa, de infraestructuras) comparable con otras ciudades de su rango, ha sido y sigue siendo un centro comercial de primer orden (actualmente, es sede el 2ª puerto de China y 4º del mundo por tráfico de mercancías), y por esta razón un lugar de notable interés en la historia moderna de China.

Escenario de una de las batallas decisivas de la primera guerra del Opio (1839-1842, ver The Opium War, de Julia Lovell) y sede de una de los 5 primeros puertos abiertos impuestos por Gran Bretaña mediante el tratado de Nanjing (1842), junto con Shanghai, Fuzhou, Xiamen y Guangzhou, Ningbo, al igual que otras ciudades chinas de circunstancias históricas parecidas, ha restaurado y convertido en atractivo turístico el antiguo barrio internacional, el “LaoWaiTan”, situado en el cruce de los ríos YuYao y YongJiang, en el centro histórico de la ciudad.

Los restaurantes, bares, museos, cafeterías y hoteles han sustituido las sedes empresariales, bancarias y oficiales del pasado en este pequeño Bund todavía en proceso de restauración, equiparable con la que han afrontado en los últimos años otros barrios internacionales de China (Shamian en Guangzhou, Gulangyu en Xiamen, Wudadao en Tianjin, Badaguan en Qingdao, Zhongshan Gongchang en Dalian, Zhongyang Dajie en Ha’erbin…), con el fin de crear una oferta lúdica y comercial de apariencia cosmopolita.

Aunque atractivo y entretenido, sobre todo por las noches (y con una bonita y ecléctica iglesia católica con toques orientales, muy activa), el Bund de Ningbo no ha mantenido completamente la integridad del barrio colonial: dos macropuentes y algún feo centro comercial lo impiden.

No muy lejos, la estilizada Catedral católica, en estilo gótico con bonita decoración aunque algo “naïf”, crea un impactante contrapunto con las macroedificaciones que la rodean. La comunidad cristiana es muy activa en Ningbo, y, en el caso de la Iglesia católica, a pesar de que la ley china prohibe su dependencia exterior (es decir, con el Vaticano), es posible ver retratos del Papa Francisco junto con el prelado local.

Ningbo exhibe también el TianYiGe Pavillion, una muy lograda muestra de elegante arquitectura civil “qing”, con pabellones de ladrillo gris, tejados de ala de golondrina, mobiliario, puertas y vigas de madera, estanques, frondosos jardines y salones de té (restaurada en diversas ocasiones, como la mayor parte de estas edificaciones en Oriente).

El edificio se presenta como la biblioteca más antigua de China (1516), un pequeño milagro de conservación del papel (prácticas de secado incluidas) tras años de esforzada dedicación de los herederos del fundador, el erudito Fan Qin. El Pabellón TianYi se encuentra muy cerca del YueHu (el lago de la Luna), una extensa laguna rodeada de parques, pabellones y templos que aporta algo de calidez paisajística al anodino “skyline” de la ciudad.

La ciudad dispone también de un pequeño per muy singular memorial de la Guerra chino japonesa (1937-45), dedicado al bombardeo del 27 de octubre de 1940, en el mismo lugar donde tuvo lugar (la calle KaiMing), en un centro cívico. La especial singularidad del sitio se explica porque, junto con Changde (Hunan, 1942) es uno de los pocos lugares del mundo que ha sido víctima de un bombardeo con armas biológicas de origen militar. El responsable del ataque fue la siniestra Unidad 731 del Ejército Imperial japonés, con sede en Ha’erbin, que también fue responsable de experimentos científicos forzados con prisioneros de guerra.

El local muestra mediante gráficos y fotografías los efectos del lanzamiento de carcasas de cerámica rellenas con cultivos masivos de bacterias altamente infecciosas (peste bubónica….) sobre la población civil, en un sector comprendido entre las calles ZhongShan y KaiMing, en el centro histórico de la ciudad (una parte de la que hoy apenas se conservan un par de templos). El gobierno chino tardó tiempo en reconocer a las 111 víctimas infectadas por el bombardeo, pero finalmente lo hizo, el año 2002, con el memorial y un monolito.





Catedral católica de la calle Jiaoqu Yaohang




 
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