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China


La Shanghai Tower es oficialmente, y por el momento (está previsto que en un par de años baje un par de puestos) el segundo edificio más alto del mundo (632 metros), tras el Burj Khalifa de Dubái (832 metros). 

Aunque sin la elegancia natural de las formaciones rocosas de Zhangjiajie (donde había estado los tres días anteriores), la torre de vidrio, acero y hormigón, acabada de estrenar (2014), y dispuesta en una original forma de espiral, asombra igual de día que de noche, y tanto de lejos, dominando el “skyline” de la ciudad, como de cerca, desde donde la altura, la luminosidad y la brillantez estilística te dejan sin aliento. Las cercanas torres Shanghai World Financial Center (492 metros) y Jin Mao (385 metros) dan fe de ello.

El aliento (y también el equilibrio auditivo) se mantiene ausente durante el brevísimo e hiperrápido ascenso de poco más de un minuto, a casi 18 metros por segundo en velocidad punta (al parecer, en la lista de récords Guinness) hasta el Observatorio (piso 118), donde continúas sin respiración un buen rato, pasmado por las vistas, que justifican el precio (180 RMB, unos 25 euros)


Situada entre canales (su principal atractivo), la pequeña ciudad antigua de Qibao, hasta hace poco fuera de los límites de Shanghai, pero algo alejada de su centro (1 hora en metro) se ha convertido, por contraste, en atracción turística alternativa de la metrópolis futurista, junto con otros reductos de la antigua ciudad Qing (los jardines Yuyuan, o los “shikumen” de Tianzifang y Xintiandi).

Los viejos comercios y residencias se han lavado la cara con una oferta estándar pero entretenida de comida variada, objetos de regalo y cafeterías. El cercano templo budista de Qibao, las callejuelas estrechas, las puertas antiguas y los memoriales equilibran la preeminencia comercial y recreativa de la zona, que ofrece, además, una pieza singular: la Iglesia católica de la Asunción de María (también llamada Catedral Católica), fundada por misioneros franceses y una de las más antiguas de China (1866). Los carteles denominan “gótico” el estilo del templo, pero parece más bien una mezcla de caracteres renacentistas en la fachada, estilo gótico en las naves y vidrieras “art nouveau”.

El templo, en activo, es una muestra de la intensa actividad llevada a cabo los misioneros occidentales en las zonas rurales de China (no sin graves conflictos) durante el período de sumisión colonial (1842-1949)

 
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