Singapur - Anlari Blog

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Asia oriental


La ciudad-estado de Singapur (700 km2, 5.6 millones de habitantes), situado en una pequeña isla en el extremo sur de la península malaya, tiene fama de eficiente y moderna (y cara) pero fría y aburrida, en contraste con otras urbes de Asia oriental más auténticas pero caóticas (Bangkok, Shanghai, Manila) o más modernas pero singulares (Tokio, Taipei, Hong Kong).

Sin embargo, y aunque tarde, este microestado sin recursos naturales pero de gran éxito en logística de transportes y servicios financieros, trata de ofrecer algunos detalles de personalidad propia, un interesante “mix” de cultura administrativa británica y sentido comercial, laboral y religioso chino, malayo e hindú. sin perder de vista el objetivo principal (el negocio).

El barrio colonial, restaurado con fines turísticos como en otros muchos casos de esta región (es decir, un cuidado escenario para comer bien y comprar mejor), es uno de esos detalles propios. En el siglo XIX, los británicos convirtieron este lugar, entonces un pantanoso y selvático enclave de pescadores (aún queda algún fragmento de selva en el centro y el noreste de la isla) en una próspera colonia comercial. 

La emigración china (74 % de la población actual), procedente, casi en exclusiva, de las provincias de Fujian y Guangdong (“hokkien” de lengua minnan, y “hakka”) aportó mano de obra (los llamados despectivamente “coolies”) y tradición y contactos comerciales, tareas en las que colaboraron con los hindúes y los malayos, aunque separados entonces en barrios étnicos por la administración colonial británica.

Con esas bases, Singapur, junto con Malaca (antiguo dominio holandés y portugués) y Penang en el norte formaron los llamados “Asentamientos del Estrecho” (el Estrecho de Malaca, entre Malasia y Java), que sirvieron de base comercial y logística de la poderosa “Compañía Británica de las Indias Orientales” en la ruta entre India y China.

El Barrio colonial, diseñado según los principios de la elegante y ecléctica arquitectura colonial británica, y situado en el sur de la isla (que es, de hecho, el verdadero centro turístico, administrativo y comercial de la ciudad), en la orilla del río Singapur, entre Chinatown (sur) y Little India (norte) ofrece una bonita colección de edificios construidos bajo mandato británico (que duró hasta 1963), en el que predominan las mansiones y palacios, antiguos edificios oficiales (Parlamento, Tribunal Supremo, Mansión del Gobernador, Ayuntamiento), hoy reconvertidas museos (como el Museo Nacional), iglesias y conventos (con mención especial de la Catedral anglicana de Sán Andrés, la Catedral Católica del Buen Pastor y el convento Chijmes, este ultimo transformado en centro comercial) y hoteles, entre los que destaca el Raffles Hotel, verdadera joya del turismo clasista (y racista) de inicios del siglo XX, con museo propio (actualmente en proceso de rehabilitación)

No deja de ser algo redundante la existencia de un “Chinatown” en una ciudad de mayoría étnica “han” (3/4 partes de la población), pero la reiteración puede explicarse, y no sólo por el atractivo comercial del reclamo. 

A pesar de ser mayoritarios incluso en tiempos de la colonia, los emigrantes chinos, principalmente comerciantes y porteadores (“coolies”), fueron confinados por la administración británica en distritos étnicos, igual que los malayos e hindúes.
 
Esta imposición favoreció sin embargo su cohesión y la conservación adaptada de sus costumbres culturales, religiosas y gastronómicas, propias de las provincias del sur de China (Fujian y Guangdong, principalmente), que configuraron un barrio de identidad inconfundible, como en otros lugares del mundo.

El actual “Chinatown” ha quedado emplazado en la vertiente sur del centro histórico, pero algo alejado de su emplazamiento original (la costa) y es, como uno puede imaginar fácilmente, una zona de tiendas y restaurantes, con algún templo budista (Rhian Hock Keng), pero también hinduista (el precioso y elegante Sri Mariamman). 

Las autoridades salvaron a tiempo (años 80 del siglo XX) las pocas tiendas “shophouses” (coloridas casas tradicionales con espacio para tienda en la planta baja) para reconvertirlas en la actual atracción turística, en la que sobresale (como no podía ser de otra manera), la “Food Street”

Este recinto es un formidable tramo de calle cubierto por un enorme techo de cristal sustentado por sólidas columnas de hierro, con grandes ventiladores en el techo (lo que no está de más en una ciudad que, en el día de mi visita, marcaba 33ºC de máxima y 26ºC de mínima). 

Aunque no es exclusivamente de comida (se colaron un par de tiendas de ropa), el espacio ofrece comida china en todas las variantes regionales más conocidas (sichuanesa, cantonesa, pekinesa, incluso manchú) y ya de paso también algunas no chinas (vietnamita y malaya)

El distrito comercial de Little India de Singapur es, de hecho, un antiguo enclave mixto de arquitectura colonial europea, y no el original barrio hindú segregado (Chulia Kampong) en el que residían forzosamente los trabajadores emigrantes procedentes de la India durante la administración colonial británica. 

Sin embargo, el lugar, poco urbanizado en los inicios del siglo XX, fue progresivamente ocupado por emigrantes indios, primero antiguos convictos, luego granjeros, finalmente joyeros, comerciantes y otros trabajadores no cualificados. El actual barrio de Little India es hoy una muestra de las tradiciones culturales hindúes, sobre todo gastronómicas (dulces, chiles, curries, arroces basmati), textiles (saris), florales (guirnaldas), decorativos (brazaletes) y artísticas, con varias galerías de arte tradicional y antigüedades. 

Esta influencia hindú puede encontrarse fácilmente en otros enclaves de la península de Malaca (como Penang) y explica e ilustra, en la misma medida que el Chinatown, la existencia del lugar como espacio de influencia y confluencia natural de las rutas comerciales entre India y China mucho antes de la llegada de los colonizadores europeos

En origen, Singapur, situado apenas 1º Norte de la línea del Ecuador, estaba ocupada casi totalmente por un espeso bosque ecuatorial adornado por pantanos y manglares, sin actividad agraria significativa, y con algún puerto pesquero tributario de los sultanatos malayos.
 
Asombrosamente, y a pesar de la carestía de espacio urbano, el país más urbanizado del Sudeste Asiático ha logrado conservar unas 150 hectáreas de bosque ecuatorial primigenio al oeste de la ciudad, a unos 8 kilómetros del centro histórico (que está situado al sur de la isla), favorecido por la exuberante climatología ecuatorial (altas temperaturas, altísima humedad y vientos monzónicos) y la temprana protección medioambiental, que data de finales del siglo XIX.

La reserva, que fue escenario de breves pero intensos combates entre los invasores japoneses y las tropas de la Commonwealth durante la breve pero intensa batalla de Singapur (1942), conserva una vegetación tropical muy variada de grandes árboles (15-25 metros de altura) y arbustos de grandes hojas, exclusivos de esta zona, entre los que destacan los Ficus, las Parishias, y las Serayas o Shoreas y las Santirias (ni que decir tiene que me los he apuntado para la crónica), junto con una muestra menos diversificada (por la presión demográfica) de fauna tropical (sobre todo, reptiles de tamaño medio, macacos, aves y, según dicen, alguna serpiente pitón), nada que ver con la abundante población de tigres que, de acuerdo con las crónicas, poblaba la zona cuando llegaron los británicos (y que estos, cazadores impenitentes, eliminaron en menos de un siglo).

El parque, accesible en MRT (transporte rápido), tiene una vía principal, asfaltada pero sin tráfico, apta para todos los públicos, y varios senderos (path), bucles (loop) circuitos de bicicleta de montaña (biking trail) y rutas, más estrechos y entretenidos que la ruta principal, aunque bien pavimentados y señalizados (en particular, el Cave Path, cuyo recorrido de unos 20 minutos en el lado este del parque, discurre por un tramo espeso de bosque, muy húmedo (humedad agobiante cuando llueve), con varias cuevas y abundantes lianas y arbustos de grandes hojas, típicamente selvático, que te proporciona una experiencia ecuatorial breve (y acotada) pero intensa.

Bukit Timah parece un pequeño oasis de vegetación en medio de una jungla de asfalto, pero no es el único. El lugar está planteado como aula de naturaleza y actividad física moderada (se desaconseja el picnic, para disuadir a los macacos), por lo que dispone de dos centros para visitantes, una espectacular poza de agua, antigua cantera de cuarzo rellenada por las lluvias (a razón de 3 metros por año), y un par de granjas.

El Jardín Botánico de Singapur

Favorecido por las extraordinarias condiciones climáticas de la isla (poco aptas para la agricultura, pero idóneas para el bosque ecuatorial), y el notable apoyo público (la ciudad se vendía turísticamente desde los años 80 como “Green Garden), el Jardín Botánico de Singapur ofrece, junto con la reserva de Bukit Timah, una atractiva alternativa a los saturados barrios comerciales.

El lugar, ocupa una franja de terreno de más de 2 kilómetros de largo por 1 de ancho y es uno de los más antiguos de Asia Oriental (fundado en 1859, es decir, con 158 años de antigüedad). La diversidad de la flora, en particular sus extraordinario y maravilloso Jardín de Orquídeas, con una inacabable variedad de especímenes, la mayoría híbridos (post aparte), la creativa disposición de las diferentes áreas, con lagos, estanques y humedales naturales, bosques “de lluvia” o húmedos (“Rain forest”), jardines florales, pabellones, parterres, puentes, fuentes, cascadas, y pavimentos muy bien cuidados lo han convertido, por méritos propios, en uno de los más prestigiosos del Sudeste Asiático, especialmente tras la declaración (más que merecida, visto el resultado) de Patrimonio Natural de la Humanidad por la Unesco.

Singapur exhibe su formidable éxito económico (47.000 euros per cápita, 3ª del mundo) en el “downtown”, situado en la costa sur de la isla, donde los mastodontes de hormigón, vidrio y acero, ocupados en su mayoría por bancos, empresas de seguros, servicios de transporte y compañías de telecomunicaciones, y los centros comerciales y auditorios vanguardistas (como el Durian, bautizado así porque la cubierta parece haber adoptado la forma del famoso pero apestoso fruto) prácticamente engullen (sino ensombrecen) los indudablemente más elegantes edificios del barrio colonial, de arquitectura colonial y “palladiana” (neoclásica)

Orchard Road. 

La calle Orchard, de Singapur, a unos 20 minutos del “Downtown” financiero, es la típica zona pija de compras (nada que ver con las también comerciales, aunque más simpáticas y “mochileras” “Chinatown” y “Little India”) que no puede faltar en cualquier metrópoli moderna de un cierto prestigio.

Un breve recorrido por ella (con la tarjeta bien guardada: este es uno de los países más caros del mundo) bien vale la pena, aunque sólo sea para contemplar sus hipermodernos centros comerciales, hoteles, rascacielos y varias embajadas y comprobar en qué se gasta el PIB per càpita la 3ª economía del mundo.

Marina Bay. 

El perímetro peatonal de 3.5 kilómetros que rodea Marina Bay se llena cada tarde con miles de runners, paseantes, turistas, familias, compradores y profesionales del cercano “downtown”, y aún sobra espacio. El antiguo acceso marítimo de la colonia británica incluye hoy edificios e instalaciones vanguardistas muy llamativas, esculturas de arte contemporáneo y varias gradas de madera o piedra donde descansar sin prisa en el crepúsculo, cuando el calor ecuatorial del día afloja algunos grados. 

El colosal templo consumista de Marina Bay Sands, las gradas permanentes del circuito urbano de Fórmula 1, el original Museo de Ciencia y Artes en forma de gajos de fruta, el antiguo recinto de la Aduana reconvertido (cómo no!) en un hotel de lujo) e incluso un campo flotante de fútbol adornan las magníficas vistas del recorrido.

El mes de febrero de 1942, Japón ocupó Singapur, entonces colonia británica, tras algo menos de 15 días de batalla con el Ejército multinacional de la Commonwealth, formado por 80 mil soldados de varias nacionalidades (británicos, malayos, hindús, australianos y neozelandeses, principalmente). 

Las poderosas defensas marítimas de la isla estaban orientadas hacia el mar, por lo que fueron inútiles ante el ataque de los japoneses por la retaguardia. 

Con una tropa de unos 30 mil soldados, el Ejército japonés, que había desembarcado en la península de Malasia desde Vietnam pocas semanas antes, atravesó el estrecho por el noroeste e infligió al Ejército colonial británico su peor derrota en algo más de un siglo, principalmente por el elevado número de prisioneros (130.000 en total, sumados los 50.000 caputurados en Malasia), el mayor de toda su historia militar.

Para evitar una masacre de civiles, el alto mando británico, cobijado en el búnker situado bajo el fuerte Canning, en la colina del mismo nombre, bajo el mando del general Percival, decidió rendirse sin condiciones al comandante de la tropa japonesa, el general Yamashita. 

El gesto fue inútil. 

Los japoneses, que se presentaban como liberadores del yugo británico, aplicaron en cambio severas medidas de asimilación cultural y represión policial, que incluyeron el encarcelamiento de los prisioneros de guerra y los civiles occidentales en el campo de Changi, cerca del actual aeropuerto, en penosas condiciones (en las dos fotos de la izquierda, imágenes de la capilla del campamento, símbolo del campo y del actual museo conmemorativo); 

Sin embargo, la mayor parte de los prisioneros perecieron, junto con trabajadores civiles forzosos, en la sangrienta construcción del ferrocarril Thai-Burma, uno de los mayores crímenes cometidos por los japoneses contra los prisioneros de guerra durante la Segunda guerra mundial, en el que las palizas y la crueldad de los castigos se alternaron con la falta de alimento, vestuario y cuidados médicos.

Los ocupantes japoneses también cometieron torturas, asesinatos y masacres sobre la población civil de origen chino, algunos de cuyos líderes habían apoyado el esfuerzo militar de la República de China tras la invasión japonesa de 1937. 

Estos hechos, protagonizados principalmente por la policía militar japonesa, conocida como "Kempeitai", fueron juzgadas como crímenes de guerra tras el final de la ocupación (septiembre de 1945) y están amplia y profundamente documentados en el estupendo ensayo de Mark Felton "Japan's Gestapo. Murder, Mayhem and Torture in wartime Asia", Pen and Sword, 2009; en el Museo Conmemorativo de Changi y en una exposición permanente del Museo Nacional,

El Museo Nacional, precisamente, antes palacio del gobernador, se encuentra muy cerca de Fort Canning. 

Esta pequeña pero preciosa colina arbolada, situada dentro del núcleo urbano de la época (en la actualidad, centro histórico y comercial de la ciudad) había sido residencia del primer gobernador de la isla y fundador de la colonia, Thomas Stamford Raffles, en el siglo XIX, y, antes de eso, residencia y cementerio familiar del sultán malayo de la zona. 

Hoy es un precioso parque (foto de la izquierda) en el que pueden encontrarse, rodeados de una frondosa vegetación, la vivienda reconstruida de Raffles, las excavaciones arqueológicas del asentamiento malayo y el búnquer de Percival, cuya reconstruccion, amenizada por maquetas, maniquíes, objetos históricos, restos de las instalaciones de ingeniería y proyecciones de vídeo, puede recorrerse, previo pago de entrada, con el acompañamiento de un guía.

“Peranakan” es una palabra de origen malayo cuyo significado literal es “hijo de” o “nacido de”, y que se utiliza para designar a las personas de origen étnico mixto o, mas generalmente, a los miembros de la comunidad de origen extranjero. La principal comunidad de origen extranjero (peranakan) en Malasia y Singapur la integran las personas procedentes de la China continental, casadas entre si o con miembros de otras comunidades (malayos, thai e hindúes, principalmente), y en su gran mayoría originarios de las provincias costeras chinas de Guangdong y Fujian (chinos “han” de las minorías hokkien y hakka).

La presencia de inmigrantes de origen chino en esta zona está documentada desde el siglo XV (aparece anotada en los diarios de la expedición del almirante Zheng He) y ha sido constante desde entonces, aunque experimentó un espectacular incremento tras la apertura de fronteras forzada por los británicos en el siglo XIX tras las guerras del opio. La cultura de los peranakan chinos o “baba nyonya” es una mezcla fascinante de elementos autóctonos, chinos y británicos, fundamentada en una estructura de grandes clanes familiares (algunos, de hasta 1000 miembros), con características únicas en el estilo de vida, el vestir, los ritos y las costumbres, y la comida.

La arquitectura ecléctica con mezcla de estilos (chino, malayo y colonial británico y portugués); las bodas de 12 días adornadas por intensos, variados y emotivos ceremoniales (desde las ofrendas a los ancestros a las ceremonias del té y los encuentros amistosos para mascar “sareh”, una hoja de la planta betel con propiedades medicinales); los coloridos vestidos de algodón y seda “sarong kebaya” de las mujeres, inspirados en la moda indonesia; las fusiones de simbología y doctrinas religiosas diversas (budismo Mahayana, taoísmo, confucianismo, cristianismo, culto a los ancestros) en un cuerpo doctrinal único son algunos ejemplos de esta singularidad.

Las grandes familias “baba nyonya”, asentadas principalmente en los puertos comerciales del estrecho (Malaca, Penang, Singapur) y de la isla de Java en Indonesia, acreditaron una gran habilidad para el comercio, las finanzas y el derecho, y en paralelo, mostraron una gran capacidad de asimilación de los avances sociales, sobre todo en salud y educación, en las políticas de igualdad de género y de justicia laboral. Esta habilidad comunitaria les permitió, primero, colaborar con las autoridades coloniales británicas en el desarrollo de sus comunidades, después apoyar y financiar los cambios sociopolíticos en la metrópoli china (fueron uno de los principales apoyos de Sun Yat Sen y del Kuomintang), y, finalmente, tras los procesos de independencia en los años 60, asumir el liderazgo político, social y económico de los nuevos estados, especialmente en Singapur.

La isla, por sus especiales características geográficas (insularidad), demográficas (gran mayoría de población china) y culturales (preeminencia de la cultura judicial y administrativa basada en el modelo británico) decidió separarse de Malasia en 1965, guiada por el “peranakan” más popular y conocido del país, el abogado laboralista y primer ministro Lee Kwan Yew.

 
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