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LAS "HIMEYURI", ESTUDIANTES DE MAGISTERIO E INSTITUTO, HEROINAS TRÁGICAS DE LA BATALLA DE OKINAWA. En medio del inabarcable horror de la batalla de Okinawa (abril-junio de 1945) y de sus incontables víctimas anónimas, los nombres de 222 estudiantes de magisterio y secundaria, de entre 15 y 19 años de edad, sobresalen de una forma sobrecogedora.

Reclutadas forzosamente poco antes de la invasión, junto con 18 de sus profesores, las estudiantes, que ya soportaban el adoctrinamiento belicista impuesto por el gobierno militarista japonés, fueron asignadas como auxiliares de enfermería al Hospital Militar de Haebaru, ubicado en un complejo de cuevas situadas al este de Naha, la capital de Okinawa.

Aún sin formación previa, las estudiantes aceptaron la situación sin rebelarse y guiadas por el poderoso sentido del deber característico de la cultura japonesa, y se entregaron a ella con todas sus fuerzas, tal y como atestiguaron los supervivientes a los que atendieron.

Así, en jornadas interminables, casi sin descansar, apenas sin alimento, atendieron a un número incontable de soldados con heridas terribles, apiñados en estrechas cavidades subterráneas y se arriesgaron bajo los continuos bombardeos para traer agua, comida y medicinas. Algunas de ellas murieron en esa primera fase de la batalla, víctimas de las bombas.

En los últimos días, las mayor parte de las estudiantes (unas 80) fueron trasladadas a otro hospital-cueva en el sur, Ihara, a pocos kilómetros del último baluarte del ejército japonés, en la colina Mabuni (donde hoy está el Memorial de La Paz). 

Ya desmovilizadas, y sin ningún lugar donde ir, las estudiantes aguardaron allí ocultas el final de la batalla, pero una serie de bombas lanzadas por cañones norteamericanos entraron en la boca de la cueva y mataron a todas las supervivientes.

El resto, dispersas por el sur de la isla, fueron forzadas a suicidarse, o decidieron hacerlo por propia voluntad. De los 240 estudiantes y profesores movilizados, al final solo sobrevivieron 17. 

Mitificadas por su sacrificio por la sociedad japonesa en distintos libros y filmes, su memoria, incluyendo su ignominioso reclutamiento forzoso, no pudo ser completamente restituida hasta hace poco (2007) mediante el documental "Himeyuri" (nombre con el que son recordadas y que literalmente significa "princesas de lirio") del director Shohei Shibata.

El lugar donde murieron la mayor parte de las estudiantes es hoy un didáctico y muy emotivo Memorial y Museo, cuyo centro es la cueva donde fallecieron, y en la que ya pocos días después del final de la batalla, recibieron una primer homenaje de los refugiados de un campo cercano, que colocaron allí el primer monolito de homenaje.


NAGASAKI, ZONA CERO (II) (Museo y Memorial de la Bomba Atómica). El 9 de agosto de 1945, a las 11.02 de la mañana, una bomba atómica lanzada desde el bombardero B-29 de la fuerza aérea de los Estados Unidos "Bockscar", estalló 500 metros por encima del suelo de Matsuyama-machi, en el distrito de Urakami, Nagasaki, isla de Kyushu, Japón. El calor abrasador y los incendios resultantes causaron, solo aquel día, más de 73.000 muertos y un número equivalente de heridos, y destruyeron la mitad de las viviendas de la ciudad.

Nagasaki era el objetivo secundario de aquella misión, pero las nubes cubrían completamente el objetivo primario, Kokura, en el extremo este de la isla de Kyushu, por lo que el comandante de la misión se dirigió hacia Nagasaki para bombardear su cercana fábrica de armamento "Mitsubishi"
La explosión tuvo lugar tres días después del primer ataque atómico, en Hiroshima, en la vecina isla de Honshu, y conllevó la rendición incondicional de Japón el 15 de agosto, hechos cuyo 70 aniversario se ha cumplido este año

La cifra oficial de víctimas está actualmente situada en 168.767 personas según el recuento que elabora anualmente el Memorial de la Bomba Atómica, cada 9 de agosto. Esta cifra, en la que también aparecen prisioneros chinos y occidentales, y trabajadores forzados coreanos, incluye a los supervivientes heridos fallecidos hasta el día de hoy.
La ciudad de Nagasaki, sin fanatismo ni resentimiento, recuerda con un sereno, emotivo y bien documentado sentido humanitario el horror de aquella jornada infame. El área conmemorativa se reparte entre el Parque de La Paz, la iglesia católica de Urakami, y el excelente Museo y Memorial por las Víctimas de la Bomba Atómica e incluye impactantes reliquias, como los cimientos de la antigua prisión; la cúpula de la torre norte de la iglesia, en el mismo lugar donde cayó, o un corte transversal de las excavaciones en la zona cero, con objetos apilados de uso cotidiano, tal y como quedaron tras el estallido.

El Museo, cuya visita deviene una intensa experiencia que te deja emocionalmente exhausto, incluye objetos, imágenes, mapas, fotografías, documentos y testimonios de dolor y desgarro, pero también de heroísmo (como los del doctor Takashi Nagai) y esperanza. La exposición no sólo condena cualquier uso de armas nucleares, que es lo fundamental, sino que también rechaza sin matices el militarismo japonés y admite en breves audiovisuales las atrocidades cometidas por su ejército en Nanjing y Ha'erbin, lo que supone un pequeño alivio tras el desasosiego causado hace pocos días por el infamante y negacionista Museo Yashukan, en Yasukuni, Tokyo


CON INOSUKE HAYASAKI, SUPERVIVIENTE DE LA BOMBA ATÓMICA DE NAGASAKI. Inosuke Hayasaki tenía 14 años de edad y trabajaba en la fábrica de armamento "Mitsubishi" cuando estalló la bomba atómica 500 metros por encima del distrito de Urakami, en Nagasaki, a unos 1100 metros de donde se encontraba trabajando.

De acuerdo con el relato que incansablemente expone bajo la campana de Nagasaki, en el Parque de La Paz, no muy lejos de donde trabajaba y del hipocentro de la explosión, Hayasaki había abandonado su puesto en la fábrica, requerido por su jefe, y se encontraba en las oficinas, cerca de un pilar de hormigón que le salvó milagrosamente la vida, junto con otro compañero.

Hayasaki, uno de los pocos supervivientes de aquella explosión aún con vida (tiene 84 años) es miembro de la "Nagasaki Foundation for The Promotion of Peace"



EN EL PUERTO BALLENERO DE TAIJI (O CASI). Estando tan cerca (en Kii-Katsuura, a 2 estaciones de tren local, apenas 10 minutos), no podía evitar la tentación de visitar el cercano puerto ballenero de Taiji (prefectura de Wakayama, sudeste de la isla de Honshu, Japón) y conocer de primera mano el punto de vista japonés sobre la caza de ballenas y delfines, bien expuesto en el Museo local, situado muy cerca de la villa principal. No obstante, una pareja de agentes muy jóvenes de la policía japonesa me interceptó pocos metros antes de atravesar el túnel que, desde el museo y delfinario, situados en la entrada de una preciosa ensenada, lleva hasta el centro del municipio. Eran las 2 de la tarde del domingo, 1 de noviembre de 2015, me encontraba justo delante de la preciosa playa/cala de Kujirahama, e iba avisado de la tensa situación por varias referencias de internet, por lo que la interceptación fue una sorpresa relativa.

Los agentes, muy educadamente y en un inglés impecable, me pidieron la documentación y me interrogaron durante unos 10 minutos sobre los motivos de mi visita; más concretamente, me pidieron mi opinión sobre la caza de ballenas y delfines, y me preguntaron si era activista en defensa de los derechos de los animales (que no lo soy). Les respondí que la referida caza estaba autorizada y regulada por las leyes japonesas, según las tradiciones locales, y que, como huésped de su país, mi principal obligación era respetar sus leyes, y que no tenía intención de interferir en ninguna actividad legal.Finalmente, el agente me informó que en ese momento tenía lugar una actividad en la localidad y que habían detectado la presencia de "nacionalistas japoneses" (utilizó la expresión "Japanese nationalist"), por lo que la presencia de una persona de aspecto occidental haciendo fotos no era aconsejable. He de añadir que, en ese momento, con mochila, tejanos y sin afeitar, tenía todo el aspecto de ser un activista occidental (de lo que fuera).

El agente me dijo claramente que era libre de ir o no, pero, ante mi insistencia, me contestó que "no era una buena idea", por lo que, dado que mi viaje es turístico, decidí desistir, aunque me hubiera gustado fotografiar el puerto y los barcos. El policía se despidió dándome las gracias en castellano. La situación, muy resumidamente, tiene su explicación. El modo de vida de Taiji desde hace unos 300 años, tal y como ilustra el citado museo, es la caza de ballenas y, desde que se restringió el tamaño y las artes de las capturas, también de delfines. Los delfines son literalmente acorralados y cazados por centenares en la cala de la localidad que aparece en mis fotografías. Esta actividad fue filmada en el controvertido documental "The Cove" (la cala), premiado con un Óscar en 2009. Desde entonces, los incidentes entre activistas animalistas, principalmente occidentales, y pescadores locales han aumentado, por lo que el gobierno mantiene un destacamento policial permanente justo en el lugar donde fui interceptado..

Taiji, situada en un saliente de la escarpada costa rocosa de origen volcánico, con numerosos islotes, dentro del Parque Nacional de Yoshino-Kumano, es un lugar apacible, tranquilo y de gran belleza natural. La paradoja de Taiji es que el delfínario del Museo local incluye actuaciones de delfines en vivo, y ofrece la posibilidad de entrar en contacto con los mismos, por lo que los visitantes, y, especialmente, los niños, pueden apreciar la inteligencia, la simpatía, la habilidad y la potencia natatoria de estos cetáceos. Estas experiencias suceden muy cerca de las calas donde tiene lugar, entre septiembre y febrero, la caza masiva de centenares de individuos adultos de esta especie.
 
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