Viajes 1 - Anlari Blog

Vaya al Contenido

Menu Principal:

Japón

Viajes por Japón
 














KOBE, MODERNIDAD Y LEGADO HISTÓRICO 20 AÑOS DESPUÉS DE LA TRAGEDIA. La ciudad japonesa de Kobe, en el oeste de la isla de Honshu, muy cerca de Osaka, fue en el pasado el refugio preferido del "shogun" Hideyoshi, uno de los tres grandes unificadores de Japón, junto con Nobunaga y Tokugawa. Situada en una preciosa y boscosa franja entre mar y montaña, Kobe se convirtió siglos después en concesión comercial internacional, tras la apertura forzada por los Estados Unidos, y vio la llegada de comerciantes, diplomáticos, militares y otros profesionales, que dejaron un interesante legado de edificios y mansiones, especialmente en el barrio de Kitano.

Sin embargo, la tragedia la golpeó dos veces durante el siglo XX, en forma de bombardeo masivo en los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial, y, sobre todo, con el terrible terremoto de Kanshin, en enero de 1995, que causó 40.000 muertos, destruyó 200.000 hogares e inutilizó la infraestructura portuaria, fundamental por entonces en la economía japonesa. No obstante, como en otras muchas tragedias, la comunidad japonesa se recuperó y la ciudad, de 1,5 millones de habitantes, luce hoy limpia, moderna, bien organizada, dinámica y, como no, un punto estresante.

Las fotografías recogen algunos momentos de una visita reciente, con detalles del barrio colonial residencial de Kitano cho, del centro comercial de la ciudad, la antigua legación extranjera y el muelle histórico, conocido como Meriken, donde se conservan en un sencillo pero emotivo memorial, los restos del antiguo muelle, destruido por el terremoto de 1995.

KIIKATSUURA, EN LA RUTA SINTOÍSTA DE PEREGRINACIÓN "KUMANO KODO". A simple vista, el puerto pesquero de Kiikatsuura, en la prefectura de Wakayama (sureste de la isla de Honshu, Japón), parece el lugar donde los "salary men" que atestan los trenes de cercanías de la cercana Osaka (4 horas en tren) sueñan con jubilarse: casitas pequeñas con mini jardines, ritmo pausado, poco tráfico, costa agreste con algunas playas, parques naturales con abundantes senderos,cascadas y gargantas, ninguna industria contaminante. 

La tranquilidad apenas se altera unas horas, de madrugada, en el puerto, con la subasta del atún recién pescado (me temo que había que madrugar), y con la llegada de senderistas, en la cercana estación, cuyo objetivo es recorrer el sendero "Kumano Kodo", a pocos kilómetros. 

Este sendero sagrado sintoísta, con siglos de antigüedad, tiene su tramo más atractivo en el "Daimonzaka", una escalera empedrada en la que las espectaculares coníferas que lo flanquean dan fe de su lejano origen. 

La ascensión culmina con la cascada Nachi, la más alta de Japón (133 metros) y en el no menos impresionante templo Seigantoji, reconstruido por el "shogun" Hideyoshi en el siglo XVII, cuya envejecida estructura de madera emana una mágica antigüedad, algo infrecuente en Japón, donde todo se reconstruye. 

El cercano templo Kumano Nachi Taisha, sede de la congregación sintoísta del mismo nombre, con 4000 templos en todo el país, y verdadero destino de los creyentes peregrinos (muchos el día de mi visita), completa la mística del lugar, en la lista de la Unesco desde 2004.
LA RUTA DE PEREGRINACIÓN SINTOÍSTA DE KUMANO KODO. Kumano Kodo es una red de senderos de peregrinación sintoísta con un milenio de antigüedad, ubicada en una extensa zona de montaña prácticamente deshabitada en el sureste de la isla de Honshu, Japón. Esta ruta está hermanada desde 2012 con el Camino de Santiago, ya que ambas son las únicas incluidas en la lista de patrimonio de la humanidad de la Unesco.

Las cuatro rutas principales (Kohechi, Nakahechi, Iseji y Omine Okugake-michi) atraviesan bosques formidables de grandes árboles con tramos de atmósfera primigenia casi mágica, por caminos empedrados señalados por hitos muy antiguos. Las rutas unen templos y santuarios sintoístas, en los que los japoneses ponen a prueba su devoción por el "Shinto", para descansar posteriormente en un "ryokan" (dormitorio de estilo japonés con un futón para dormir), tras bañarse en un "onsen" (fuente termal, muy abundante en todo Japón). 

El tramo más popular de la ruta es Nakahechi, donde se encuentran los santuarios Hongu Taisha y Nachisan Seigantoji, cerca de la catarata del mismo nombre, no muy lejos de KiiKatsuura. El Kumano Kodo está conectado con otras dos cercanos y extraordinarios lugares de peregrinación, el monte Koya o Koyasan y el santuario de Iseshima, lo que convierte esta parte de Japón en uno de sus lugares más sagrados. 

La ruta se encuentra muy cerca de la garganta de Dorokyo, la más bonita de la zona. Muy resumidamente, el "Shinto" o sintoísmo es considerado el fundamento espiritual del Japón, por su especial énfasis en la purificación, la austeridad y el vínculo con la naturaleza. Según la tradición, los "kami" (dioses) mayores son los ancestros directos de la línea ininterrumpida de emperadores japoneses desde hace más de mil años.

EN LOS ACANTILADOS DE KUSHIMOTO. El Parque Nacional de Yushino-Kumano, en el sureste de la isla de Honshu, se encuentra algo alejado de las rutas turísticas más conocidas de Japón, pero es muy popular entre el turismo interior por su red de senderos de peregrinación sintoístas "Kumano Kodo", en el interior montañoso, del que hablé hace unos días, y por los escarpados y agrestes acantilados costeros situados entre Kii-Katsuura y Kushimoto. 

Ambas zonas, de origen geológico volcánico, son muy montañosas y boscosas y están poco urbanizadas, apenas unos cuantos pueblos pesqueros, por lo que constituyen un atractivo destino de turismo alternativo. En uno de ellos, Kushimoto, la isla de Oshima y la curiosa hilera de rocas en forma de piedra de Hashigui-Iwa, son su mayor atractivo.

La isla de Oshima, unida por tierra con la villa de Kushimoto, está ocupada por bosques de coníferas y rodeada de acantilados con un extraordinario rosario de islotes con atractivas formas que estimulan la imaginación, en particular, el parque de rocas de Umikongo. 

La isla, habitada entorno de dos pequeñas villas (Oshima y Kushino) ha modelado dos áreas escénicas entorno de dos lugares que forman parte de la pequeña historia o la historia menos conocida de Japón: Kashino, donde tuvo lugar el primer contacto comercial (documentado) entre Estados Unidos y Japón, en 1791, protagonizado por el navío "Lady Washington", de Aberdeen (Massachusets), 60 años antes del famoso incidente provocado en el puerto de Uraga por la flotilla del comodoro Perry, que forzó la apertura comercial de Japón; y el Faro, el primero de estilo occidental construido en Japón (1870), donde naufragó el navío de guerra turco "Ertugrul" en 1890 durante un tifón tras una misión diplomática ante el emperador Meiji. La generosa ayuda y rescate de los náufragos por la población de la cercana Kashino comentó un sólido hermanamiento entre ambos países, que ha recreado una película turco japonesa reciente.

El parque rocoso Hashigui-Iwa, en la entrada del pueblo, se formó a partir de una hilera de magma enfriado y solidificado que emergió del mar y fue lentamente erosionado por el viento y el mar. Pero los habitantes del lugar prefieren la versión mítica, según la cual, un maestro del budismo, Kobodaishi, apostó con uno de los demonios del panteón budista que sería capaz de unir mediante una hilera de rocas la costa de Kushimoto y la cercana isla de Oshima. 

Sin embargo, el monje solo pudo cubrir unos 2/3 de la distancia en el tiempo requerido (los que actualmente cubren parte de la entrada del estuario), por lo que perdió la apuesta.

KAMI ARITA. Kami Arita, antigua capital japonesa de la cerámica y la porcelana, es hoy un pueblo tranquilo entre las colinas del oeste de la isla de Kyushu. Algo alejada de los principales destinos turísticos, la villa aparenta ser uno de esos sosegados retiros deseados por los "salarymen" urbanos de Japón.
 
Sin deslumbrar, Kami Arita exhibe una pequeña colección de lugares interesantes que se puede recorrer sin prisas durante medio día. Un "torii" o puerta ceremonial típica de los templos sintoístas, recubierta de porcelana, pieza única en Japón; un "gingko" de un millar de años; muros construidos con restos de cerámica y porcelana; templos con el encanto de lo antiguo y excelentes vistas y una cantera de "caolin" (el extracto blanco de mineral de cuarzo que confiere a la porcelana su brillante aspecto), hoy monumento de arqueología preindustrial.

El descubrimiento del "caolin" en el siglo XVII convirtió Kami Arita en el principal centro de producción de porcelana de Japón, con apoyo del "shogunato", y el trabajo de artesanos coreanos que conocían las célebres técnicas de producción chinas (nuevo ejemplo de las mutuas influencias culturales y tecnológicas que se dan entre estas tres culturas).

Esta porcelana, conocida en Europa, especialmente en Holanda, como "cerámica de Imari" (el puerto cercano desde el que se exportaba), devino una de las artesanías más famosas de Japón.

Sin embargo, el descubrimiento de "caolín" de mejor calidad en otros lugares de Kyushu, sumió Arita en una progresiva decadencia de la que va saliendo hoy como lugar de interés turístico, aunque conservando en activo sus históricos hornos de cerámica.
  

NAGASAKI, CIUDAD ABIERTA Y COSMOPOLITA. Nagasaki es una agradable, moderna y cosmopolita ciudad japonesa de medio millón de habitantes situada la isla occidental de Kyushu, en el fondo de una preciosa bahía rodeada de montes boscosos. La tragedia de la bomba atómica en 1945, de la que hablé en detalle hace unos días, no ha afectado su carácter de ciudad abierta, derivado de su condición de único puerto comercial autorizado para comerciar con el exterior durante el periodo de aislamiento decretado por el "shogunato" Tokugawa (siglos XVII-XIX).

Este fluido contacto comercial y cultural con otros países, iniciado por los portugueses y españoles (aquí llego el jesuita san Francisco Javier en el s. XVI), que trajeron el cristianismo, fue mantenido en exclusiva por los holandeses y los chinos durante el período de aislamiento, en la isla artificial de Dejima. Nagasaki era además un lugar de encuentro educativo y científico, en el que los ingenieros y médicos japoneses podían conocer los últimos avances de la ciencia europea.

La apertura forzada por Estados Unidos en 1853 supuso el establecimiento de un asentamiento internacional, igual que en Kobe, y la llegada de comerciantes e industriales británicos, que colaboraron en el desarrollo industrial de la revolución Meiji (siderurgia, minería, astilleros y hasta cerveza), cuyo mejor emblema fue el empresario escocés Thomas Glover, casado con una japonesa y condecorado como reconocimiento en el final de sus días por el emperador Meiji.

La intensa interrelación cultural y comercial entre Japón y Occidente en aquella época quedó simbolizada en una famosísima ópera de Puccini, "Madame Butterfly", cuyo libreto transcurre precisamente en Nagasaki. Esta ópera y la fantasía de los dibujos "Ukiyo-e", antecedente histórico del "manga" iniciaron la moda del "japonesismo".

Todo este patrimonio está siendo cuidado con esmero por la ciudad, que ha reconstruido o restaurado los bienes dañados por la bomba atómica, en el que destacan los asentamientos chino e internacional, con menciones especial de los trabajos de recuperación de la isla artificial de Dejima; los templos budistas y sintoístas; el Glover Garden, donde se han concentrado las bellas y elegantes mansiones construidas por los empresarios occidentales; o la catedral de Oura (la mejor muestra del especial vínculo de Nagasaki con el cristianismo, perseguido durante los dos siglos del "shogunato" Tokugawa)
 
Regreso al contenido | Regreso al menu principal