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Japón


KUMAMOTO, PRINCIPIO Y FINAL DEL FEUDALISMO JAPONÉS. El formidable castillo de Kumamoto, en el centro de la isla de Kyushu (Japón), representa el principio y el final del feudalismo japonés, y su aislamiento exterior, en su versión más acabada, el "shogunato" Tokugawa.El enorme recinto del castillo, espléndidamente restaurado, junto con sus torres, murallas, pasadizos y baluartes (lo que permite entender su fama de inexpugnable) fue uno de los mayores símbolos del feudalismo de los "daimyos" y sus ejércitos de "samurais".

A diferencia de otros castillos japoneses, Kumamoto vio duros combates y, en concreto, fue escenario de la batalla decisiva entre el nuevo ejército de reclutas de los revolucionarios liberales "Meiji" y los "samurais" tradicionalistas, víctimas del nuevo poder. Sin embargo, fue la solidez del castillo feudal la razón por la cual los rebeldes "samurai" Satsuma no pudieron rendirlo tras largo asedio, en lo que supuso el último intento de detener la modernización impuesta por el emperador Meiji en el siglo XIX. El romanticismo de la rebelión Satsuma sirvió de lejana y poco rigurosa pero entretenida inspiración para el film de Hollywood "El último samurai".
La ciudad exhibe también elegantes muestras de las famosas arquitectura y jardinería tradicionales de Japón, como la mansión Gyobutei y el jardín Suizenji Jojuen, ambas diseñadas y construidas para los señores feudales de la ciudad, el clan Hosokawa-Gyobu


SAKURAJIMA, EL VOLCÁN QUE NO AVISA. Completando el recorrido por los volcanes más conocidos de la isla de Kyushu (Japón), el volcán Sakurajima, en la sureña prefectura de Kagoshima, ofrece excelentes vistas de su vistoso cráter y entretenidos recorridos por senderos de lava volcánica. Hace 101 años, el volcán exploto sin avisar y arrasó el norte y el sur del entorno con lava incandescente, convirtiendo en península lo que antes era una isla.
 
El actual "Geopark" ofrece senderos sobre el magma solidificado de hace 100 años, miradores del cráter y espacios educativos, e incluye curiosos e interesantes entretenimientos, como un "onsen" o fuente termal volcánica delante de la bahía, o los restos de un "torii" o puerta ceremonial de 3 metros enterado en la roca y la ceniza resultantes de la erupción de 1914, que la comunidad decidió conservar como recordatorio permanente de la fuerza destructiva del volcán, que sigue activo (es visible el humo de las emanaciones sulfurosas de la zona norte del cráter, de 1000 metros de altitud) y se encontraba durante mi visita (noviembre 2015) en alerta 3 (de 5).



EN EL MONTE ASO, UNA DE LAS MAYORES CALDERAS VOLCÁNICAS DEL MUNDO. Con una circunferencia de mas de 100 kilómetros y dos "anillos" de montañas casi concéntricos, el monte Aso (Asosan), en la isla Kyushu (Japón) es una de las calderas volcánicas mas grandes del mundo, y de las mas activas. 

El mes de septiembre de 2015, dos meses antes de mi visita, su cráter mas vistoso y peligroso, el Nakadake, experimentó una violenta erupción que fue noticia por la enorme nube generada.

Por esta razón, el citado cráter se mantiene en un nivel de alerta 3 y sus populares rutas de acceso han sido declaradas zona prohibida, con un perímetro de seguridad de 3 km de diámetro.

No obstante, sus cráteres inactivos, como el Kusasenri, muy cerca del Nakadake, y algunos senderos en el perímetro de la montaña pueden visitarse, por lo que no desaproveche la ocasión de acercarme hasta el "monstruo" (de momento, "durmiente")



LAS CASCADAS NAJI, EN EL DESPOBLADO NOROESTE DE OKINAWA. En contraste con el superpoblado sur, densamente urbanizado (más de un millón de habitantes, con centro en la capital, Naha), la despoblada costa noroeste de la isla de Okinawa ofrece un relajante contraste de acantilados, pequeños montes y espesos bosques tropicales (en el guiño de los cuales tuvieron lugar los últimos actos de resistencia de los japoneses en 1945).

Las cascadas Naji, con sus senderos y cursos de agua transparente entre densísimos, casi selváticos, bosques de banianos, constituyen su mejor ejemplo.



EL SANTUARIO ANIMISTA DE SEFA UTAKI, EN LA COSTA ESTE DE OKINAWA. No queda mucho rastro de la milenaria cultura ancestral del antiguo Reino de las Islas Ryukyu (hoy, Okinawa), sometida en los últimos 135 años a un intenso proceso de asimilación cultural por parte de Japón, que se anexiono las islas en 1879, y Estados Unidos, ocupante entre 1945 y 1972. Por esta razón, la supervivencia del santuario animista de Sefa Utaki, en la costa sudoriental de la isla de Okinawa, parece un pequeño milagro. Durante siglos, el reino de las islas Ryukyu, vasallo del dominio feudal de Satsuma (la actual Kagoshima, en Kyushu, Japon) entre los siglos XVII y XIX, prosperó como intermediario del comercio entre China y Japón.

Su cultura recibió influencias de ambos imperios, pero mantuvo un fundamento religioso y político propio, simbolizado una religión animista muy austera en las formas, pero muy intensa en el fondo. Su principio básico era (es: todavía tiene devotos) la armonía entre comunidad, dioses y naturaleza, administrada por una sacerdotisa (Kikoeokimi) capaz de mediar e interpretar la voluntad divina, manifiesta en los ciclos naturales.

Sefa Utaki, a unos 15 kilómetros de la capital política (Shuri, actualmente Naha) era el centro principal de peregrinación, pero, acorde con su sentido austero de la religión, prescindió de pabellones y estatuas lujosas, y simplemente aprovechó las cuevas y varias curiosas estalactitas de un espeso bosque subtropical para diseñar un sendero de peregrinación que aun hoy impacta a los visitantes por su intensa sencillez (razón por la cual la Unesco lo incluyo en su listado de patrimonio protegido). Las bellas vistas del cabo Chinen, junto con la playa cercana y su curioso mar de rocas, y las ruinas del cercano castillo, donde residía la sacerdotisa de Sefa Utaki, completan la amena excursión por esta parte poco poblada de la isla de Okinawa.

 
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